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El minero Pablo Rojas saluda a los rescatistas el miércoles 13 de octubre, cuando fue izado a la superficie tras 70 días a 700 metros bajo tierra. Lo acompaña su hijo Mitchel, de 21 años de edad.

Pablo Rojas: "No soy héroe, soy minero"

Pablo Rojas: "No soy héroe, soy minero"

Pablo Rojas fue el minero número 19 en ser izado tras permanecer 70 días bajo tierra Durante una entrevista telefónica aseguró que se encuentra bien y que no se siente "héroe", sino "minero".

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El minero Pablo Rojas saluda a los rescatistas el miércoles 13 de octubre, cuando fue izado a la superficie tras 70 días a 700 metros bajo tierra. Lo acompaña su hijo Mitchel, de 21 años de edad.

Reportaje número 19 de 33 historias de esperanza

Pablo Rojas, de 47 años de edad, fue el minero número 19 en ser izado a la superficie el miércoles 13 de octubre tras permanecer 70 días bajo tierra a unos 700 metros de profundidad. Durante una entrevista telefónica aseguró que se encuentra bien, "asistiendo al doctor, a terapia, todos los días" y que aprovecha cada momento del día para estar junto a su esposa y su único hijo, Mitchel, de 21 años de edad.

Este es el décimo noveno artículo de la serie " 33 historias de esperanza" que serán publicados durante 33 días, con la vida de cada uno de los mineros rescatados en Chile.

Rojas es un hombre de pocas palabras. Pero cuando las dice va directo al grano, sin titubeos. Semanas antes del accidente del 5 de agosto, cuando él y otros 32 trabajadores quedaron sepultados, había advertido a sus jefes que la mina San José "lloraba", una clara señal que había amenaza de derrumbes.

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"Yo siempre he sido minero", contó. "Al igual que mi padre y mi abuelo. Ellos también, como yo, siempre vivieron en Copiapó (a 850 kilómetros al norte de Santiago) y me enseñaron a trabajar en la mina para sacar oro y cobre".

Crisólogo Rojas, un pirquinero de la zona, asegura que los mineros como Rojas "llevan el oficio en la sangre" y que por esa razón sus advertencias "hay que tomarlas muy en serio". Pero la denuncia de Rojas, que la mina estaba “llorando” nadie la escuchó y vino la tragedia que, 70 días más tarde terminó de manera feliz, con los 33 mineros sanos y salvos.

"Cosas que pasaron"

La odisea dio la vuelta al mundo y muchos consideran que los 33 son verdaderos héroes de carne y hueso. "Pero yo no lo soy", atajó Rojas. "Yo soy minero. Son cosas que pasaron, nomás".

La familia de Rojas no se cansa de dar gracias a Dios por el rescate. Y señalan que es un agradecimiento triple, porque además de Pablo en el grupo de los 33 también estaban sus primos Esteban Rojas y Víctor Segovia, con quienes compartió el increíble cautiverio.

De los 70 días bajo tierra Rojas no habla, no cuenta, no comparte. El silencio se prolongó varias veces durante la entrevista. En una de esas, dijo: “Todos los días voy al doctor. Estamos en terapia. Yo estoy bien, más calmado y con licencia médica”.

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Los 33 están desempleados porque el Yacimiento San Esteban, dueño de la mina San José "donde ocurrió el accidente-, fue cerrado y enfrenta un juicio en una acción legal emprendida por el gobierno y los propios mineros para dilucidar daños y responsabilidades.

"Pero igual nos están pagando el sueldo. Son como $400,000 (pesos chilenos, unos 900 dólares mensuales). Eso no alcanza para vivir con la familia. Pero como estamos recién con licencia, no sabemos nada todavía de las ayudas que nos van a dar. Hay que tener paciencia", explicó.

De los riesgos que a diario se vivían bajo tierra Rojas nunca contó nada a su familia. Ahora algunos dicen que le "tomó gusto" a la adrenalina, y que se trata de un hombre que "casi nunca cuenta nada".

Su mayor tesoro

A la pregunta de cuáles son sus metas a corto plazo, Rojas dijo: "Trabajar, seguir trabajando, nomás. No queda otra". Si bien la respuesta refleja un conformismo sin salida, para el minero número 19 el descender a las profundidades de la tierra tiene un enorme sentido: reunir el dinero suficiente para pagar los estudios universitarios de su único hijo, Mitchel, de 21 años de edad.

"Él está en segundo año de kinesiología en la universidad", dijo. "Yo no quiero que sea minero".

En septiembre, durante los festejos del Bicentenario en Chile, Mitchel Rojas portó la bandera que encabezó las conmemoraciones en Santiago. El joven recorrió más de 5,500 kilómetros con el emblema nacional y motivó a cientos de miles de personas a que no se rindieran, que unieran sus oraciones y esperanzas y pudieran a Dios su intersección para sacar a los 33 de las garras de la muerte.

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Después de la caminata y al término de las fiestas, Mitchel se fue a vivir al campamento Esperanza, a los pies de la mina San José, a esperar pacientemente hasta el día en que pudo abrazarlo y darle un beso.

"Yo siempre he estado orgulloso de mi hijo. Yo quiero que siga estudiando, nomás. Yo no quiero que sea minero, quiero que se gradúe de la Universidad", indicó.

Viaje a España

Dos semanas después de ser rescatados, cuatro de los 33 mineros, uno de ellos Pablo Rojas, fueron invitados a España para participar en un programa de televisión y fueron invitados a un partido del club de fútbol Real Madrid.

Fueron alojados en un hotel de cuatro estrellas de la capital española y soportaron durante cinco días el asedio de los periodistas.

"No me gusta", protestó Rojas. "No me gusta".

Algunos medios españoles indicaron que los invitados se veían asustados y que no esperaban ser tan famosos fuera de las fronteras de Chile.

De regreso en Chile, Rojas y los otros 32 siguen acudiendo todos los días a terapia sicológica y otros controles médicos establecidos de acuerdo a un plan elaborado por las autoridades del Ministerio de Salud.

"Espero que pronto sea dado de alta para volver a trabajar. Estoy listo, como todos los mineros", concluyó.

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