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Sandinistas celebran aniversario popular

Sandinistas celebran aniversario popular

La revolución sandinista del 19 de julio de 1979 puso fin a 45 años de dictadura en Nicaragua, levantando la bandera de la igualdad.

Miles de jóvenes guerrilleros ingresaron a Managua el 19 de julio, siendo vitoreados por cientos de miles de nicaragüenses que soñaban con la democracia, la igualdad y la justicia social, tras soportar años de dictadura de la familia Somoza.

La revolución sandinista, apoyada ampliamente en el mundo, prometió redimir a los más pobres, darles tierra, trabajo, educación, vivienda y salud.

En ese contexto se inscribe la reforma agraria y urbana de la propiedad, la cruzada de alfabetización, la reducción de la mortalidad infantil y materna con las jornadas populares de salud.

Estos cambios se fundamentaban en una economía mixta, el no alineamiento y el control del Estado sobre las formas de producción.

Sin embargo, a pocos meses del triunfo, que fue apoyado incluso por el presidente estadounidense Jimmy Carter, los nueve comandantes de la Dirección Nacional del FSLN delinearon un proyecto estatizante y socialista.

Una alianza con los empresarios se quebró, la revolución confrontó a la influyente Iglesia Católica, expropió a los campesinos y colectivizó las tierras, se enfrentó a Estados Unidos, y así se comenzó a fraguar la contrarrevolución.

"Fue un proceso muy intenso, contradictorio, que por tocar las fibras más sensibles de la sociedad provocó enormes contradicciones", afirmó el ex vicepresidente sandinista y escritor, Sergio Ramírez.

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La contrarrevolución armada comenzó a surgir en 1981 y se fue nutriendo de cientos de campesinos, lo que fue respondido por el gobierno con la construcción de un enorme ejército, que se abastecía de jóvenes mayores de 16 años que fueron conscriptos.

Al pasar los meses, la administración de Ronald Reagan no soportó el alineamiento de los sandinistas con Cuba y la Unión Soviética, y alentó, financió y armó la contrarrevolución contra el gobierno dirigido por Daniel Ortega.

La economía comenzó a colapsar y la guerra civil a desangrar a la juventud. Todos esos factores llevarían en 1990 a la derrota electoral de la revolución.

El novelista ahora retirado de la política consideró que no se puede juzgar a la revolución en términos de sus resultados materiales porque la etapa que le sucedió en la que se proclamó una filosofía de libre mercado y privatización tampoco ha resuelto los problemas.

Veinticinco años después, un 70 por ciento de la población de 5.2 millones de habitantes están sumidos en la pobreza, el hambre, el desempleo y desesperanza que les lleva a emigrar a otros países para mejorar su situación.

"Veo mucha gente derrotada (...) la pobreza derrota mucho, crea mucha desesperanza y mucha apatía", señaló Ramírez.

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La revolución fue una etapa de "luces y sombras, de aciertos y errores" a la distancia de 25 años es difícil valorar si las cosas pudieran haber sido distintas, porque entonces, "estábamos marcados por la arrogancia del poder, la inexperiencia, aunque predominó la tesis del engreimiento", dijo en forma de autocrítica el comandante Tomás Borge.

El dirigente de 74 años, único sobreviviente de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), considerado como uno de los más radicales dentro del Partido, refutó las críticas que le atribuyen a la conducción revolucionaria de defraudar la esperanza que despertó la revolución en Nicaragua y allende de sus fronteras.

"Nosotros fuimos derrotados por un poder inmenso, el poderío de Estados Unidos y por nuestros propios errores" que limitaron las posibilidades de hacer mayores transformaciones en el campo económico y social.

Para Borge la obra revolucionaria "esta inconclusa. aquella revolución dejó caer una semilla. Ahí está; esperando el momento exacto para producir los frutos, porque a veces sus cosechas son a largo plazo".

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN-izquierda) celebrará el 25° aniversario de la revolución, ahora desde la oposición y desoyendo el clamor de sus bases que reclaman renovar la dirigencia para poder ganar las elecciones de 2005.

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Tras la derrota electoral de 1990 y la acumulación de dos fracasos electorales en 1996 y 2001, todo apunta a que la cúpula sandinista insistirá en llevar al ex presidente Daniel Ortega como candidato presidencial el año proximo, pese a la oposición de un amplio sector de militantes.

Sectores dentro y fuera del FSLN consideran que Ortega es responsable de las derrotas electorales pasadas, debido a que como presidente en la década de los 80, arrastra en la conciencia de la gente el recuerdo de la guerra y las limitaciones económicas que le tocó vivir.

"El aspira (a ser el candidato) y muchos de nosotros pensamos que debe ser así", dijo el ex comandante Tomás Borge, quien fuera ministro del Interior en el gobierno sandinista y actualmente es diputado de la agrupación opositora.

Pese a que la dirigencia intenta evadir el tema alegando que es muy temprano para ello, el entorno de Ortega y el mismo Borge defienden la candidatura como la única capaz de confrontar a la derecha y ganar las elecciones.

Un conato de rebelión del alcalde de Managua, el también sandinista Herty Lewites, que en marzo anunció su intención de disputarle la candidatura a Ortega, fue neutralizado por la maquinaria del partido.

El edil capitalino mantiene un estilo no confrontativo al frente de la administración municipal, y sondeos de opinión le colocan como la personalidad política de mayor aceptación en el país, por encima del presidente Enrique Bolaños.

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