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Frida es una marioneta

Frida es una marioneta

En un espectáculo de performance, un artista mexicano presta su cuerpo para dar vida a la controvertida pintora.

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Alfín Frida Kahlo

CIUDAD DE MÉXICO – "Yo nunca me he sentido Frida Kahlo, sólo soy un artista que presta su cuerpo para dar vida a sus autoretratos", comenta Alberto Mejía, un hombre que se disfraza de ella, mientras acomoda en un cajón los vestidos que utiliza en su espectáculo de performance.El lugar se llena de una rara presencia cada vez que Mejía inicia  su representación. Es como si la propia Frida regresara de entre los muertos para inundar cada rincón de su extravagante casona.

Una planta de sábila, un espejo, un desvencijado baúl y una cama destartalada conforman el mobiliario de la estancia donde lleva a cabo su espectáculo, habitación que más bien parece el escenario de un teatro a punto de arrancar la función.

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Desde hace más de 20 años, el titiritero y creador de marionetas se ha encargado de interpretar a la pintora mexicana, como parte de una exhibición artística en la que utiliza máscaras y objetos de la vida cotidiana.

La protagonista es una silla de madera a la que cubre con un vestido, "hasta convertirla en una muñeca gigante", explica con una sonrisa inmensa que contrasta con los cuadros de Kahlo a su alrededor, llenos de dolor y cuerpos ensangrentados.

Mientras platica, él mismo se va disfrazando hasta que se transforma en una marioneta viviente de Frida, representada en tres etapas de su existencia: "vida, agonía y muerte".

Cada una simbolizada por un color distinto: blanco, rojo y amarillo, respectivamente.

El suyo es un acto sin palabras, sólo acompañado con música folclórica mexicana y poemas de Elías Nandino. "Utilizo apenas tres o cuatro elementos con los que logro confundir al ojo y la mente de los espectadores", subraya orgulloso de la "fascinación" que produce con su personaje.

'Las SuFriditas'

Según Alfín, el pseudónimo del titiritero, su espectáculo nació en 1988 en el marco de una exposición de marionetas que él mismo elaboró, titulada Las SuFriditas.

"Era una muestra de muñecas de Frida Kahlo representadas como en cada uno de sus autorretratos. Al inicio eran marionetas de la artista a las que se me ocurrió quitarles los hilos para darles libertad", recuerda Mejía, en su casa estudio ubicada a las afueras de San Ángel, un apacible barrio del sur de la capital mexicana.

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Pero el artista necesitaba atraer a más visitantes a la exposición y se puso a idear una estrategia para llamar la atención de nuevos espectadores.

"Entonces tomé las cortinas de mi casa, una silla y demás objetos que me fui encontrado alrededor, hasta crear este espectáculo de performance -un montaje creado para ser visto una sola vez- que tuvo tanto éxito que me pidieron que lo siguiera presentando".

Fueron decenas las representaciones en esa galería del balneario de Cancún, Quintana Roo. Luego llevó el espectáculo a Cuba, Bolivia, Guatemala, España, México y Portugal donde fue acogido con éxito.

En las últimas décadas la obra de Frida ha servido de inspiración a innumerables artistas para crear sus propias obras, igual que a Alfín quien a través de su espectáculo ha elaborado su versión personal de la pintora.

Las recreaciones que hace son sus propios "cuadros" de la retratista, fotografías vivientes con las que busca sorprender a su público.

Según Alberto Mejía, Kahlo representa el sufrimiento de una mujer atormentada por el dolor, mezclado con su gusto por México, a través de los colores.

"Mediante el estudio de su vida y de sus obras, utilizo mi habilidad como artista para introducirla en mi cuerpo y comportarme en el escenario como si en verdad fuera ella", comenta con una voz descompuesta bajo la pequeña máscara que aprieta su rostro.

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Son tantas veces las que ha representado a Kahlo con su espectáculo, que Alfìn ya se comienza a parecer a ella. Sus ojos, sus labios y sus manos flacas tras el disfraz, lo delatan.

Parte de su búsqueda es hacerlo también con una cama o con una silla de ruedas. "Es que el juego de los objetos con el cuerpo humano es loquísimo", asegura.

Y la locura, Mejía la trae desde joven. Desde que inspirado en la lectura de Hamlet decidió retratarse disfrazado de Shakespeare, con un cráneo en la mano y la mirada perdida a lo lejos.

"Toda la vida me la he pasado creando y buscando nuevas formas de expresión", reflexiona.

La casa de los muñecos

Pero hay más, aparte de Frida. Cada una de las habitaciones de su casa - estudio está repleta de marionetas. No hay espacio para más objetos. Muñecos por todos lados. De todos los tamaños y colores. Penden de sus hilos unos más sonrientes que los demás. Otros enojados porque les falta un bracito o la pierna y Alberto no los ha querido componer.

Según Mejía, al menos 400 de ellos fueron creados por él mismo. Otros 78 pertenecen a la colección de la extinta compañía de marionetas de los hermanos Rosete Aranda, que durante el siglo XIX fueron presentados en diferentes escenarios del país y desde hace veinte años le fueron entregados para su resguardo.

"Son un verdadero portento, una maravilla en sus articulaciones que son capaces de hacerlos mover cada parte de sus cuerpos", comenta el artista, en su taller instalado en el ático de la casona, desde donde se escuchan muy claros los repiques del campanario de la Iglesia de la Candelaria, mientras se mira el viejo vecindario por el hueco de las ventanas.

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Entre su colección, sobresale una serie de muñecos prehispánicos de barro que, de acuerdo con Mejía, datan de hace más de tres mil años. Son de la época paleolmeca y fueron encontrados en la zona del Golfo de México. Hace tiempo que un brujo de Tepoztlán, Morelos, se los regaló poco antes de morir.

Utilizadas por los hechiceros para hacer curaciones, son unas cinco figuras, de 15 pulgadas de altura, que al agitarlas sacuden los brazos, la cabeza y las piernas, mueven los ojos y enseñan la lengua.

Por la casa también deambula un muñeco fantasma. "Es mi amiga Rosa, quien ya murió", y para recordarla el artista construyó una marioneta de tamaño real y con su fisonomía exacta, a quien a veces hace deambular por las habitaciones, para mantenerla viva en el recuerdo.

Cada títere tiene su propia historia y su propio significado. Algunos surgen en un mismo día, pero otros se ha tardado en elaborar hasta diez años. Primero modela las caras y manos con goma y después los reproduce con materiales como la "masa de sal" y el poliuretano, elementos tan fuertes y frágiles a la vez, que en un descuido se pueden destruir fácilmente.

"Cuando era niño, mi padre tenía un taller mecánico y ahí, entre las manchas de aceite, herramientas y gasolina, fui adquiriendo el gusto por la creación", rememora el artista, con su mirada profunda detrás de los anteojos.

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Luego su abuela lo adentró en el mundo de los títeres. Tenía seis años cuando le bordó una Caperucita Roja y él, entusiasmado, hizo los personajes que faltaban. Desde entonces no ha parado de construir marionetas.

Alberto Mejía ha sido distinguido como uno de los tres mejores talladores de títeres de madera vivos, su obra ha sido premiada con diferentes galardones y documentales entorno a su carrera artística.

Apenas el año pasado elaboró un video que muestra el espectáculo Alfín Cariño Mío, homenaje a Frida Kahlo, en el Museo Casa Estudio Diego Rivera. Una década antes había estrenado su espectáculo Frida y su Caballo, así como la exposición Pasión por Frida, muestra que llevó a distintas galerías de Estados Unidos, entre otras muchas actividades.

Estudió Criminología para desarrollar mejor su labor. "Me ayuda a comprender el comportamiento de la gente, pues este es un trabajo de manipulación equiparable a lo que sucede con toda sociedad: a través de hilos, un guía mueve a sus marionetas y desde arriba controla todo lo que sucede a su alrededor".

"Hay trucos, pero la idea es que el muñeco cobre vida, igual que una persona", comenta rodeado de sus máscaras, bustos y demás figurillas que ha creado en sus casi 40 años de trayectoria.

Pero ahora sus muñecos de la Compañía Nacional de Títeres, como él los bautizó, se encuentran olvidados por el público. La falta de interés de los niños y de los patrocinadores los mantiene arrumbados por los rincones de cada una de estas habitaciones.

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