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Raúl, el hermano pragmático

Raúl, el hermano pragmático

El sucesor de Fidel Castro afronta el reto de asegurar el futuro de la revolución con la disyuntiva entre el inmovilismo y la renovación.

Política continuista

LA HABANA - Raúl Castro, que durante cerca de medio siglo siguió la estela de su hermano Fidel, afronta a los 76 años el reto de asegurar el futuro de la revolución con la disyuntiva de optar entre el inmovilismo y la renovación.Sucesor designado de Fidel casi desde el triunfo del ejército rebelde, en enero de 1959, Raúl Castro supo mantenerse en un segundo plano para desempeñar su papel de ministro de las Fuerzas Armadas y cubrir las espaldas de su hermano en los malos tiempos.

El 31 de julio de 2006, por primera vez en la historia de la revolución, asumió provisionalmente el poder debido a la grave enfermedad del líder cubano.

Desde entonces, arropado por seis "pesos pesados" del Partido Comunista y del Gobierno de la confianza de Fidel Castro, se enfrenta a la difícil tarea de conducir las riendas del país sin hacer sombra al comandante en jefe.

Considerado más pragmático pero menos carismático que su hermano, durante su primer año de gestión ha mantenido una política continuista, aunque con un nuevo estilo marcado por escasas intervenciones públicas y mensajes breves y concretos.

"Cuando alguien trata de imitar, fracasa", afirmó el pasado diciembre, durante un acto con jóvenes comunistas en el que dibujó las líneas de un modelo basado en decisiones colegiadas entre los cuadros del Partido y el Gobierno.

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En este periodo ha expresado su propósito de combatir la corrupción y buscar soluciones a los problemas cotidianos de la población, ha pedido cuentas a los ministros en público y ha relevado a los titulares de cuatro importantes ministerios.

Pero no ha logrado cambios significativos en el día a día de los cubanos y las reformas económicas que muchos esperaban del general Castro no se han producido.

Pese a su fama de hombre duro y ortodoxo, a él se deben algunas de las medidas aperturistas adoptadas por el régimen en momentos críticos.

En 1994, en pleno periodo especial, impulsó la apertura de los mercados libres campesinos para garantizar los alimentos a la población: "hoy valen más los fríjoles que los cañones", dijo entonces.

Los nuevos retos

Ahora, su mayor reto es mejorar la economía y corregir las desigualdades reconocidas por el propio sistema sin alterar los principios de la revolución.

Una revolución en la que ha jugado un papel decisivo como primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, segundo secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) -puesto creado expresamente para él- y ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Bajo su dirección, las FAR han servido tanto para defender al país militarmente como para garantizar su supervivencia económica tras el desplome del bloque soviético.

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Sus "soldados-empresarios" se formaron en escuelas internacionales de negocios y tejieron una red de compañías para hacer rentables sectores económicos claves.

"Nos esforzamos por aportar ingresos mediante el redimensionamiento y la reorientación de las producciones y servicios del sistema empresarial de las FAR, con el empleo de las técnicas de gestión más modernas, perfectamente aplicables en una economía socialista", declaró en 2001, en una de las pocas entrevistas que ha concedido en su vida.

El "Ministro", como se le conoce en el ámbito militar, cuenta con el apoyo sin fisuras de la cúpula del Ejército, según el analista canadiense Hal Keplak, autor de uno de los más reconocidos libros sobre el ejército cubano, Cuba's Military 1990-2005, que no circula en la isla.

"Raúl ha sido y es un extraordinario forjador de cuadros (...) es un hombre sumamente organizado, ordenado, sistemático, exigente, que predica con el ejemplo", explicaba en una entrevista el general retirado José Ramón Fernández.

"Es un revolucionario que conjuga muy bien lo político con lo militar", según el general Ramón Espinosa, que fue jefe del Ejército Oriental.

La cúpula del Ejército, que ronda los 60 años de media, ve en Raúl Castro a un jefe capaz de conducir con éxito el rumbo de la revolución, aunque su avanzada edad obliga a plantearse el tema del relevo generacional.

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Raúl Castro no ha dejado de lado este problema.

"Nosotros estamos concluyendo el cumplimiento de nuestro deber, hay que darle paso a nuevas generaciones o seguirle abriendo paso a nuevas generaciones, paulatinamente", afirmó en diciembre.

En su equipo cuenta con dirigentes que pueden establecer un puente hacia esas nuevas generaciones, como el vicepresidente Carlos Lage, de 55 años, o el canciller, Felipe Pérez Roque, de 42.

Castro enviudó el pasado junio de Vilma Espín, su compañera desde la lucha en la Sierra Maestra, con quien tuvo cuatro hijos: Mariela, Nilsa, Deborah y Alejandro.

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