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Lo que sucede cuando los cubanos hablan sobre el racismo anti-negro en s...

El rapero Soandres Del Río Ferrer. (Captura BLACK IN LATIN AMERICA SCREENSHOT/PBS).

Lo que sucede cuando los cubanos hablan sobre el racismo anti-negro en su país

Lo que sucede cuando los cubanos hablan sobre el racismo anti-negro en su país

¿Existe discriminación en Cuba, la isla donde el comunismo declaró el fin del racismo? Un intelectual afroamericano relata su viaje para descubrirlo

El rapero Soandres Del Río Ferrer. (Captura BLACK IN LATIN AMERICA SCREE...
El rapero Soandres Del Río Ferrer. (Captura BLACK IN LATIN AMERICA SCREENSHOT/PBS).

Por Henry Louis Gates Jr.  @HenryLouisGates

Decidí pasar un rato con unos afrocubanos que están comenzando a alzar la voz sobre el estado de las relaciones raciales en la Cuba contemporánea. Me dirigí hacia la casa de un rapero que se llama Soandres. Su nombre y apellido: Soandres Del Río Ferrer, y su nombre artístico es Soandres. Él dirige una de los conjuntos hip-hop más importantes de Cuba: Hermanos de Causa.

Yo estaba muy deseoso de conocerlo. Sabía que el gobierno cubano había prohibido dos de sus canciones porque tenían que ver con el racismo. Mi verdadera intención fue grabar uno de sus conciertos durante mi viaje, pero el gobierno me dijo que no podía asistir. (Pese a ello, a hurtadillas metimos a unos camarógrafos.) Cuando llegué, me di cuenta de que la intención de Soandres no era solo invitarme a su casa, la cual también resulta ser su estudio de grabación clandestino. Después de una larga y pensativa conversación mientras esperábamos que pasara un aguacero tropical, se mostró dispuesto a cantarme una de sus canciones prohibidas.

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Ey, yo

El negro cubano quiere ser igual que el blanco

porque cree que lo oscuro es atraso y lo claro adelanto

tanto así que siempre esta riéndose de él mismo a carcajadas

cuando escucha algún chiste de racismo.

El negro cubano discrimina a su hermano

le levanta la mano

y aunque no tiene amo se arrastra como gusano

que no tiene nada suyo

pues tiene rota la autoestima y sumiso el orgullo.

El negro cubano es la escoria de su isla

Soandres me dijo que se crió durante el colapso de la Unión Soviética. Vio lo que esto le causó a los afrocubanos y él comenzó a librar su propia batalla personal en contra del silencio que siguió. Al escucharle, empecé a sentirme inspirado. Soandres quiere ver cambios sociales "ver que se mejoren las vidas de los afrocubanos ya-. Quiere que toda Cuba reconozca un poco la realidad y que se una a él en su lucha personal.

“Lo que hacemos es rap clandestino”, me explicó. “El rap clandestino informa al pueblo sobre lo que de veras está pasando. Lo que se nos muestra por la televisión no es verdaderamente lo que está pasando. Por televisión nos dicen que todo va bien y todo está okey, que todo marcha como debería, que la economía está buena, que el país va mejorando. Pero en los sectores pobres esto no es verdad”.

“Hacemos todo de manera independiente”, siguió diciendo. “Nuestra estrategia es llevar nuestra música al pueblo, porque las instituciones gubernamentales no dejan tocar nuestras canciones. Construimos nuestros propios estudios de grabación, copiamos nuestros CD y los regalamos en los conciertos. Decidimos no esperar a que los principales sellos discográficos nos digan lo que quieren. Creamos nuestras propias posibilidades”.

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Le pregunté sobre las dos canciones que me habían dicho que no se le permite cantar en conciertos porque tienen que ver con el racismo. “Bueno, me las permiten más o menos”, dijo Soandres mirándome de lado y sonriendo, “eso pone en riesgo al concierto y a mis colegas. La policía podría interrumpir el concierto en ese mismo momento. Tal vez yo cante esa canción, pero puede que no permitan que la próxima persona suba a la plataforma, y eso sería una pérdida para el movimiento rap. Queremos que continúe el hip-hop.”

Soandres me dijo que el gobierno quiere censurar a artistas de todo tipo, pero también quiere evitar que se le critique por hacerlo. De modo que los castigos no siempre son directos. Soandres y sus compañeros músicos sencillamente siguen creando su música y tanteando sus límites.

 “A muchos de nosotros se nos ha despreciado por lo que hacemos”, me dijo. “Pero no hemos dejado de hacerlo, porque ésta es nuestra realidad. Cuando aceptas tu realidad, por lo menos tienes el valor de enfrentar lo que está pasando. Y puedes comenzar a buscar cómo corregirlo.”

 “¿De modo que crees que existe un verdadero racismo contra las personas negras en la sociedad cubana?”, le pregunté.

“Sí, sí existe”, dijo enfáticamente. “El sistema alimenta su propia existencia, porque el sistema no habla de su propia existencia. El sistema hace ver que no hay racismo hacia los negros en Cuba. A lo largo de toda la historia de Cuba, han puesto el futuro de Cuba en primer lugar, y la situación de las personas negras fue relegada a un segundo plano. Pero necesitamos analizar este problema y enfrentarlo y decir que sí existe el racismo. Las telenovelas cubanas muestran a los negros casi como esclavos. En las películas, el hombre negro siempre es un ladrón, un criminal. Esto es lo que ve la gente. Necesitamos decir que tenemos un problema con el racismo y que tenemos que luchar contra él”.

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Me encantó el espíritu de Soandres. La valentía de su crítica hacia las relaciones raciales de la Cuba contemporánea me pareció como un aire fresco y tonificante, y me di cuenta de que pese a que yo respeto el amor de los cubanos por el ideal de la cubanidad, aún más respeto a quienes ven cómo Cuba no alcanza sus ambiciones y que están dispuestos a hacer algo al respeto, a pesar de la represión por parte del gobierno.

Dejé a Soandres y fui a visitar a Miguel Barnet, el escritor cubano contemporáneo de más éxito. Barnet es el autor del bestseller internacional Biografía de un cimarrón. Trabaja en la Habana como director de la Fundación Fernando Ortiz, nombramiento sumamente apropiado en vista de que fue alumno de Ortiz. Él cree con mucha pasión que la única cosa que erradicaría el racismo en Cuba sería la educación.

“El conocimiento que la gente tiene sobre su legado africano viene de las raíces, viene de la familia”, me dijo, al sentarme yo en su oficina. “Pero quiero que hablen de ello en las universidades, en las escuelas secundarias, en las primarias”.

Barnet me dijo que no quiere que el orgullo negro quede enterrado en el orgullo criollo. Por más que Cuba sea una nación de raza mixta, él piensa que merecen atención las raíces negras. “Necesitamos introducir más de la mitología africana y la historia africana en nuestras escuelas”, dijo. “El legado de los negros en esta país no es solo cultural o filosófico o artístico. Ellos también han contribuido fuertemente a la economía de este país”.

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Hablamos juntos, en gran detalle, sobre los trágicos escollos inherentes en la cubanidad idealizada, la democracia racial, y los demás ideales latinoamericanos que han procurado sepultar la negritud. Nunca es sano que algún país niegue u oculte ciertas raíces culturales suyas. Y la revolución cubana " pese a que tuviese buenas intenciones en ciertos momentos " suprimió elementos culturales que eran de la población negra. Nadie estaba aprendiendo sobre la historia afrocubana. Los jóvenes no conocían los orígenes de la cultura afrocubana. Al insistir en que las líneas raciales no existían en Cuba, la nación también insistió en que no existía una apartada tradición cultural negra. Pero simplemente, al considerar el desarrollo del son, música inspirada por la cultura africana, o los orígenes de la Santería, uno reconoce que obviamente eso no es verdad.

Barnet y yo concordamos en que Cuba había tenido éxito en prohibir el racismo institucional contra las personas basándose en el color de su piel. Y este es un importante paso inicial en cualquier lucha por la igualdad. Pero se necesita más que eso para erradicar el racismo de la mente, eliminar el racismo conductual.

Salí de la oficina de Barnet con la esperanza de que su fundación pudiese tomar la delantera en este tipo de amplia y profunda reforma educativa. Aunque yo conocí a algunos cubanos que no creen que exista ningún problema racial aquí, también conocí a personas influyentes que saben que el racismo contra los negros de aquí es un problema mayor, algo que no ha sido eliminado por la revolución. Y esas voces, de profunda pasión, se levantan más y más. Con el paso del tiempo, creo que van a persuadir a todos los cubanos a que enfrenten la difícil verdad, el que Cuba padece de racismo hasta en los tuétanos de su existencia cultural, arraigado en su larga historia de esclavitud, y que el próximo paso adelante para este país multirracial sería erradicarlo de veras y para siempre.

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Al salir de las elegantes oficinas de la Fundación Ortiz, traté de valorizar lo que había visto en Cuba. En la cumbre de su poderío, Fidel Castro declaró famosamente que el comunismo había eliminado el racismo aquí. Pero recientemente, parece haber cambiado de opinión. En un discurso pronunciado en Nueva York en el 2000, Castro admitió que “tiempo tardamos en descubrir, se lo digo así, que la marginalidad, y con ella la discriminación racial, de hecho es algo que no se suprime con una ley ni con 10 leyes, y aún en 40 años nosotros no hemos logrado suprimirla totalmente”.

Últimamente, otros líderes cubanos también han dicho esto con cierta frecuencia. Pero aparentemente eso es todo lo que han hecho. Como señala el estudioso cubano Alejandro de la Fuente, no se han implementado ningunas políticas para abordar la creciente brecha que existe en Cuba entre los ingresos de los blancos y de los negros, y no se han tomado medidas para castigar a quienes declaren públicamente que no quieren que negros trabajen en sus compañías. Actúan, casi de manera uniforme, como si que el racismo fuese un legado de un viejo orden de esclavitud y capitalismo, un legado histórico que no ha desaparecido todavía, antes que admitir que en Cuba el racismo es un fenómeno vivo y regular, con en su propia vida.

Yo no había encontrado muchas evidencias para confirmar las políticas oficiales del gobierno sobre el racismo. Más bien descubrí un racismo que es generalizado e interiorizado por algunas personas blancas e incluso por algunas personas negras. El racismo no es algo que meramente se hereda de un pasado; sino más bien un conjunto de prácticas e ideales sociales que se recrean y se reproducen, trayendo consigo las más devastadoras consecuencias sociales. El gobierno cubano tiene los medios institucionales para enfrentar el racismo tanto estructural como conductual, pero más allá de por lo menos reconocer el problema, todavía no ha comenzado a enfrenarlo de manera honesta y significativa.

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La de Cuba es una cultura en que la negritud aún batalla por la expresión, la inclusión y por la verdadera igualdad, por un puesto igual en la mesa social y cultural. La historia de Cuba está llena de ejemplos de heroicos y patrióticos luchadores por la libertad " hombres y mujeres, negros y blancos de todos los matices imaginables del color moreno de entremedio " personas que han batallado con tanta nobleza, valentía y determinación hacia la justicia social, generación tras generación.  

Igual que nosotros en los Estados Unidos, estos activistas todavía no han ganado la batalla por los derechos civiles en Cuba, igual que no se ha ganado la batalla para eliminar el racismo y la discriminación económica en Brasil, la República Dominicana, Haití, México y Perú. Pero yo no tenía absolutamente ninguna duda, mientras me preparaba para regresar a mi país, que esta lucha admirable seguirá incrementándose en Cuba. Ni tampoco dudo, en absoluto, que el espíritu que encarna Soandres (y al que su implacable dinámica música da voz) prevalecerá conforme avance el tiempo. La lucha surgirá, culturalmente, proveniente de los músicos hip-hop y artistas visuales y eventualmente, a medida en que estos jóvenes maduren, se desplazará hacia el centro de la vida política de Cuba, una vida después de Castro y el comunismo. Entonces esto llegará a ser la próxima revolución cubana.

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Tengo que creer que movimientos similares hacia la igualdad plena de personas de ascendencia africana surgirán y se sostendrán por todas las Américas, así asegurando que los sacrificios de once millones de esclavos que sobrevivieron tanto la temida travesía del Atlántico desde África hacia el Nuevo Mundo como sus duras vidas cotidianas dentro de la inhumana institución de la esclavitud americana no hayan sido en vano.  

Extraído de  Black in Latin America  por Henry Louis Gates Jr. Copyright © 2011. Reimprimido con permiso de la editorial, New York University Press.

Henry Louis Gates Jr. es Profesor Universitario de la Cátedra Alphonse Fletcher y director fundador del Hutchins Center for African and African American Research en la Universidad Harvard. También es presidente de la directiva de  The Root.  

Texto publicado originariamente en inglés por The Root.

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