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La mirada de los ciegos

La mirada de los ciegos

Tocando la fotografía, que reúne el trabajo de 16 artistas, es la primera muestra fotográfica táctil de América Latina.

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El 'mil sombras'

CIUDAD DE MÉXICO – Cristian Vargas no es un guía cualquiera. Es ciego.

Un tumor en la cabeza hizo que Vargas perdiera la vista hace 15 años, cuando era niño, pero su gusto por captar imágenes lo llevó a inscribirse en los talleres de fotografía que la fundación Ojos que sienten imparte entre la comunidad invidente.

"Lo maravilloso de esto es que podemos hacerle saber a la gente que nosotros también tenemos cosas que expresar", comenta Cristian, uno de los mejores alumnos invidentes del instituto, que lo llamó a formar parte del equipo de su primera exposición, Tocando la fotografía.

Integrada por 16 imágenes de reconocidos fotógrafos, adaptadas especialmente para ser "vistas con el tacto", es la primera muestra para invidentes en América Latina.

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"El mil sombras", como le apodan sus amigos porque mira entre pura oscuridad no expone sus fotos en la muestra, pero ilustra a los visitantes. Es un guía de turistas nato, se entrenó en un centro de capacitación especializado y ha trabajado en museos del Centro Histórico de la capital; su pericia entre las salas de la galería evidencian sus habilidades.

Vargas conoce a la perfección cada rincón y los contornos de cada una de las piezas que integran la exposición. Son cuatro las técnicas principales, explica: disparando con la cámara a la altura de tus ojos, otra es con el aparato a la altura de la cabeza, otra sobre el hombro y midiendo el objeto con el brazo, o bien "pedirle a quien será fotografiado que te llamé para que 'veas' dónde está y poder capturarlo".

"Son traducciones de las fotografías", explica Mercedes García, una de las curadoras de la muestra, "se trata de diagramas con diferentes texturas, dependiendo de la luz y colores de cada imagen, para ser leídos a través del tacto".

"Buscamos de darle la oportunidad a los visitantes de experimentar con sus otros sentidos, dice García. "Recorrer la exposición genera una serie de sensaciones impresionantes".

Ver con las manos

Una pareja se mueve con torpeza entre las piezas. Siguen las líneas en el piso que muestran el camino a cada una de las imágenes. Cada obra es indicada por un pequeño tope, que sólo puede descubrirse con los pies. Aquí un ciego llega a sentirse como en su propia casa.

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"Un niño con overol azul se encuentra dibujado en primer plano, detrás de el hay un muro de madera y unas plantas en piso a su derecha", dice una explicación auditiva que acompaña la exposición, mientras los visitantes atoran los dedos entre los bordos texturizados de las piezas.

Bajo los diagramas, en pequeños cajones se exhiben las imágenes originales para que al final de la exposición puedan ser comparadas por los visitantes. "Lo asombroso es cuando te das cuenta que lo que vas imaginando casi nunca es fiel a lo que las imágenes en verdad representan", asegura Gabriela Farías, una de las asistentes a la muestra.

Para quienes no ven, en las tres salas de la exposición fueron rotuladas inscripciones en braille que ofrecen información sobre cada una de las fotografías, que en noviembre próximo podrían ser llevadas a distintas exposiciones en Gran Bretaña.

"Todo esta creado pensando en la ceguera", indica García, una mercadóloga que abandonó los negocios por el arte y la asistencia social. "Tocando la fotografía es un intento por brindar a la gente la oportunidad de vivir lo que a diario experimentan las personas ciegas y demostrarles que la vista no es todo".

A lo lejos un trastazo interrumpe la concentración de los visitantes. Es Francisco, uno de los ciegos del instituto, que acaba de tirar unas macetas con su "bastón blanco", entre las burlas de sus compañeros.

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"Todos ellos tienen los sentidos sobredesarrollados", dice García. "Cuando les hablas saben dónde estás, cómo es tu fisonomía, incluso, de qué altura eres", elementos que son básicos en la técnica de la foto ciega.

Cristian Vargas también es fotógrafo. No uno cualquiera. Sus rollos los gasta preferiblemente en las muchachas de su colonia.

"Me he topado con todo tipo de mujeres, desde las más amables hasta las más groseras que rechazan posar para la cámara", recuerda, mientras guía a un par de visitantes de la exposición.

Pero no sólo las muchachas son la afición de Vargas, también le gusta enfocar las viejas construcciones de las colonias Roma y Coyoacán y las ruinosas vecindades del Centro Histórico. "Es un artista de la lente nato". No uno cualquiera.

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