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El minero Carlos Barrios sale de la cápsula Fénix tras 70 días a 622 metros bajo tierra junto a otros 32 trabajadores de la mina San José, en Copiapó, desierto de Atacama. norte de Chile.

Los errores en el rescate de los mineros chilenos

Los errores en el rescate de los mineros chilenos

En las primeras 50 horas los 33 mineros intentaron salir por sus propios medios. Subieron hasta los 330 metros, pero un segundo derrumbe los hizo regresar al refugio, donde permanecieron 70 días.

El minero Carlos Barrios sale de la cápsula Fénix tras 70 días a 622 met...
El minero Carlos Barrios sale de la cápsula Fénix tras 70 días a 622 metros bajo tierra junto a otros 32 trabajadores de la mina San José, en Copiapó, desierto de Atacama. norte de Chile.

El comienzo del rescate estuvo plagado de dudas

Pese al "código de silencio" impuesto por los 33 mineros que permanecieron 70 días atrapados a unos a 622 metros bajo tierra en la mina San José del yacimiento San Lorenzo, en Copiapó, ubicado 850 kilómetros al norte de Santiago, comienzan a filtrarse datos que permiten conocer qué sucedió durante las primeras horas del primer derrumbe, a eso de las 14:00 horas del jueves 5 de agosto, poco antes de finalizar el período de almuerzo.

Y también errores en el rescate. Un simple sensor a la entrada de la mina, o en los alrededores del lugar, hubiese alertado a los rescatistas y a los familiares menos de 24 horas después del colapso que había sobrevivientes.

Intentaron salir solos

Los sucesos ocurridos durante los primeros 17 días bajo tierra sólo lo conocen los 33 y familiares que hablaron con ellos por teléfono durante los 70 días a 622 metros bajo tierra.
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Crisólogo Rojas, tío del minero Carlos Barrios, un pirquinero que colaboró con los equipos de rescate dirigidos por el ministro de Minería, Clarence Golborne, conoce algunos detalles. "Los niños intentaron avanzar por la chimenea. Avanzaron tanto (entre el jueves y el viernes, las primeras 24 horas después del derrumbe), unos 330 metros hacia la superficie), pero después no pudieron seguir avanzando porque no había escalera, no había nada de nada, se tuvieron que devolver".

Agregó que "los niños adentro hicieron lo imposible por salir. Quemaron sacos con aceite y la gente (rescatistas) nunca puso aparatos alrededor del cerro (donde se ubica el yacimiento) para detectar si había señales de vida. Ahora los rescatistas reconocen, don Miguel Fortt reconoce que fue una falla del rescate no haber puesto sensores de esos que captan gases".

"Incluso ellos (los mineros) también hicieron pequeñas detonaciones para ver si las escuchábamos arriba. Tampoco las escuchamos nunca", precisó.

Miguel Fortt, un ingeniero de minas que vive en Copiapó y participó en las tareas de rescate, aseguró que redacta un informe donde se incluyen estos detalles escasamente divulgados. "Eso fue mi primer error. Porque cuando yo subo, el sábado en la noche y había un desorden y una animosidad del rescate tan grande, que no tuve la calma suficiente para hacer poner sensores dentro de la cavidad de la mina, en la superficie, poner observadores para poder determinar si había olor de géneros quemados, cosa que hicieron, de detonaciones, pequeñas cargas de explosivos para escucharlas a través de sensores con el simple oido. Ese fue el error que yo cometí para mi diagnóstico preliminar".

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"Porque yo con eso hubiera tenido la certeza absoluta de que estaban vivos abajo", aseguró.

El primer colapso

"El accidente fue a las 2 de la tarde", aseguró Rojas. "Pero las familias no supieron nada sino hasta como las 21 horas, cuando los dueños de la mina se dieron cuenta de la magnitud de lo que estaba pasando. Recién a esa hora empezaron a avisar".

Carmen Baeza, esposa del minero Juan Illanes, relató que ella se enteró de la tragedia "después de las 20:00 horas". Dijo que era costumbre estar pendiente de la llegada de su cónyuge a casa, pero que el 5 de agosto "me quedé esperando", que recién en ese momento "nos avisaron del accidente ocurrido en la mina aquella tarde", siete horas más tarde.

Rojas dijo que al día siguiente, viernes, los familiares acudieron a la entrada de la mina ubicada unos 28 kilómetros de la ciudad de Copiapó. "Esa noche hizo mucho frío", recordó. "Había temperatura bajo cero. No teníamos carbón, no teníamos frazadas, no teníamos nada. Lo que teníamos era la desesperación por los niños (los mineros) que estaban abajo".

Habían transcurrido 30 horas y no había señales claras del comienzo de las operaciones para saber si los 33 estaban vivos. "En ese momento había que sacar la cara, porque las familias de los mineros son familias humildes que prácticamente tenían hasta vergüenza de levantar la mano y opinar", dijo Rojas. "Y como yo vergüenza no tengo, y como me di cuenta que había que pechar (encarar), comenzamos a presionar a los dueños y a las autoridades".

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Fortt detalló que la primera reunión para coordinar las tareas de rescate no se realizó el viernes, sino recién el sábado, unas 50 horas después del colapso de la mina.

"Yo estaba esa noche cuando me llamo el ministro de Minería (Golborne) a una reunión con la gente de la empresa, con el geólogo, con el gerente de la mina, con el geomecánico, y ellos con los topógrafos me mostraron muchos planos. Y percibí que por la hora en que esto se produjo (las 14:00 horas), los trabajadores deberían estar en el refugio, a su hora de almuerzo".

"De tal manera que abrigaba muchas esperanzas con la seguridad de que estaban en ese sector, entre el taller y el refugio. Así es que todas las indicaciones yo se las entregué al ministro para que orientara los sondajes entre el taller y entre el refugio, incluyendo la rampa que los unía", añadió.

El primer intento

Previo a la reunión convocada por Golborne un equipo de rescate intentó bajar a las profundidades de la mina por una de las chimeneas de ventilación del yacimiento. "Pero colapsaron", dijo Rojas. "Se vinieron abajo y no hubo entonces por donde bajar a buscar a los mineros. Entonces se buscó la tentativa de entrar por la boca de la mina, por arriba, ir despejando el túnel e ir haciendo un poco más de ducto, de chimenea para llegar a ellos".

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Indicó que cuando se llevaban a cabo estas tareas "se vino un mega bloque, una parte del cerro que bloqueó toda la entrada que había para ir a buscar a los niños. Es como si usted tiene un embudo y tira algo a la boca del embudo y no tiene por donde entrar".

Fortt dijo que a esa hora los primeros equipos que intentaron rescatar a los mineros estaban haciendo un diagnóstico "en el nivel 300 o 355 de la mina cuando vino el tercer y último derrumbe. Creo, estimo yo, que fue coadyuvado por unos sismos que vinieron que fueron de baja intensidad, pero eso tienen que haber ayudado a que el bloque, el mega bloque se asentara y ya se quedara quieto".

A la hora de la primera reunión para coordinar el rescate nadie sabía su los 33 estaban vivos, pero todos sabían que para entrar a la mina era una tarea casi imposible.

Pura experiencia

La certeza de si estaban vivos o muertos no existió durante los 17 días que siguieron al primer derrumbe. "Dateándonos (intercambiando datos) con los mineros antiguos, supimos que en la mina entraban corrientes de aire por unos chiflones (chimeneas) antiguos, por unos rasgos antiguos que estaban aterrados (semi tapados) con bolones (tapones de barro) grandes”, dijo Rojas. “A la mina entraba aire. Así que nos quedamos tranquilos. Y decíamos: Oxigeno tienen, Agua, tienen. No es de primera calidad el agua, pero tienen agua".

Compañeros de trabajo de los 33 confirmaron que en el interior de la mina San José, sobre todo en el refugio y los alrededores, había toneles, tambores metálicos de 200 litros que se usaban como depósitos de agua.

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"Eso permitió que empezáramos a ponernos un poco mas tranquilos, porque tenían oxígeno y tenían agua", subrayó Rojas. "Usted sabe que un ser puede aguantar un mes, un mes y medio con oxígeno y con agua. Tenían todos los medios abajo para hervir el agua y descontaminarla, un poco, y tenían algo de alimento".

"Pero pensamos nosotros que los iban a sacar a los tres o cuatro días, cinco días. Por ahí pensamos. Y resulta que se fue alargando. No le doy ni quisiera nunca volver a vivir la angustia que ese día, amigo, de no saber si estaban enterrados, de no saber si habían quedado aplastados", añadió el pirquinero.

El Plan B

En la reunión del sábado 7 de agosto, más de 50 horas después del primer derrumbe, Golborne puso en funcionamiento el Plan B, la perforación con varias sondas para intentar dar con el paradero de los 33.

"Yo le dije, ministro, ponga una máquina más, ponga dos maquinas más, ponga tres maquinas más", precisó Rojas. "Por que el nos había dicho que era muy difícil acertar a los metros cuadrados que había abajo, a la distancia. Y teníamos claro también que con un poquito de grados que enchuecara (torciera) arriba, que se perdiera dirección la barra de sondaje, abajo eran 15, 20, 25 metros del punto donde tenia que llegar la sonda".

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Fortt amplió el relato indicando que cuando se le dieron los datos a Golborne "para hacer esta campaña de sondajes múltiples que le propuse yo al dueño de la empresa, ahí se abrieron las esperanzas para las familias” y se aumentaron las probabilidades “de poder alcanzar a los 33 y conectarlos con uno de estos sondajes".

"Ese fue el momento donde se trabajó con una programación y con un plan preparado… Fueron días muy importantes, el primer sábado y el domingo, días muy importantes", más de 50 horas después del colapso.

ADN de minero

El Plan B comenzó el 8 de agosto. "No había prueba de que estaban vivos", dijo Rojas. "El sondaje era nuestra única esperanza, no había otra manera de llegar abajo. Así que empezamos a hacer reuniones los mineros más antiguos con la gente más antigua. Y empezar a pedir, a pedir y pedir al gobierno. Porque siempre la familia minera supo los pasos mejor que había que había dar que la misma gente del gobierno. Que ellos lo hicieron, que gracias a ellos les fue posible, no hay duda alguna, pero las ideas salieron todas de la familia minera".

Señaló que los mineros de Atacama "lo tenemos en el ADN, amigo. Es como los hijos de los Pescadores. Por milenios usted ya lleva la sangre de pescador en el ADN. Si usted se cría, puta, tres, cuatro, cinco generaciones como hijo de tornero, puta a usted se le va a dar como papita (fácil) porque en los genes tiene toda la información que han acumulado los antecesores".

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"Y usted lo vio. Los niños (los 33) cuando iban saliendo para arriba, salieron más frescos que los rescatistas, pues".

El tamaño del refugio

Los 33 sobrevivieron los primeros 17 días en el refugio, un espacio de nueve metros de largo por cuatro de ancho, cavado en la roca. "Son 45 metros cuadrados. Ahora imagínese ese espacio desde 700 metros arriba, a ciegas. Tenemos claro que la tecnología permitió llegar con las sondas y que si esto hubiese ocurrido 20, 30 o 40 años atrás, a sucedido hace 20, 30 y 40 años atrás, no hubiera sido posible sacar a los niños", reflexionó Rojas.

"Hemos tenido claro que los profesionales que trabajaron son de un nivel que más alto no pueden haber tenido. Porque fíjese usted que se mandaron como 8, 9 o 10 sondas en total y llegaron 3 o 4 a destino, ahí mismo al refugio. Y a 700 metros acertar, es como si usted tira un dardo a 60 metros y de en el blanco, y con los ojos cerrados", manifestó.

A la pregunta si había planos, dijo que "si, habían, pero lo que no había era confianza en ellos. Porque ya que esa mina siempre había trabajado bajo la ley, fuera de la ley, fuera del margen. Había unos planos que realmente no se sabía con certeza si coincidían o no. Pero la gente no, la gente que sacó a los niños es de un profesionalismo inmenso".

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El Presidente de Chile, Sebastián Piñera, ha reiterado que la mina San José estás cerrada mientras se investigan las causas del accidente. Los propietarios del yacimiento enfrentan millonarias demandas y el caso se encuentra en fase sumarial.

"Todos lloramos"

El miércoles 13 de octubre izaron al primer minero y 23 horas más tarde fue rescatado el último en rescate realizado a mayor profundidad en la historia de la humanidad. Lo vieron 1,000 millones de personas en todo el planeta en vivo y la noticia fue portada en todos los periódicos y noticieros de televisión de los cinco continentes.

"Todavía se sienten emociones", dijo Rojas. "Hata los periodistas lloraban. Si usted les veía la cara… A la gente le corrían las lagrimas, a los reporteros que no tenían nada que ver con el cuento, que venían de otras partes del mundo, pero se involucraron de tal manera que esto fue como una sola causa".

Tras una pausa, dijo: "La prensa fue la que hizo grande esto. De un principio fuimos nosotros, los familiares, los que atosigamos (presionamos), pegamos, pedimos esto, que aquí que allá. Y llegó la prensa, pero después esto se hizo mucho mas grande, por la misma prensa. Esto es un gracias tan gigante, un gracias a Dios para todos. Aunque usted me diga que no vino ni a poner un grano de arena, pero todos pusieron un grano de arena".

"Y el 70 por ciento volverá a la mina. Somos mineros. Es como si un periodista se accidenta en un bus cuando va por un reportaje. ¿Acaso deja de ser periodista? Claro que no, así somos nosotros".

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Fortt contó que recién el viernes conoció al minero Juan Illanes. "Fue como si nos conociéramos de años. Yo no sabia nada de el ni el de mi. Fue muy impactante, fue muy impresionante. Y ahora voy a Copiapó para conocer a otros cuatro. Voy muy feliz".

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