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El 19 de septiembre de 1985 marcaría un negro precedente para todos los mexicanos.

Las heridas resurgen 25 años después. La tragedia mexicana de 1985

Las heridas resurgen 25 años después. La tragedia mexicana de 1985

La mañana del 19 de septiembre de 1985 se traduciría para millones de mexicanos en sinónimo de la muerte, la desolación y la tragedia.

El 19 de septiembre de 1985 marcaría un negro precedente para todos los...
El 19 de septiembre de 1985 marcaría un negro precedente para todos los mexicanos.

Sigue sin sanar

CIUDAD DE MÉXICO - Ramiro Gutiérrez se levantó para iniciar su rutina sin saber que esa mañana marcaría no sólo su vida sino la de miles de mexicanos que se convirtieron en presas del terror: a las 7:19 a.m., un terremoto de 8.1 grados en escala Ritcher, sacudió a México dejando un saldo de 6,500 muertos y 20 mil damnificados, según las cifras oficiales (aunque algunos cálculos apuntan a 30 mil muertes).  Ese 19 de septiembre de 1985 dejó una herida que, al cumplirse los 25 años, no sana del todo.

Para muchos ha sido imposible olvidarlo.

"Las paredes de la casa tronaban muy feo y fuerte, parecía que las quisieran quebrar con una máquina muy poderosa. Caía mucho polvo y luego se formó una inmensa nube que no me dejaba ver el camino. Intenté salir lo más rápido posible pero las puertas estaban trabadas", recuerda Gutiérrez, un economista de 45 años.

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En menos de dos días en septiembre de 1985 ocurrieron dos sismos que cambiaron la historia del país por ser considerados los de mayor intensidad que han sacudido tierras mexicanas.

El primer y mayor terremoto tuvo efectos graves en una superficie cercana a los 800 mil kilómetros cuadrados, especialmente en el Distrito Federal (DF) pero también en localidades de los estados de México, Jalisco, Guerrero, Colima y Michoacán.

Gutiérrez, con la voz entrecortada, comenta a Univision.com que el miedo que lo invadió fue aterrador: "creí que iba a morir en ese instante, estaba totalmente oscuro porque se había cortado la luz y yo seguía escuchando los estruendos de la casa que estaba a punto de caerse".

Al desplomarse o dañarse los edificios se paralizó el servicio eléctrico y de comunicaciones. Las tuberías que llevaban agua potable a la Ciudad de México fueron cortadas en numerosos tramos.

Los dos minutos más largos

Para este economista esos fueron los dos minutos más largos y espantosos de su vida. "No tenía esperanzas de nada, era presa del temblor más impactante que he vivido", expresa.

 "Como no veía nada…sólo recuerdo que escuché el sonido más fuerte de todos, algo se desplomaba y sólo sentí un golpe fuerte en el hombro derecho, algo me había caído encima, el impacto me hizo perder el conocimiento", explica.

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Cuando este hombre despertó, no sabía cuánto tiempo había pasado desde que estaba bajo los escombros; no sentía el cuerpo porque lo tenía dormido, intentó quitarse lo que tenía encima pero no tenía más fuerzas. Las horas de espera fueron interminables, escuchaba gritos en la calle, gente corriendo y ruidos de alguien excavando.

Gutiérrez cuenta que por más que gritaba nadie podía escucharlo: "Tal vez era porque estaba tan enterrado en los escombros que no me oían". Comenzaba a desesperarse hasta que una luz cegó su vista: "El peso que sentía sobre mi cuerpo desapareció, sentí que alguien me jaló y muchas voces murmuraban a mi alrededor", recuerda.

Este economista permaneció cuatro días bajo las ruinas del que fuera su domicilio aquel 19 de septiembre de 1985. "Agradezco a Dios y a mis rescatistas por haberme salvado la vida ese día tan catastrófico", dice.

Un México destruido...

Gloria Méndez no corrió con la misma suerte de Gutiérrez. Ella viajaba en autobús cuando comenzó el movimiento telúrico. "El camión se paró de un jalón y todos los pasajeros comenzaron a gritar, rompieron ventanas y puertas y nos amontonábamos para salir. Un hombre me cargó y me ayudó a bajar. Lo único que hice fue correr y correr esquivando los objetos que se desvanecían en las calles", comenta.

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Méndez se alejaba de su autobús sin rumbo fijo, "lo único que quería era salvar mi vida". Pero aunque esta bióloga, ahora de 45 años, pudo sobrevivir a la tragedia, su familia no lo logró.

"Perdí a mis padres y a mi hermano menor. Mis vecinos me contaron que mientras salían corriendo de la casa, una pared les cayó encima. El impacto fue mortal. Yo me quede sin nada y estuve por semanas en un refugio", cuenta con nostalgia.

Numerosos edificios que habían quedado afectados con el primer temblor se desplomaron al producirse el segundo 36 horas más tarde, con una intensidad de 6.5 grados en escala Ritcher.

Hay quien lo perdió todo

El total de la población que percibió los movimientos telúricos sobrepasó a los 20 millones de personas, según datos proporcionados por el Gobierno del Distrito Federal.

Méndez aún no puede superar este percance. "Cada 19 de septiembre me entra una nostalgia que no puedo evitar. Me da rabia, coraje porque por ese maldito terremoto perdí a lo único que tenía en la vida. Si ahora estoy de pie es porque ellos no me quisieran ver derrotada, pero es lo único que tiene sentido en mi vida", explica.

Unas 36 mil viviendas resultaron destruidas y más de 65 mil experimentaron daños de consideración. La mayoría de los edificios que se derrumbaron fueron de tipo multifamiliar correspondientes básicamente a la población de ingresos medios y bajos.

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Tan solo en el centro habitacional de Tlatelolco, que tenía un total de 100 edificios con un promedio de 100 departamentos en cada uno, se demolieron 23 unidades multifamiliares.

Los milagros...

Enrique Martínez vivió la tragedia de los sismos de 1985 desde un ascensor. "Las luces se apagaron y quedamos atorados. El edificio tenía 20 pisos e íbamos como 10 personas en el elevador", recuerda a Univision.com.

Martínez comenta que sus compañeros comenzaron a desesperarse por la falta de oxígeno y que los gritos que se oían de afuera los aterraba cada vez más. "El ascensor cayó y todos quedamos con fracturas fuertes", explica.

El ingeniero en sistemas comenta que fue trasladado al hospital con 30 fracturas. "Llegué inconsciente pero cuando desperté…vi que el hospital estaba hecho un caos…heridos por todos lados, la mayoría de ellos tirados en el suelo suplicando por ayuda", dice.

Las instalaciones del sector salud también sufrieron un brutal impacto: muchos hospitales y clínicas resultaron totalmente destruidos o con daños irreparables, por lo que los pocos que sobrevivieron, estaban atiborrados de gente.

Hospitales colapsados

Cincuenta centros de salud fueron dañados. Además se perdieron más de 5,800 camas en tres de los más importantes del país: El Centro Médico Nacional, operado por el Instituto Mexicano del Seguro Social (que perdió un 40 por ciento de sus instalaciones), y dos hospitales pertenecientes a la Secretaría de Salud: el Hospital General y el Juárez.

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La torre de 12 pisos de este último centro sanitario colapsó al fallar las juntas de concreto de los entrepisos, quedando atrapadas en su interior 400 personas entre personal médico y pacientes.

En total 13 hospitales tuvieron que ser demolidos después del desastre.

Martínez se acuerda de los comentarios de las enfermeras que no se daban abasto con tantos pacientes, además de que el material con el que contaban era insuficiente.

"Yo estuve unos cinco días hospitalizado y aunque aún no estaba en condiciones aptas para ser dado de alta, tuve que salir debido a la crisis que se estaba viviendo", comenta.

Más allá de la ciencia-ficción…

Desesperados por saber de sus familiares, aquellas víctimas de los sismos de 1985 caminaban pensativas por las calles, con tristeza y miedo. El desaliento y la poca esperanza invadían los corazones de los mexicanos.

"Son momentos que yo quisiera olvidar. La ciudad estaba destrozada, era común ver a elementos del ejército, acordonando la zona del centro, donde se había reportado que había más daños. Parecía una pesadilla pero no…no era ciencia-ficción", comenta Rodrigo Domínguez, quien participó como voluntario en las zonas de desastre.

Domínguez recuerda que cuando vio la situación en la que estaba la ciudad "me espanté de la magnitud, los daños causados eran impresionantes… edificios que tenían la complexión de un roble… estaban hechos polvo".

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En algunos casos la gente no quería dejar su casa. "Recuerdo haber escuchado un reporte de un ingeniero que había encontrado un edificio que se había colapsado en la colonia Roma y oía que había gente viva que pedía que la salvaran, entonces hizo una excavación y de ahí salieron 38 personas", dice Jorge Pérez del Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM).

Los expertos coinciden que el movimiento telúrico fue de gran impacto, México demostró que no estaba preparado para enfrentar una situación de este grado de emergencia.

Se puede repetir

"De las múltiples lecciones que dejó la tragedia fue la evidencia de una total falta de preparación de la ciudad ante tal eventualidad pero quizás lo más importante fue la reacción espontánea de solidaridad de la población en ausencia de una reacción inmediata y eficiente de las autoridades locales", comenta Rodrigo Castro, sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Pero ambos opinan que las tragedias naturales no se pueden prevenir con exactitud y que ahora no se puede afirmar, con certeza, si México está preparado o no para otro gran temblor.

"Debemos estar conscientes de que en el futuro se pueden presentar eventos del mismo nivel de 1985 y que ante una situación como esa es muy probable que vuelva a haber daños de tal magnitud", agrega Roberto Melí Piralla, investigador de la UNAM.

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Diversos pronósticos afirman que en México ocurrirá un terremoto más fuerte que los que ocurrieron en 1985, y según dicen, sucederá en 10 años.

"Me asusta pensar que puede ocurrir algo peor, si la tragedia del 85 fue fatal, no me quiero ni imaginar con un sismo de mayor intensidad. Ojalá que los investigadores se equivoquen", expresa Raúl Gómez, de 40 años.

Pero a la expectativa de recibir otra sorpresa de este tipo por parte de la madre naturaleza, las heridas de los mexicanos se abrirán cada 19 de septiembre durante muchos años por venir.

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