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La herencia de la matanza del 68

La herencia de la matanza del 68

El terror que a 41 años de haberse sucedido, aún se clava como una aguja punzo cortante en los corazones de los que lo vivieron.

Heridas sin cicatrizar

CIUDAD DE MÉXICO – Luces de bengala que se despejaban en el cielo y de repente los sonidos de los balazos y los gritos desesperados entre la multitud mostraban el horror que estaban a punto de vivir miles de personas, entre estudiantes, amas de casa, sindicalistas, trabajadores y niños, ese 2 de octubre de 1968.

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En un mitin convocado por el  Consejo Nacional de Huelga (CNH), la protesta se volcó en imágenes reales de terror que a 41 años de haberse sucedido, aún se clavan como una aguja punzo cortante en los corazones de los que lo vivieron y en las nuevas generaciones que han aprendido de este acontecimiento.

La matanza en la plaza de Tlatelolco es muestra de un hecho histórico que ha dejado huella no sólo en la conciencia de los mexicanos, sino en diferentes movimientos alrededor del mundo.

"La matanza es la culminación trágica de un movimiento estudiantil y popular, pero no podemos verlo como la culminación. Esa es la culminación sólo de un acto represivo de un gobierno autoritario, pero no del movimiento. La culminación del movimiento se ve muchos años después, en la transformación de la sociedad mexicana", dijo el especialista y periodista  Antonio Ortega.

Aquella noche negra, como la llaman algunos, fueron acribilladas miles de personas por integrantes del Batallón Olimpia, ordenados por el entonces presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz. Algunos estaban disfrazados de civiles y usaban un guante blanco como distintivo.

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"Los estudiantes se radicalizaron, insistían en dialogar con el presidente Gustavo Díaz Ordaz, pero este los reprime, no acepta, lanza campañas de odio en la prensa, en la televisión y finalmente decide enviar al ejército a disolver una concentración en la plaza de las tres culturas (Tlatelolco). Hay una matanza, nunca bien contada en el sentido numérico, pero que puede estar entre 300 y 500, nunca se sabrá.  No fueron solo estudiantes, fue una matanza de un sector de la población ahí congregada", comentó a Univisión.com Carlos Monsivais, escritor e intelectual mexicano.

Las protestas de los estudiantes ya llevaban varios meses aquejando al gobierno de Ordaz, empezando formalmente el 26 de julio de 1968. El ambiente estaba tenso a unos días de celebrarse los Juegos Olímpicos en la Ciudad de México y la presión internacional parecía que ahogaba a todos, principalmente a los políticos gobernantes.

"Los juegos olímpicos fueron la causa básica del miedo, de la angustia del presidente Díaz Ordaz. Sintió que había una conjura, que querían echarle a perder el papel de anfitrión del mundo y reaccionó de una manera histérica. Se le informó mal, su propia paranoia lo llevó a imaginarse una conjura detallada. Fue creciendo el miedo a la provocación de dinamitarse los juegos, a que se incendiaran los estadios, todo eso contribuyó a que se tomaran estas medidas represivas", aclaró Monsivais.

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Terror real

Aquél México que se retrata en los libros de texto como el del 1968, era un país reprimido en el que nadie decía lo que pensaba, la prensa era amenazada y amortazada y a la gente no le pasaba por la cabeza hacer protestas para expresar o rechazar las imposiciones del gobierno.

"Era una sociedad más bien callada, era el momento en que se estaba intensificando un proceso cultural que por un lado era la inevitable americanización y por otro la idea de que ya era necesaria una independencia de las tradiciones. Era un México con una capital en ebullición, lo que demostró el movimiento del 68 es que la calma en el resto del país estaba sostenida en formas de vasallaje", explicó Monsivais.

Fue a partir de este acontecimiento que México vivió un parteaguas.

"Empezó a haber libertad de expresión. El logro de la fotografía es supremo en términos de 1968. Aunque soterrada, comienza a darse la libertad. La gente, de comentar los sucesos, de estar en contra de un sistema represivo, sangriento en ese momento, que se escuda en unas razones de Estado para mantener al pueblo, a la sociedad, sumergida en la más absoluta de las consignas antidemocráticas", comentó Ortega.

Sin embargo hay para quienes no todos los aspectos fueron positivos a raíz de esta masacre.

"Desde el punto de vista de aplicación de la justicia, México es todavía más cínico, igualmente represivo, empeñado en que el poder judicial continúe con la docilidad de siempre y en el sentido de apertura democrática, casi inexistente. Las consecuencias de la critica, de la denuncia, siguen siendo nulas", dijo Monsivais.

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Pese a que han pasado 41 años, los mexicanos siguen conmemorando y brindando homenaje a las víctimas de este atentado.

"El mayor homenaje a las víctimas es que se castigue a los culpables, lo cual no ha ocurrido hasta el momento. En la medida en que los ciudadanos participemos en movimientos sociales, vamos ir acercándonos cada día más a la justicia. Cada paso que demos será hacia la justicia. Es importante que la sociedad no sea pasiva", aclaró la escritora mexicana Elena Poniatowska.

Al parecer el movimiento se ha ido desvirtuando, cada año el  2 de octubre sirve como escenario para atropellos de grupos juveniles. 

"No se entiende que el 68 fue un momento. Como todos los hechos históricos, el 68 ahí se queda en el pasado, no podemos seguir viviendo cada 2 de octubre 68 con los actos vandálicos que se hacen ahora, porque esa gente ni tenía las aspiraciones de 1968, ni las tiene, ni comparte muchos de los afanes democráticos de los jóvenes que salieron a la calle y que fueron asesinados en la plaza de Tlatelolco", expresó Ortega, quien vivió el movimiento estudiantil.

Estos actos no permiten que el 68 muera.

" La gente se ha unido por la injusticia, por la incapacidad de las autoridades de responder debidamente a sus tropelías. La decisión de la sociedad de mantener la memoria viva impide que se de por clausurado el movimiento del 68 y las etapas consiguientes, por ejemplo la matanza de Acteal en Chiapas", comentó Monsivais.

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"La peor de las llaves"

Las imágenes que se pueden ver ahora por televisión o las referencias que se tienen de los libros o los testimonios parece que no reflejan totalmente la dureza de esos días.

Algunos que se atrevieron a hablar fueron Elena Poniatowska con su libro La Noche de Tlatelolco, en el que se muestran fotografías reales de los sucesos, y la película Rojo Amanecer (estrenada hasta 1989) de Jorge Fons.

"Fue mucho más crudo, todos los testimonios, las fotos con las mesas cubiertas de cadáveres o los cadáveres amontonados en el piso, los relatos de torturas, de hacinamiento de los presos y del trato malévolo de las autoridades, sobre todo las policíacas y las del ejercito, demuestran una noche terrible. A la película se le impuso censura, hay escenas que fueron suprimidas", recordó Monsivais.

A finales de 1960 los únicos que se atrevieron a hablar fueron todos esos jóvenes, muchos de ahora muertos en la masacre.

"Los estudiantes que tomaron la calle (en 1968) enseñaron a los demás que sí se podía parar uno y hablar en las esquinas a decir lo que se pensaba", destacó la autora de 'La Noche de Tlatelolco'.

"Los jóvenes en ese tiempo tuvieron el valor de pararse en la esquina del periódico Excélsior para gritar consignas como ¡Prensa vendida! Eso fue una liberación y eso se lo debe el México de hoy, al México del 68", precisó Poniatowska.

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Esta herencia no es sólo parte una biblioteca con archivos para recordar, sino algo más que hay aprendizaje para las futuras generaciones.

"Lo que debemos recordar son las causas que dan lugar al 68, la violencia irracional con que responde el gobierno cerrando todas las puertas del diálogo y en conjunto con estas dos, pensar que el perfeccionamiento del sistema político mexicano es la salida a muchísimas de las crisis sociales, a la crispación social que se vive, y que por ningún motivo el gobierno debe caer en la tentación de la represión. La represión es la peor de las llaves en busca de una salida", explicó Antonio Ortega.

Los lastres del pasado

México cambió, para bien o para mal es otra época y se viven otros días, lo que hace difícil de creer que en la actualidad se diera un genocidio similar.

"Una matanza de estudiantes no se vuelve a dar, espero que mi profecía se cumpla pero yo siento que todos hemos aprendido la lección. No hay ganas de ser víctimas aunque sí hay una voluntad de resistencia muy considerable. El gobierno, el que sea, se la pensaría muchísimo antes de masacrar estudiantes como lo hizo Díaz Ordaz", respondió Monsivais.

Las condiciones ya no son las mismas.

"En México vivimos un periodo de crisis muy profunda en lo político, social y económico, pero no son las mismas circunstancias que se daban en el 68, por un lado, tenemos una sociedad, sobre todo la universitaria, bastante desmovilizada. En aquella época, la Universidad y muchas escuelas superiores eran centros de pensamiento político, eran el gran motor del pensamiento de oposición junto con los sindicatos; hoy nos encontramos con una desmovilización prácticamente total de los sindicatos que hoy luchan porque las personas conserven el trabajo y no por los principios o derechos.

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Ya no son revolucionarios o socialmente progresistas. Las universidades están llenas de radicales, pero sobre todo están plagadas de jóvenes a los que no les interesa la política. La política no ha logrado enamorar a los jóvenes como lo hacía antes. Además hoy en México hay un sistema de partidos que, así como lo hizo el PRI en su momento, también controla prácticamente todo. Entonces están buscando cauces", aseguró Ortega.

Y aunque las condiciones, el contexto y las consignas sociales no sean las mismas, la sociedad sigue exigiendo justicia.

"Es trágico que las esperanzas de esta gente se acaben porque los gobiernos van postergando logros y haciendo nuevas promesas. El hecho que la pobreza sea peor que en el 68 nos habla de que México ha ganado en el terreno político, de la libertad de expresión, pero ha perdido muchísimo en el terreno social", finalizó Ortega.

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