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Piden que historia condene a Pinochet

Piden que historia condene a Pinochet

Líderes y políticos están conmocionados por la muerte, un tanto esperada por el estado de salud de Pinochet.

El presidente de Guatemala, Oscar Berger, lamentó el deceso y dijo que será el pueblo chileno el que lo juzgará por sus actos.

"Mi opinión es: lamento la muerte del señor Pinochet y que sea su población, los chilenos, los que lo juzguen", dijo Berger a los periodistas, tras inaugurar un plan de seguridad para las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

Varios dirigentes humanitarios guatemaltecos también lamentaron que con la muerte de Pinochet los miles de crímenes y desapariciones en Chile queden en la impunidad.

Por su parte, el escritor chileno Jorge Edwards dijo que espera que después de su muerte se forje en Chile "un mayor consenso nacional" y el país se transforme en una "democracia más moderna".

El escritor, Premio Cervantes en 1999, también señaló que pese a que Pinochet falleció sin ser condenado por las violaciones de los derechos humanos, la Justicia llegó, con respecto a su caso, mucho más lejos de lo que lo hizo con otros dictadores, y destacó que su muerte volvió a polarizar a los chilenos.

"Fue como si hubiera vuelto la polarización que hubo en Chile entre uno y otro bando. Pero creo que esos dos extremos, los que celebraban y los que lloraban, eran bastantes minoritarios", indicó.

"Me parece que la opinión central del país es más tranquila y que en el fondo es mucha la gente que se alegra de forma tranquila porque piensa que vamos a dejar atrás todo ese período ¡por fin!, y que vamos a poder transformarnos en una democracia más moderna", recalcó.

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En cuanto a las declaraciones de abogados de derechos humanos e incluso de jueces que han lamentado que no se haya podido condenar al ex dictador (1973-1990) por la responsabilidad que se le atribuye en los crímenes durante su régimen, Edwards fue más optimista.

"Pienso que la Justicia es lenta aquí y en todas partes, pero lo que se hizo en el enjuiciamiento de Pinochet va bastante más lejos de lo que se hizo para enjuiciar a la mayoría de los dictadores del siglo XX ", insistió.

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, afirmó que pensó "en el bien del país", al referirse por primera vez a la muerte de Augusto Pinochet y a su decisión de descartar un funeral de Estado para el ex dictador.

"En una sociedad, en un país, cuando no existen normas, leyes previstas para determinadas situaciones, los líderes, los gobernantes tenemos que tomar decisiones pensando en el país", afirmó Bachelet.

Pinochet murió este domingo, a los 91 años, por problemas cardíacos, y su deceso puso nuevamente en evidencia la división que su figura aún causa entre los chilenos, pues mientras sus partidarios lloraban, sus detractores se volcaron a las calles a celebrarlo.

Tras participar en un acto en La Moneda, en la que recibió las propuestas de una comisión especial para modificar la ley orgánica de enseñanza, Bachelet también dijo a los periodistas que las manifestaciones, a favor o en contra de Pinochet, no le agradan.

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"En las últimas horas hemos visto gestos de división que no nos gustan, pero sé que tenemos, como país y como sociedad, la fortaleza ética para lograr el reencuentro", señaló.

"Esa es la grandeza de un país, ésa es la voluntad íntima de reencuentro sobre la base de una verdad histórica, y los presidentes de Chile debemos pensar en todo, en nuestro pasado, en el futuro que queremos para nuestros hijos y para nuestros nietos", precisó.

El ex dictador Augusto Pinochet, quien no fue sentenciado en vida por su papel en la muerte de miles de chilenos durante su régimen, será condenado por la historia, según el ministro de Economía de Chile, Alejandro Ferreiro.

Para Ferreiro, quien realiza una visita de trabajo a Washington de dos días, la muerte ayer de Pinochet "simboliza probablemente el último estertor" de una época de conflicto entre los chilenos y "quizás despeja definitivamente el camino para un tiempo nuevo".

"El juicio de la historia respecto a lo ocurrido creo que va a ser contundente y condenatorio, desde luego, respecto de las violaciones de los derechos humanos y algunos hechos de corrupción conocidos en los últimos años", dijo Ferreiro.

"En términos políticos, Pichochet había muerto hacia un tiempo ya", señaló el ministro en un hotel de Washington a pocas manzanas de la Plaza Sheriden, donde hace 30 años agentes de la policía secreta de Pinochet asesinaron al ex canciller chileno Orlando Letelier.

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Letelier y su asistente estadounidense Ronnie Moffit fueron dos de las más de 3.000 personas asesinadas o desaparecidas entre 1973 y 1990, cuando Pinochet gobernó Chile, un período en el que decenas de miles de personas fueron detenidas y torturadas por agentes del Estado.

En los últimos años, se ha descubierto además que Pinochet mantenía en el extranjero cuentas secretas con decenas de millones de dólares de origen desconocido.

Pinochet era "un hombre que marca épocas de división", afirmó Ferreiro, quien dijo esperar que su fallecimiento "dé paso a tiempos de mayor unidad entre los chilenos".

"Lo que hemos visto en las manifestaciones en Chile entre quienes lo apoyan y quienes lo rechazan no sólo es expresión de su muerte, es expresión de un conflicto político muy severo que vivió Chile en los 70", señaló.

"Las causas de ese conflicto, creo yo, están en lo fundamental superadas. Hoy en día hay grandes consensos respecto del modelo político, respecto del modelo económico, respecto de la posibilidad de conciliar crecimiento económico y economía abierta con mayores niveles de equidad social", explicó Ferreiro.

"En tal sentido, las causas de las divisiones del pasado tenían que ver con proyectos de sociedad polares y excluyentes, que ya no están presentes en Chile", dijo.

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l presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz 1987, Oscar Arias, afirmó que la muerte del ex dictador Augusto Pinochet "deber servir para lograr la reconciliación de la sociedad chilena".

Arias dijo a la prensa local que reconoce, que a pesar de lo dolorosa que resulta cualquier muerte, "no puedo olvidar que (Pinochet) fue un dictador y que usó el poder para oprimir".

La misma opinión manifestó el presidente de la Asamblea Legislativa costarricense, Francisco Antonio Pacheco, quien afirmó que "ya era hora de que descansara en paz".

"Su desaparición debe significar una reconciliación del pueblo chileno, pues la forma en que ejerció la dictadura borró todo lo positivo que pudo haber hecho por la economía chilena. El precio que tuvo que pagar el pueblo no compensa las realizaciones de Pinochet", agregó.

Para el presidente del Partido Unidad Social Cristiana, Luis Fishman, "la era de Pinochet se debe analizar como una dictadura terrible".

"No hay nada que pueda justificar la pérdida de las libertades y derechos individuales. Los chilenos tuvieron que pagar un precio muy alto", añadió.

Los sindicatos costarricense aludieron a la muerte del ex dictador chileno afirmando que "el genocida murió dejando muchas cuentas pendientes".

La Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (Anep), señaló hoy en un comunicado que Pinochet fue un "gran asesino de dirigentes sindicales y militantes sociales".

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El juez chileno Carlos Cerda, que procesó al ex dictador Augusto Pinochet por el "caso Riggs" y el presunto uso de pasaportes falsos, manifestó hoy su desilusión por no haber podido ofrecer la verdad al país.

"Es una pena y una desilusión porque el estado de Chile fue incapaz de ofrendar a la patria la histórica verdad respecto de las acusaciones de violaciones a los derechos humanos que se conocieron en contra de Pinochet", declaró Cerda a "Radio Cooperativa".

El juez agregó que la muerte del ex gobernante militar le causa "desilusión e impotencia" porque en materia de derechos humanos el Poder Judicial "incurrió en denegación de justicia y muchos de sus miembros, hasta tiempos no tan lejanos, cometieron notable abandono de sus deberes".

Cerda procesó al ex gobernante de facto (1973-1990) por el presunto fraude tributario y uso de pasaportes falsos en el juicio abierto tras el descubrimiento de las cuentas secretas que el general Pinochet tenía en el exterior.

Además, investiga si Pinochet malversó fondos públicos al desviar para uso personal dinero destinado a gastos reservados de la Casa Militar, un organismo asesor de su régimen, por un monto calculado hasta ahora en unos 285.000 dólares (217.000 euros).

La investigación judicial ha concluido hasta ahora que Pinochet acumuló en sus cuentas secretas en el exterior una fortuna de más de 26 millones de dólares (20 millones de euros).

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En este caso, además, están procesados por presunta evasión tributaria y uso de pasaportes falsos su esposa, Lucía Hiriart, y sus hijos Lucía, Verónica, Jacqueline y Marco Antonio, mientras el primogénito de Pinochet, Augusto, está imputado por supuesto uso de pasaportes falsos.

El ex albacea Oscar Aitken y la secretaria del ex dictador Mónica Ananías están procesados como presuntos cómplices de fraude tributario.

Cerda ha sido marginado desde junio pasado del sumario por las millonarias cuentas bancarias en el extranjero del ex dictador tras un recurso de inhabilitación interpuesto por la defensa de Pinochet.

Según los abogados del fallecido dictador, el juez Cerda emitió una opinión previa cuando acusó a su cliente de cómplice del delito de malversación de caudales públicos.

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