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La vida sigue en Pisco

La vida sigue en Pisco

Pese a la devastación y la muerte causadas en esta ciudad de la costa central de Perú por el terremoto del pasado miércoles.

Edicifios reducidos a escombros

PISCO - La vida continúa en Pisco pese a la devastación y la muerte causadas en esta ciudad de la costa central de Perú por el terremoto del pasado miércoles, que se ha llevado la vida de más de 500 personas, según los Bomberos Voluntarios del país.

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Durante las últimas horas varias decenas de cadáveres se rescataron de entre los escombros a que han quedado reducidos el 80 por ciento de los edificios de esta población de 130 mil habitantes, mientras en las calles se acumulaba la gente que, aún traumatizada, trataba de recuperar sus enseres y su vida de entre los restos de sus hogares.

Taxis, vehículos particulares, de entidades oficiales y de servicios de socorro, camiones y maquinaria pesada se acumulaban en las calles, aún obstaculizadas por los cascotes de los muros y los tejados de las casas derrumbadas, pero ya transitables en su mayoría tras el trabajo del municipio para retirar los escombros.

En diversos lugares de la ciudad, además de los nueve albergues y centros de distribución montados por la Defensa Civil, han surgido conjuntos de barracas de caña, en las que se juntan familias vecinas, para apoyarse, hacerse compañía y elaborar ollas comunes.

Salvo los transportes, tanto de pasajeros como de mercancías, que funcionan sin descanso, el resto de comercios y servicios de la ciudad permanecen cerrados, debido a la ausencia de electricidad y agua.

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"Esto tardará mucho en empezar a recuperarse", dice en la Plaza de Armas Antonio Rodríguez, de la Municipalidad de Pisco, en el momento en que los bomberos sacan un nuevo cuerpo de la catedral, que se derrumbo en plena misa y causó numerosas fallecidos.

Para él, "recién hoy hemos empezado a entregar agua y alimentos, no sabemos cuando se recuperaran los servicios de luz y agua y lo que queda por reconstruir es casi todo".

'Debemos continuar viviendo'

Pese a eso, algunos vecinos se las han apañado para montar pequeños servicios o negocios, como el ofrecido por Roberto Pérez, que en su taller de mecánica de torno, semiderruido y paralizado, ofrece la energía de dos generadores a gasolina a periodistas y fotógrafos para cargar las baterías de sus computadoras y teléfonos.

"Varios fotógrafos de prensa localizaron este lugar por el sonido del generador y, desde entonces, yo colaboró con ellos y pagan la gasolina", dijo Pérez.

Pérez se siente afortunado porque en el terremoto no murió ninguno de los miembros de su familia, que también es una de las que se quedan en la ciudad por la noches, cuando la mayoría de la población abandona la localidad por el temor a que se pueda producir un "tsunami" (ola gigante).

Mucho más tristes están los familiares de Tomás Peralta, un hombre de 62 años que falleció al derrumbarse su casa durante el terremoto, pero, pese al dolor que sienten, sus hijos también son conscientes de que "debemos continuar viviendo", según dice uno de ellos.

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Igual de tajante es William Mendoza, que dice: "tendremos que seguir adelante". En una de las calles que parte de la Plaza de Armas está con su hija, entre algunos muebles rescatados de lo que fue su casa, completamente derruida y de la que sólo queda en pie la puerta, de madera verde, que parece pegada al suelo.

En ese momento, un pequeño temblor, réplica del terremoto del pasado miércoles, mueve suavemente Pisco y la hija de Mendoza salta al centro de la calle, mientras su padre, sin inmutarse le dice: "tranquila, lo que tenía que pasar ya pasó".

La necesidad de que sigan adelante los afectados por el terremoto, sobre todo los familiares de los fallecidos, está clara para el equipo del Instituto de Medicina Legal llegado desde Lima para certificar las defunciones y ofrecer una primera ayuda sicológica a estas personas.

"Ahora los familiares están en el duro momento de duelo", explica el psicólogo del equipo, Elmer Vacas, quien recalca que, tras una asistencia de urgencia, los damnificados "necesitarán apoyo sicológico continuado, que les ha de garantizar el Ministerio de Salud".

"Necesitarán el apoyo de la familia, de la comunidad y las instituciones y su recuperación personal no debe ser lenta, si cuentan con el respaldo que precisan", dijo Vacas.

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