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El pedido de Doña Neme, “tía” de los alumnos: "Diosito hazme pensar que no están muertos"

El pedido de Doña Neme, “tía” de los alumnos: "Diosito hazme pensar que no están muertos"

Trabaja en una tienda y aconseja a los estudiantes. "Diosito hazme pensar que no están muertos", pide.

Doña Neme trabaja en la tienda de la escuela y recordó a los estudiantes como su familia Univision

Por María Arce, enviada especial a Guerrero

Han pasado más de dos semanas desde que los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa desaparecieron en medio de una brutal represión policial en Iguala. Doña Neme los vio irse y se le llenan los ojos de lágrimas cuando imagina verlos regresar.

Doña Neme, así la llaman, trabaja en la tienda en la entrada de la Escuela Normal hace casi 8 años. La “heredó” de su hija, quien falleció de un problema pulmonar. “Tuve que venir porque mi hija me dejó dos niñas que cuidar”, cuenta esta mujer, las canas perfectas, estiradas y amarradas en un rodete.

La “tía” de los estudiantes llora sin consuelo del otro lado del mostrador. Acaba de entrar en la escuela un grupo de estudiantes de otras Normales que llegaron a apoyar a sus compañeros y Doña Neme no puede contenerse. “Imaginé que mis niños venían en medio cantando”, dice a UnivisionNoticias.com.

Doña Neme trabaja todos los días hasta las 9 o 10 de la noche vendiendo refrescos, papas fritas, dulces y sándwiches. Antes de empezar a trabajar deja en su casa la ropa planchada para su familia, ahora, formada por una hija y una nieta. Su otra hija y su otra nieta murieron por problemas de salud hace 8 años.

“Para ellos soy la tía”, dice doña Neme, quien cada día, cuando ve marchar a sus “niños”, les dice: “Váyanse y no me digan ni adiós”.

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Así les dijo a los estudiantes que el 26 de febrero pasado fueron hasta la ciudad de Iguala a tomar unos buses para poder movilizarse por el Estado y hacer sus prácticas. 43 de ellos no volvieron. El grupo fue atacado por policías municipales. Seis personas murieron y otras 25 resultaron heridas. A los 43 se los tragó la noche.

“A veces me hago a la realidad de que ya no los vamos a ver vivos por el tiempo que ya pasó. Y a veces digo, Diosito hazme pensar que no están muertos, que están vivos”, dice doña Neme.

La “tía” de Ayotzinapa teme que sus 43 muchachos estén en las fosas clandestinas que se encontraron el 4 de octubre en el Cerro Gordo, en los alrededores de Iguala o en las otras fosas que se hallaron el jueves cerca de Colonia San Miguelito en la misma ciudad.

Cuando se le pregunta cómo son los estudiantes, doña Neme dice: “Son buenos, aunque afuera sean groseros. Ellos tendrán sus motivos. Pero aquí, yo los regaño feo con palabras feas, pero no me contestan. Nunca me han contestado ¿a usted qué le importa? Aquí los chamacos respetan”.

Según doña Neme, los muchachos se ven forzados a salir a pedir dinero o a tomar buses y camiones con alimentos porque los suministros que les envía el Estado no alcanza para mantenerlos.

“Me da tristeza ver cómo llegan mis niños. Se van a trabajar una semana con el interés de estudiar. Yo los veo que llegan mojados, con sus chanclas en sus manos, otros vienen guileando (rengueando) porque se estacaron (torcieron). No saben usar el machete y se cortan. Y van a trabajar todos los días”, cuenta.

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Para esta mujer que no quiere confesar su edad, los estudiantes son su familia. “Todos vivimos aquí. Y aquí estamos todos, día y noche. Cuando ellos salen y no llegan digo Ay diosito ya me voy y mis niños no han llegado. Cuídalos señor que ya me voy. Y cuando vuelvo les pregunto a qué hora llegaron que no los vi”, recuerda.

Sobre la búsqueda que han emprendido los alumnos de la Escuela, junto a compañeros de otros colegios y la Policía comunitaria "formada por campesinos- doña Neme tiene una súplica especial: “Le pido a Dios que a todos los que nos están ayudando a buscarlos les de buen entendimiento, suerte más que todo, que los ilumine para que los encuentren y se resuelva este problema”.

Aunque los estudiantes no aparecieran con vida, la “tía” dice que siempre vivirán en ella: “Siempre estarán vivos porque para nosotros nuestros hijos son el tesoro más grande, lo más valioso que tenemos en la vida. Y siempre viviremos para ellos. Y siempre estarán con nosotros aunque sea en la mente. Mientras vivamos, siempre vivirán con nosotros”.

Doña Neme no pierde la esperanza de ver a sus muchachos regresar por el camino de tierra que une la carretera de Tixla con la escuela. “Esperamos en Dios que los veamos vivos. Esa es la fe de nosotros: que Dios nos conceda verlos vivos de nuevo”, dice. Entre los 43 desaparecidos, doña Neme tiene a dos de sus sobrinos.

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