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Autoridades blindan Chilpancingo a dos meses de la desaparición de 43 estudiantes

Autoridades blindan Chilpancingo a dos meses de la desaparición de 43 estudiantes

Chilpancingo se blinda con dos mil de policías federales y dos tanquetas antimotines previendo manifestaciones.

Dos meses después de la trágica noche del 26 de septiembre en la que desaparecieron 43 estudiantes en Iguala, Guerrero, la capital del estado se blinda con dos mil de policías federales y dos tanquetas antimotines previendo manifestaciones.

Los federales llegaron al helipuerto de Chilpancingo en la madrugada del miércoles a bordo de una veintena de camiones, flanqueados por dos tanquetas especializadas en el lanzamiento de chorros de agua a alta presión para dispersar manifestaciones.

Al filo de las 10 de la mañana, cerca de 600 oficiales permanecían formados en la pista del helipuerto, equipados con cascos y escudos.

Tras seis horas de que manifestantes bloquearan la Autopista del Sol en ambos sentidos sin permitir el paso de ningún vehículo, los asistentes a la marcha comenzaron a retirarse al norte de la capital del estado, donde permanece su plantón. La fila de autos y camiones se extiendió por varios kilómetros durante estas horas y algunos turistas tuvieron que caminar con maleta en mano en busca de salir de la zona.

Se anticipa que esta jornada habrá distintas manifestaciones en la capital de Guerrero, escenario en las últimas semanas de violentas manifestaciones y toma de edificios públicos.

La desaparición de los estudiantes de la escuela de maestros de Ayotzinapa desnudó la colusión de autoridades y narcotráfico. Los jóvenes fueron atacados a tiros en Iguala, en el sureño estado de Guerrero, por policías corruptos bajo órdenes del alcalde vinculado con el cartel Guerreros Unidos.

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Según las autoridades, tres sicarios narcos detenidos confesaron que los policías se los entregaron, que los mataron y quemaron en una hoguera que ardió por 15 horas, y lanzaron a un río los restos calcinados y triturados.

México aún no se repone de esa noche de horror. "Marcó un despertar civil. La clase política está en entredicho, pero el país se topó de frente con la cruda realidad que muchos no querían ver", opinó Jorge Hernández, analista de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Cada día, en una ebullición social de baja intensidad, han ocurrido protestas, algunas con quema de edificios estatales y bloqueos, que pasaron en este tiempo del clamor "¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!" al de "¡Fuera Peña Nieto!".

Los padres de los estudiantes, que no aceptan la versión oficial, exigen al gobierno que los busque y se los devuelva vivos. "Eso es casi un imposible, como pedir la renuncia de Peña Nieto. Aquí se aprovechan los anarquistas, con agenda propia, para desestabilizar", dijo el académico José Antonio Crespo.

Crisis provoca cambio de rumbo en seguridad

A sesenta días de que 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa desaparecieran a manos de criminales, la indignación no cede en las calles y el gobierno se ha visto obligado a cambiar de rumbo para frenar la violencia y enfrentar la impunidad y corrupción.

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El presidente Enrique Peña Nieto, en su peor crisis en dos años en el poder, anunciará el jueves reformas en la justicia y la creación de una policía única que controle a las policías municipales, infiltradas por el crimen organizado.

"Se deben tomar decisiones donde hay debilidades del Estado mexicano", adelantó el ministro de Gobernación (interior), Miguel Angel Osorio Chong.

El plan, para cuya ejecución se creará una comisión de todos los poderes del Estado, establecerá filtros para detectar funcionarios en el crimen organizado y reformas legales anticorrupción, que han estado durmiendo en el Congreso.

"Veremos qué profundidad tendrán esas medidas. Hasta ahora el presidente no ha tenido una respuesta coherente a la crisis y tiene que dar una válvula de escape, ocuparse de lo que no había atendido: la corrupción y la violencia", declaró a AFP el experto en seguridad Alejandro Hope.

Últimatum se cumple en diciembre

Bajo la amenaza de recrudecer las protestas, estudiantes de Ayotzinapa dieron esta semana al mandatario un "ultimátum" para que renuncie el 1 de diciembre, cuando se cumplen dos años de su investidura.

Para Peña Nieto, quien devolvió el poder al hegemónico Partido de la Revolución Institucional (PRI), sectores de los manifestantes buscan "desestabilizar" a su gobierno, molestos por sus reformas energética y educativa.

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"El gobierno está pasmado. Este debería ser un punto de inflexión para hacer medidas más profundas, de anticorrupción, que toda la clase política acepte, quiera o no", consideró Crespo.

Un influyente editorialista, Ciro Gómez Leyva, fue tajante sobre la relevancia del anuncio que hará el presidente ante la tormenta que le cae: "No tendrá una segunda oportunidad".

La crisis también derrumbó la imagen de reformador de México de que gozaba Peña Nieto aún hace dos meses. Ha sido blanco de mítines de repudio en ciudades del mundo y de presiones de organismos humanitarios por una investigación transparente de lo sucedido en Iguala.

Habituado a hablar sin reparos, el presidente uruguayo José Mujica llegó a afirmar que la desaparición de los estudiantes mostraba a un "Estado fallido". Aunque en seguida se retractó, ya había echado sal a la herida.

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