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Univision.com acompañó un vuelo de ayuda humanitaria a Puerto Príncipe

Univision.com acompañó un vuelo de ayuda humanitaria a Puerto Príncipe

Haití está tan cerca que se puede desayunar en Miami, visitar un hospital en Puerto Príncipe y volver a almorzar.

Univision.com acompañó un vuelo de ayuda humanitaria a Puerto Príncipe d...

Mucho equipaje, no tantos pasajeros

PUERTO PRÍNCIPE - Haití está tan cerca que desde Miami se puede volar después de desayunar en casa, llegar a Puerto Príncipe para entrevistar a doctores, heridos y paramédicos en un hospital, hacer fotos a los campamentos de las tropas internacionales, entregar un cargamento de ayuda humanitaria y volver a tiempo de almorzar al sur de Florida.

Eso es precisamente lo que he hecho la mañana del viernes en un vuelo chárter de ayuda humanitaria.

Para ayudar a través de Univision y la Cruz Roja llama al 1-800-842-2200.

Billy Ford llevaba desde 1997 sin volver al país en el que creció. A este anestesiólogo de 47 años que ahora vive en Nueva Jesey le han contado que la casa de su padre, donde jugaba de niño, está intacta a tan solo 15 minutos del centro de Puerto Príncipe. Le gustaría verlo con sus propios ojos, pero no cree que pueda, ya que seguramente pasará los próximos días sin salir de alguno de los barcos que la Marina estadounidense tiene en la bahía de la capital haitiana.

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Billy voló el jueves desde Nueva Jersey a Florida para unirse al chárter de ayuda humanitaria. El equipo de American Airlines que fletaba el avión había citado a los voluntarios a las 5:30 a.m. en la nueva terminal del Aeropuerto Internacional de Miami. Pero en vez de pasar el control de seguridad como en cualquier vuelo comercial, nos montamos en un autobús que nos llevó directamente hasta las pistas. Allí subimos a un Boeing 737 sin pasar ninguna revisión más que mostrar el pasaporte.

La mayoría de pasajeros eran médicos y enfermeros de organizaciones que están ayudando sobre el terreno, como Medishare -de la Universidad de Miami-, Yele Haiti –la ONG fundada por Wyclef Jean- o el hospital Jackson Memorial.

El vuelo iba medio vacío de viajeros, pero las bodegas estaban a rebosar. Hasta tal punto que, después de casi una hora esperando la carga del equipaje, fue necesario subir muchas bolsas a la cabina y colocarlas incluso en los asientos vacíos. Medicinas, comida y agua que todo tipo de organizaciones –desde ONGs hasta el Seminole Hard Rock Café- entregan a las aerolíneas para que puedan llegar a Haití. American Airlines ha transportado más de 125 mil libras en 13 vuelos de este tipo desde el terremoto.

Hora y media de vueloEl avión despegó a las 7:57 a.m. Hora y media después aterrizábamos en el aeropuerto Toussaint Louverture tras volar sobre los buques que dan apoyo desde el mar. Uno será el destino de Billy para los próximos días.

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Billy, jefe de anestesiólogos del hospital St. Barnabas del Bronx, Nueva York, esperaba encontrarse con sus hermanos, también doctores, que llevan ya una semana en Puerto Príncipe. Orgulloso, me enseña en su iPhone la foto de su hermano Honore, cirujano jefe del Los Angeles Children Hospital, operando junto al médico-periodista de CNN Sanjay Gupta a una chica de 12 años a bordo del portaaviones USS Carl Vinson.

El otro hermano, Jean, es especialista pulmonar y también vive en Estados Unidos, pero su hermana es profesora en un colegio de Puerto Príncipe y, aunque se salvó del terremoto, ayer voló a Nueva York vía Orlando en un avión militar. Billy y ella se cruzaron en el aire.

A Billy lo destinarán allí donde se estén realizando más operaciones que requieran anestesiólogos, así que él mismo concluye que será a uno de los barcos. Pero sus hermanos le han pedido que, sobre todo, llevara material ortopédico para curar fracturas.

Infecciones y "reamputaciones"

La necesidad de asistencia sanitaria sigue siendo "brutal", asegura Javier Padillo, cirujano jefe del hospital Virgen del Rocío en Sevilla, España. Padillo explica que más de una semana después del terremoto siguen recibiendo heridos que aún no han sido atendidos.

Además de las infecciones, están teniendo que hacerse muchas "reamputaciones", explica este doctor español, porque se producen muchas necrosis y es necesario volver a cortar el miembro más arriba.

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A la entrada del hospital de campaña instalado por la Universidad de Miami junto al aeropuerto espera Blondine, de cuatro años, mientras su madre da de mamar a un bebé. El padre me explica con el poco inglés que habla que Blondine tiene un problema en los ojos. Hubiese dado igual que no nos entendiéramos en absoluto, porque por las enormes legañas que rodean los ojos es evidente que tiene una infección. No parece nada raro, teniendo en cuenta el fuerte viento que sopla, la humedad y calor insoportables, la cantidad de polvo que se respira y la basura que se acumula en cada esquina. Pocos escenarios más propicios para que se propaguen las bacterias.

Médico y traductor

Por eso Kansky Delisma, especialista en medicina interna y emergencias de la Universidad de Miami que viajaba en el mismo vuelo, cargó un arsenal de antibióticos, cremas para las heridas y jarabes para la tos, ya que esperaba encontrar multitud de casos de infecciones respiratorias e infecciones postquirúrgicas. Además, viajó con un material básico de sutura, máscaras, guantes.

Pero Delisma no sólo atenderá enfermos, también espera poder hacer de traductor para otros doctores, ya que aunque lleva viviendo fuera de Haití desde que se graduó del High School en 1986, el creole sigue siendo su lengua materna. Delisma tratará también de ver a su familia, que no perdió a nadie en el terremoto, aunque sí que murieron parientes lejanos, aclara. Pero aterrizó en Puerto Príncipe sin saber dónde ni cómo dormiría las próximas noches.

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"Me llevo uno de éstos. Éste será mi saco de dormir", asegura con una de esas bolsitas que dan en los aviones con una manta pequeña y una almohada.

Un parto milagroso

"Yo ya no sé ni qué día llegué", dice Michael Saavedra, un bombero paramédico de 26 años que explica que el hospital de campaña del aeropuerto hubo que moverlo para ampliarlo y dar cabida a más heridos y enfermos.

Michael, su hermano gemelo Alexander y otro compañeros suyos de Miami pasaron toda la semana moviéndose por distintos barrios de la ciudad, asistiendo a gente que simplemente se topaban en la calle. Durmieron varios días en el orfanato God's Planet for Haiti, dirigido por Grant Rimback, quien les proporcionó transporte para acudir a zonas alejadas y menos atendidas como Leogane, al suroeste de la capital.

Tras sentir junto a los niños del orfanato el segundo terremoto de 6.1 grados en la escala Richter, los Saavedra acudieron a Leogane y se encontraron con una persona que había quedado atrapada mientras intentaba entrar a las ruinas de una casa. Después de liberarla de parte de un muro que le había caído sobre una pierna, la tumbaron en su camioneta.

"Vi una cabecita"

"Creíamos que era un hombre, porque estaba calvo", explica Michael. "Pero cuando empezamos a cortarle los jeans para ver la pierna, vimos que era una mujer".

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La mujer, según cuentan los hermanos, estaba acurrucada con los brazos cruzados sobre el vientre, y no quería que la tocaran.

"Entonces, al sacarle los jeans, vi una cabecita", recuerda Michael. La mujer, embarazada de 8 meses, estaba dando a luz de forma repentina debido al accidente.

El bebé nació con dificultades para respirar, pero logró sobrevivir después de ser entubado durante seis horas por unos médicos israelíes que llegaron al lugar.

La mujer tenía el fémur fracturado.

"Bueno, eso creemos, -explica Alexander-. Porque íbamos palpando los huesos para identificar las fracturas. No hay rayos-x. Ahorita están llegando".

"Ahorita" es 10 días después del terremoto.

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