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Iglesia celebró dos beatificac

Iglesia celebró dos beatificac

José María Escoto y Luciano Hernández son dos mexicanos que murieron como mártires durante la Guerra Civil española (1936-1939).

'Murieron por su fe'

CIUDAD DE MÉXICO - La Iglesia mexicana celebró las beatificaciones de José María Escoto y Luciano Hernández, dos mexicanos fallecidos durante la Guerra Civil española (1936-1939) que "cumplieron con la obligación de mantenerse apegados a su fe" en medio de un conflicto.

Un portavoz de la Archidiócesis de México dijo que "no hay ideologías políticas para las beatificaciones" por lo que todas ellas deben ser motivo de fiesta y celebración para los católicos de cualquier parte del mundo e ideología.

Los dos mexicanos fueron "mártires" que en este caso "murieron por su fe en medio de un lamentable conflicto" que les tocó vivir en un "momento histórico" para España, señaló el portavoz eclesiástico.

José María Escoto nació en 1878 en el rancho de Agua Caliente de Atotonilco El Alto, localidad del estado occidental de Jalisco, y perteneció a la orden de los Carmelitas Descalzos de Cataluña, a la que ingresó en 1935 con el nombre de fray José María.

Antes de profesar sus votos tuvo que abandonar el convento y fue apresado y fusilado el 29 de julio de 1936 a la edad de 57 años, junto con sus compañeros de comunidad en una localidad de Lleida.

Por su parte Luciano Hernández, nacido en 1909 en San Miguel del Alto, también en Jalisco, fue perseguido en México en la "guerra cristera" (1926-1929) desatada por el presidente Plutarco Elías Calles y se refugió en España, donde ingresó en los dominicos.

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En agosto de 1927 profesó sus votos y cambió su nombre por el de Reginaldo antes de ser ordenado sacerdote en 1933.

Proceso 'de reconciliación'

Este religioso buscó refugio en la Embajada de México en Madrid pero éste le fue denegado. A sus 27 años fue detenido, el 13 de agosto de 1936, y fue llevado a un centro de detención situado en la localidad de Lista y ejecutado.

El portavoz de la Archidiócesis mexicana recordó que México y España "siempre han sido dos países hermanos" por lo que no era raro en aquellos años ni tampoco actualmente que hubiera sacerdotes de uno de esos países en el otro.

La fuente confía que las beatificaciones celebradas en el Vaticano sean vistas como parte de un proceso "de reconciliación" que se vive en España.

También confía en que haya más beatos entre los fallecidos en España de cualquiera de los dos bandos que se enfrentaron, porque tanto entre los nacionales como entre los republicanos hubo gente "de virtudes enormes", añadió.

Por su parte el arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, recordó que al igual que hubo mexicanos que murieron en España como los dos nuevos beatos, en este país también hay españoles que fueron sacrificados por su fe en México.

"Aquí en México una persecución sangrienta fue de 1926 a 1929 y en España, fue exactamente diez años después, de 1936 a 1939", un conflicto "terrible" en el que "probablemente la cifra de mártires en España sobrepase los nueve mil", añadió.

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Sandoval recordó que entre los 13 mártires que fueron beatificados en Guadalajara el 20 de noviembre de 2005 había precisamente un catalán, Andrés Solá Molist (1895-1927), originario de Taradell (Barcelona).

Finalmente el cardenal mexicano señaló que más que orgullo por las beatificaciones de los de Escoto y Hernández, ambos de Jalisco, lo que hubo en su corazón fue "satisfacción, gratitud y alegría" ante una decisión de la Iglesia que exalta modelos de vida cristiana y de fidelidad en la fe.

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