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El hallazgo de 513 inmigrantes en dos camiones en Chiapas evidencia los peligros a los que se someten los inmigrantes con tal de llegar a Estados Unidos.

Inmigrantes se juegan la vida en busca de nuevas rutas para llegar a Estados Unidos

Inmigrantes se juegan la vida en busca de nuevas rutas para llegar a Estados Unidos

A pesar de que cada vez se vuelve más difícil y peligroso, miles siguen su intento por llegar a EU.

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El hallazgo de 513 inmigrantes en dos camiones en Chiapas evidencia los peligros a los que se someten los inmigrantes con tal de llegar a Estados Unidos.

Nada frena 'el sueño americano'

MÉXICO " Delincuentes, insolación, muerte. Caer en manos de agentes migratorios coludidos con criminales; ser engañados por “coyotes” sin escrúpulos, que les den un trato inhumano y los estafen, o peor aún, no lograr trepar a “La Bestia” y en el intento perder alguna parte del cuerpo o incluso la vida. Estos riesgos son asumidos por miles de migrantes en su camino hacia Estados Unidos con tal de vivir "El Sueño Americano".

 Nada los detiene. Esta semana, las autoridades mexicanas localizaron un grupo de 513 inmigrantes al interior de dos tráileres en Chiapas, al sur de México. Viajaban hacinados, procedentes no solo del continente americano sino también de Asia. Habían pagado $7,000 cada uno, a cambio de llegar hasta Estados Unidos.

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Tras el hallazgo de los cuerpos de 72 migrantes asesinados en Tamaulipas en agosto de 2010 y los incontables cuerpos hallados en otras narcofosas de esa entidad y otras aledañas en lo que va corrido de este año, las autoridades mexicanas han tratado de frenar el tráfico de personas a lo largo de su territorio.

Una de las medidas tomadas recientemente ha afectado la ruta que cientos de personas tomaban al día en el centro de México. Apenas unos meses atrás , los migrantes, en su mayoría centroamericanos, viajaban desde sus países hasta el sur de México, en el estado de Chiapas. Luego abordaban un tren que los llevara al centro del país para luego tomar un tercero que los llevaría hasta el norte.

En Tultitlán, en los patios de Lechería, (Estado de México, vecino al Distrito Federal) los migrantes abordaban el convoy que los llevaría hasta la frontera con Estados Unidos. Sin embargo, el que antes fuera lugar de reunión y espera, ha quedado abandonado y con apenas unas huellas de los que pasaron por ahí.

Las vías del tren que lleva hacia el norte están cercadas. Ahora, un vigilante y un perro se aseguran que nadie intente subir al tren, y que nadie venga a bordo.

 “La instrucción es no permitir que nadie se suba al tren, y menos que nadie venga a bordo”, dijo el joven policía, a quien no le ha tocado bajar a ninguna persona de “La Bestia”. “Llevo poco tiempo trabajando aquí”, señaló, y aseguró que no está dispuesto a permitir el paso de nadie, pues esa es su “función”, dijo orgulloso.

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'Viva La Raza'

Ahora, toca irse hasta Huehuetoca, otro municipio del Estado de México, aproximadamente a 25 kilómetros de distancia de la vía de Tutltitlán. Los centroamericanos difícilmente llegan a Huehuetoca en transporte, así que tendrán que agregarle más horas y más peligro de muerte a su viaje para trasladarse de Tultitlán hasta allí.

En Tultitlán quedaron las huellas que dejaron a su paso cientos o miles de migrantes. “Viva la Raza” se puede leer en una de las paredes, a la izquierda de las vías del tren, que en este lugar se volvió inalcanzable para los migrantes. En el piso, basura y restos de cigarros y comida. El puente que pasa sobre las vías del tren también ha sido cercado para que las personas pierdan la menor intención de lanzarse desde allí para alcanzar en “La Bestia” el sueño americano.

Las columnas que sostienen el puente están marcadas por miles de manos y las pintadas que éstas han hecho con trozos de carbón. “Guatemala”, “Honduras”, “El Salvador”, son algunas de las palabras que todavía se pueden leer, con letras grandes, unas más frescas que otras, pero todas condenadas a desaparecer.

Un oasis en medio del camino

Hasta este paso, hay quienes ya han recorrido distancias maratónicas a pie, bajo el sol o la lluvia, sin haber comido o bebido. Algunos con heridas en los pies o niveles de deshidratación que ponen sus vidas en peligro. Muchos van a dar a la Casa del Migrante San Juan Diego, en Tultitlán, Estado de México.

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A diario, alrededor de 80 personas llegan en busca principalmente de comida y un techo donde poder descansar. Sin embargo, en la Casa del Migrante también se les entrega ropa, se les da la oportunidad de lavar sus prendas, tienen un lugar dónde bañarse y descansar y hacer llamadas telefónicas antes de continuar con su viaje.

“Los migrantes pueden permanecer aquí entre 24 a 72 horas” dijo Arturo Montoya, el responsable del lugar, a Univision.com.

El olor de la Casa es peculiar. Huele a hogar. Los dormitorios se impregnan del aroma de la comida; se cocina para entre 80 y 160 personas cada vez. “Los que están durmiendo son los que acaban de llegar. Con un viaje tan largo sin haber podido dormir en un lugar digno, aquí llegan y descansan”, dijo.

Descansan como si el tiempo no les importara. Sin embargo, todos tienen claro cuál es su destino. Saben que el camino es peligroso, y que no tienen ninguna garantía de llegar, pero todos están convencidos de que su familia y la esperanza de una vida mejor, hacen que el viaje merezca la pena.

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