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¿Quién está tras el atentado en Chile?

¿Quién está tras el atentado en Chile?

Una ola de bombazos ha impactado a Chile. Analistas explican a DW las repercusiones de estos ataques.

Desde el año 2005 a la fecha, en Chile ha habido cerca de 200 atentados explosivos en distintas ciudades del país, especialmente en la capital, Santiago. Siempre hubo un modo de actuar estandarizado: explosiones nocturnas contra sucursales bancarias eran la tónica, con el fin de destruir dispensadores de dinero (cajeros automáticos se les llama en Chile), a veces reivindicando por medio de panfletos dispersas exigencias políticas contra el sistema.

Sin embargo, el ataque del lunes 8 de septiembre en el centro comercial del metro Escuela Militar, en el sector oriente de Santiago, alertó a las autoridades. Primero, porque ocurrió en un lugar muy concurrido a la hora de almuerzo. Segundo, porque hubo 14 heridos, tres de ellos de gravedad, y una persona incluso perdió dedos de una mano. Y tercero, porque responde a una seguidilla de eventos que han puesto la atención sobre la inseguridad en el país latinoamericano que siempre se ha jactado de gozar de altos estándares en esa materia.

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En julio, una bomba explotó en un carro de metro vacío. Por esas mismas fechas, se produjeron ataques en una iglesia en el centro de Santiago, una comisaría de Carabineros y una instalación de Gendarmería, entre otros. Además, el 7 de septiembre un grupo de encapuchados intentó quemar a un periodista que cubría una marcha por los derechos humanos. Horas después de la bomba que dejó 14 heridos, otro artefacto explotó en un banco en la comuna de San Miguel. La Justicia investiga los casos con un fiscal que tiene dedicación exclusiva, sin que se exhiban grandes resultados hasta el momento.

Factor histórico

La reacción del gobierno ante la explosión del metro Escuela Militar, donde una bomba fabricada con un extintor estalló dentro de un basurero, fue inmediata. Se habló de ataque cobarde, la presidenta Michelle Bachelet anunció reformas a la Ley Antiterrorista y el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, afirmó que el gobierno no descansará hasta dar con los responsables. Bachelet, además, visitó a los heridos más graves y sostuvo que si bien se trató de un ataque terrorista, en Chile no hay terrorismo. “El país sigue siendo seguro”, afirmó. Por lo demás, septiembre siempre ha tenido connotaciones especiales en Chile: se cumple un nuevo aniversario del golpe de Estado y también del atentado contra Augusto Pinochet.

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El analista político Cristóbal Bellolio, académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, dice a DW que la reacción del Ejecutivo “se enmarca dentro de lo correcto. Pero eso no significa que todo esté bajo control. Hasta hace poco, la Nueva Mayoría (coalición que gobierna Chile) repetía que el terrorismo no existía en Chile”. A juicio del experto, el ataque del lunes tiene un segundo efecto que podría afectar a Bachelet: “Hasta hace dos semanas todos hablábamos de la reforma educacional. Hoy los temas son la desaceleración de la economía y la inseguridad pública, un escenario semántico más favorable a la derecha”.

Su colega Patricio Navia, profesor en la Universidad de Nueva York, dice que “ningún gobierno se siente cómodo aceptando que hay terrorismo en su país, porque eso pone en duda qué tan bien está haciendo su trabajo”. Pero añade a eso un factor histórico: “En su lucha por recuperar la democracia, varias de las actuales autoridades participaron en actos de violencia contra la dictadura. En esa época, se acusaba de terroristas a los que querían restablecer la democracia. Por eso, la palabra tiene una carga emocional que no puede ser ignorada”. Sin embargo, el experto afirma que “Chile es un país seguro. Hay menos delincuencia que en el resto de América Latina. Precisamente por eso hay tanto miedo. En un país donde estas cosas no ocurren, cualquier ataque menor genera mucho temor”.

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Cambios a la Ley Antiterrorista

Mientras la policía chilena va tras la pista de dos jóvenes captados por las cámaras de seguridad arrojando una bolsa dentro del basurero poco antes de la explosión, la empresa Metro decidió retirar los basureros de las estaciones, para evitar que nuevos artefactos sean escondidos en ellos. Más allá de esas medidas cosméticas, la presidenta Michelle Bachelet anunció que se modificaría la Ley Antiterrorista para hacerla más eficiente, al tiempo que anunciaba que sería invocada ante el último ataque. Es la tercera vez en seis meses que su gobierno utiliza este remanente legal de la dictadura militar.

Navia contextualiza: “Como candidata, Bachelet prometió que no usaría la Ley Antiterrorista para lidiar con el conflicto mapuche, limitando sus propias alternativas y generando la percepción de que sería débil para combatir el terrorismo si éste estaba asociado con ese conflicto. Por eso ahora la derecha está interesada en aprovechar la ocasión para dañar a la presidenta. Aunque no se conocen las causas del atentado ni a los responsables, la derecha ha aprovechado de golpear a Bachelet como una presidente débil contra el terrorismo”.

Cristóbal Bellolio, en tanto, no cree que pueda configurarse un escenario donde sea posible hablar de terrorismo a gran escala. “No estamos seguros de quiénes están detrás de estos ataques cobardes, pero el sentido común indica que son acotados grupos pseudoanarquistas con rasgos sociopáticos. Es decir, no parece haber un petitorio claro y consistente de parte de una organización, como ocurre en otras partes del mundo donde los terroristas tienen demandas nacionalistas o religiosas”.

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