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En 2013, había un médico por cada 133 habitantes, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba. En 1958, la cifra era de uno por cada 1076 habitantes.

Los cubanos están satisfechos con la salud que reciben, a pesar de las carencias

Los cubanos están satisfechos con la salud que reciben, a pesar de las carencias

El 68% de los cubanos dice estar satisfecho con los servicios de salud que recibe, a pesar de los problemas y carencias.

En 2013, había un médico por cada 133 habitantes, según datos de la Ofic...
En 2013, había un médico por cada 133 habitantes, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba. En 1958, la cifra era de uno por cada 1076 habitantes.

Por Eulimar Núñez @Eulimar

La población de Cuba es una de las más sanas del mundo, de acuerdo a los indicadores oficiales de salud. Sus resultados son similares a los de países económicamente desarrollados y con muchos recursos para invertir: baja mortalidad infantil y materna, altos índices de vacunación y de expectativa de vida, servicios médicos disponibles y asistencia a los países que lo necesiten.

A pesar de los múltiples problemas y carencias que afronta el sistema de salud cubano, el balance general es positivo. De acuerdo a la encuesta realizada por la firma Bendixen-Amandi, el 68% de los cubanos se siente satisfecho con los servicios de salud que recibe. La opinión de la academia también va en esta dirección.

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Algunos investigadores califican lo que ocurre como "la paradoja de la salud cubana": el hecho de que un país pobre y aislado tenga una expectativa de vida similar a la de aquellos que habitan en naciones mucho más ricas. Según cifras del Banco Mundial, la expectativa de vida de los nacidos en Cuba en 2012 es de 79 años, la misma de alguien que haya nacido en Estados Unidos.

Leer más: Exclusiva: Encuesta en Cuba

Pero según Jerry Spiegel, profesor de la escuela de salud pública de la Universidad de British Columbia que ha trabajado con centros educativos de la isla desde la década de los 90, los resultados no son inverosímiles ni sorprendentes, pues Cuba ha hecho de la salud una prioridad. "Y eso debería servir de inspiración para países pobres y ricos".

En efecto, desde los inicios de la revolución, el gobierno comunista ha enfocado sus esfuerzos en asegurar el acceso a los servicios médicos en la isla, pues anteriormente se concentraban en La Habana y ahora están distribuidos en todas las provincias.

La socióloga Julie M. Feinsilver ha estudiado el sistema de salud cubano por más de 20 años y destaca que aunque siempre ha habido deficiencias y escasez de todo tipo de insumos, el gobierno cubano ha priorizado la atención primaria de sus ciudadanos y ha provisto de educación sanitaria a la población.

"El gobierno considera que la salud de la gente es una metáfora de cuán bien está el cuerpo político. Por esa razón, el dinero se ha destinado a las áreas más críticas -y socialmente aceptadas- como la prevención de enfermedades y el cuidado y la atención materno infantil. Su idea es que la inversión le otorgue los mayores beneficios".

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Entonces, ¿qué tan importante ha sido la salud para la consolidación del poder? Crítica, responde la socióloga, no solo para conseguir el apoyo de los ciudadanos, sino para darle legitimidad al gobierno.

Otra de las razones principales por las que los cubanos valoran positivamente el sistema, dice Feinsilver, es porque es gratis y universal. Un punto que es refutado por la periodista Yoani Sánchez, quien considera que se trata de una farsa.

"El sistema de salud lo pagamos nosotros, cada vez que algo nos cuesta 240% más de lo que vale su producción, cada vez que recibimos míseros sueldos a fin de mes. Deberíamos tener el derecho a exigir que mejore, pero cada vez que nos quejamos el gobierno nos dice: 'Silencio, es gratuito'. Ese es el problema de los servicios aparentemente subsidiados en Cuba", aseguró en un video grabado en 2012.

Sánchez también hace hincapié en que durante los años 70 y 80 se alcanzó un alto nivel educativo y médico en Cuba, "pero eso no estaba relacionado con el desarrollo del país, sino con el amplísimo subsidio que llegaba del Kremlin. Eramos un país subvencionado".

El modelo del médico de familia implementado en 1984, que contemplaba un doctor en las comunidades rurales y en casi cada cuadra de las ciudades más importantes de la isla, creó una enorme expectativa en la población, según lo explica Feinsilver. "La gente sabía que sus necesidades médicas iban a satisfacerse inmediatamente, las 24 horas, los siete días, allí mismo, en su vecindario. Pero después se dieron cuenta de que no era un uso eficiente de los recursos, que era una expectativa poco realista".

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Luego vino el deterioro y la crisis de los años 90 y, más adelante, cuando empezó el programa de intercambio de petróleo con Venezuela a cambio del envío de médicos cubanos, las carencias comenzaron a ser más evidentes.

La socióloga destaca que la isla ha intercambiado asistencia médica internacional durante más de 50 años por auxilios comerciales y créditos, que han ayudado a la revolución a sobrevivir en momentos económicos muy difíciles. Sin embargo, las cifras de personal en servicio internacional nunca habían sido tan altas como cuando se estableció la alianza con Venezuela: la última vez que Hugo Chávez se refirió al tema en 2012, aseguró que habían 44,804 profesionales cubanos en ese país.

La reducción del número de médicos familiares en la isla ocasionó que muchos servicios fueran enviados de vuelta a las policlínicas e hizo que los pacientes tuvieran que trasladarse o incluso esperar para recibir atención.

A eso se suma que el acceso a las medicinas sigue siendo un reto, según apunta el profesor Spiegel. "Los cubanos han sido creativos, se han adaptado; incluso han diseñado terapias que no precisan de drogas. Pero por supuesto les iría mejor si tuvieran acceso a ciertos medicamentos disponibles".

A propósito, apunta Sánchez: "Hay hospitales por toda la isla, muchísimos policlínicos y profesionales de la salud, pero te encuentras una sofisticada máquina de topografía axial computarizada y no hay una aspirina o un termómetro". 

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Graham Sowa, un estudiante estadounidense de medicina que vive en la isla desde hace tres años, publicó un texto en el portal web Havana Times, donde asegura que la salud pública en Cuba no es una prioridad, sino una obsesión.

"Los médicos y los pacientes están acostumbrados a trabajar y ser atendidos con escasez de materiales. Todo el mundo sabe que la comida del hospital será terrible y que tener buenas relaciones con las personas que laboran en este campo es lo más importante para navegar la burocracia de la atención".

Su testimonio reitera que a pesar de la valoración mayoritariamente positiva, la insatisfacción ha aumentado.

"Antes, aunque no tuvieran todas las medicinas que necesitaban, la gente sabía que el gobierno se haría cargo de ellos si se enfermaban. Ahora, saben que los van a atender, pero no saben cuándo", concluye Feinsilver.

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