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La incredulidad sobre la versión oficial se extiende entre los vecinos de El Altiplano

La incredulidad sobre la versión oficial se extiende entre los vecinos de El Altiplano

La creencia en los pueblos cercanos al penal es que El Chapo no se fugó por un túnel, sino que los guardias dejaron salir por la puerta, como en 2001

ALMOLOYA DE JUÁREZ, México. La burla se extiende desde Santa Juana Centro hasta más allá de la villa de Almoloya de Juárez y sus alrededores. Que para qué buscan, “si El Chapo andará ya en Italia” o “andará por Francia, en el avión presidencial”.

En los caseríos que rodean al penal de máxima seguridad del Altiplano, nadie se cree que Joaquín Guzmán Loera, el narcotraficante más temido de México -millonario, poderoso, hábil en la trampa- haya huido de su celda a través de un túnel construido en un periodo de un año, en el más estricto secreto y en la narices de todos.

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Desde que nació, hace 36 años, Antonio Colín vive en el rancho más próximo a la casa donde las autoridades dicen haber hallado la boca del pasadizo de un kilómetro y medio (932 millas) utilizado por el El Chapo para escabullirse. Y él es el primero en dudar.

“Por lógica, si hubiera un túnel, automáticamente se vienen (los policías) por el túnel y llegan a la casa la misma noche del sábado. Pero aquí llegaron como a las siete de la mañana (del domingo)”, asegura Colín. Y todos los vecinos, en su mayoría miembros de la misma familia, coinciden en esa versión.

Tan pronto las autoridades dieron la alerta de fuga, la noche del sábado 11 de julio, el patrullaje de soldados y policías se concentró al otro lado de la loma.

Cuando al fin llegaron, a la mañana siguiente, la Policía Federal no se detuvo a preguntar nada a los vecinos. Han transcurrido casi 48 horas desde entonces y aún no lo han hecho.

“Si había túnel, ¿por qué no llegaron de inmediato?”, insiste Antonio.

Sobre el terreno, suenan contradictorias las palabras del secretario de la gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, que aseguró ante la prensa que los agentes "immediatamente iniciaron la búsqueda dentro del túnel".

La madre de Antonio, Eva Salazar Sánchez, pastorea su ganado cada tarde entre los bajos y las lomas por donde hipotéticamente podría pasar el túnel de El Chapo y no escuchó nunca un martilleo, no sintió nunca una vibración de taladro bajo sus pies, ni se ha tropezado en el camino con algún respiradero que pudiese servir como mecanismo de ventilación.

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“Digamos, si de aquí se oyen los ruidos de los presos del penal, que hablan y gritan cuando los sacan a jugar, ¿a poco un ruido de esos no se iba a oír?”, dice Eva en su rancho, sumido en silencio donde hasta el zumbido de las moscas se escucha cuando no hay helicópteros de la policía federal sobrevolándolo.

La casa en medio del campo

La ladera donde está la casa por la que habría salido El Chapo se levanta a unos metros de altura sobre el nivel del penal de El Altiplano.

En medio de ambos puntos hay un bajo por el que se escurre una quebrada de agua. Y a una decena de metros del lindero sur de la cárcel, hay una línea ferroviaria por donde pasa un tren de carga que viene de Toluca y va al DF, jalando  hasta 120 vagones por vez, a intervalos irregulares de tres o seis horas.

Un túnel que recorra esa distancia -infieren los campesinos- debía tener una bóveda lo suficientemente sólida para soportar ese peso y un drenaje capaz de achicar el agua que viene del caño.

La actitud de los patrulleros que recorren día y noche los predios de Santa Juana Centro y Almoloya desde la fuga de El Chapo no contribuye tampoco a que al población tenga fe en la existencia de algo que aún no ha visto ni en fotos: el túnel.

“Usted ve a los de las patrullas y van muy quitados de la pena (desprevenidos), están todos ahí en su onda, en su chisme, y no se les ve mucho interés de estar checando (revisando) los coches o algo así. Aquí está muy tranquilo todo”, asegura Margarita, que tiene 32 años, vive en San Miguel y todos los días hace un camino de 10 minutos por carretera para trabajar en una cocina de la villa de Almoloya.

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“Cuando hay persecuciones uno se da cuenta. Hace tiempo que agarraron a unos delincuentes por aquí y se iban agarrando a balazos. O pasan las patrullas así, con el ruido y todo eso, y uno dice: ‘Uy, qué paso’. Ahora no pareciera que estuvieran buscando a nadie”, comenta Margarita.

En la calle lo que ella escucha son puros chistes. Hace rato no más fue al mercado y uno de los vendedores la despidió con sorna: “No te vayas a meter en una milpa (un maizal), que allá está El Chapo”. Y otro más allá le contó la chanza del día:

-¿No te asustas porque se escapó El Chapo?

- Eso no me asusta, lo que me asusta es que de aquí a mañana van a decir los del gobierno que subió la gasolina, subió la luz…

“Por donde pasas hay esos comentarios, nadie cree que se haya escapado, todos dicen que lo dejaron salir por la puerta. Y la verdad yo tampoco creo que se haya ido por el dichoso túnel”, concluye Margarita.

Algo similar a lo que sospechan los vecinos del penal de El Altiplano en esta oportunidad ocurrió cuando Joaquín Guzmán Loera escapó por primera vez de una cárcel de máxima seguridad, el 19 de enero de 2001.

La versión oficial de entonces indicaba que El Chapo había escapado de la cárcel de Puente Grande escondido en una carriola para transportar ropa sucia, que sus custodios empujaron hasta la aduana del penal. Luego se determinó el narcotraficante había huido del penal con la ayuda de guardias, vestido de mujer.

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