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La escasez y la inflación son una bomba de tiempo en Venezuela

La escasez y la inflación son una bomba de tiempo en Venezuela

El desabastecimiento general de productos en Venezuela supera el 60.7%. Los saqueos son cada vez más comunes en el interior del país.

Venezuela: una economía de guerra Univision

Por Juan Pablo Arocha  @JPArocha  desde Caracas

Ramón Carrasco tiene una ruta de compras pautada para los martes que repite fielmente cada semana. “Yo negocio en mi trabajo, laboro los sábados, pero libro los martes. Así me da chance de ir a varios negocios a comprar comida”. No es un capricho personal: Ramón solo tiene permitido ir de compras el segundo día de cada semana.  Es que el gobierno de Venezuela ordenó a los comercios públicos y privados establecer un cronograma de venta de productos básicos y escasos "como la leche, la harina de maíz, el jabón en polvo, la pasta dental- de acuerdo al último número de la cédula

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Son las ocho de la mañana. Ramón, un hombre que supera los 50 años de edad, apenas comienza su periplo por los mercados. “Mi esposa y yo tenemos una ruta. La iniciamos en este supermercado de Chacao (en el este de la ciudad), porque se hace cola desde muy temprano y hay menos inseguridad”. A la pareja, que vive en el oeste de Caracas, en el populoso barrio de Caricuao, le toma más de una hora atravesar en metro la ciudad entera para llegar a tiempo.  

La escasez es un problema que afecta a los venezolanos por igual, sin importar su nivel de ingresos. Al cierre de mayo, el desabastecimiento general de bienes fue de 60.7%, según datos de la firma independiente Datanálisis.

A eso se suma el alza acelerada de los precios. En los primeros siete meses de 2015, la inflación llegó al 87%, de acuerdo a una cifra extraoficial que divulgó recientemente el excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski.

Pero no hay datos más certeros. Desde finales de 2014, el Instituto Nacional de Estadística y el Banco Central de Venezuela no revelan los indicadores de inflación y escasez, pese a que las leyes vigentes les obligan a emitir informes mensuales sobre el tema.

La cola que hace Ramón comienza en el estacionamiento subterráneo de un supermercado privado. El comercio eliminó la entrada de vehículos para dar espacio a la masa compradores y evitar así que las largas columnas de gente se vieran desde la calle. Esto ocurrió luego de que el gobierno de Nicolás Maduro presionara a las cadenas privadas, desde enero pasado, culpándolos de ser partícipes de supuestos planes conspirativos.

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Ramón llegó a la 6:30 de la mañana y delante de él hay cerca de 80 personas. Hay una fila para la tercera edad y embarazadas, y otra para el resto de los ciudadanos.

“De este supermercado vamos a Farmatodo, y de allí seguimos a otros comercios hacia el este. De vuelta, vemos si cerca de la casa conseguimos algo más”, cuenta Ramón. En Farmatodo, una cadena privada de farmacias con presencia en todo el país, le exigen colocar su dos pulgares en una máquina captahuellas antes de pagar por la compra: fue la forma que consiguió el comercio de racionar de forma electrónica lo que llevan sus clientes. 

“Ya yo no tengo niños chiquitos, pero igual compro pañales si los veo”, dice Ramón. “Se los mando a mi hija, que tiene un bebé pequeño. Vive en Carúpano (el oriente venezolano). Allí la cosa sí esta jodida, no se consigue nada”.

El Gobierno privilegia Caracas para el abastecimiento, a través de las guías de distribución de bienes que le impone a los comercios privados. Mientras que en la provincia la escasez se siente con más intensidad.

Es precisamente en el interior del país donde se han producido saqueos a comercios y alteraciones públicas. En San Félix, al sur, en el estado Bolívar, un hombre falleció durante una revuelta popular que tomó varios locales el pasado 31 de julio. Como respuesta, el presidente Nicolás Maduro dijo que este incidente correspondía a un plan ejecutado por “la derecha maltrecha” que recibe órdenes de Estados Unidos para desprestigiar a su gobierno.

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La percepción de Maduro, sin embargo, no parece tomar en cuenta que en el primer semestre de 2015 se contabilizaron 56 saqueos y 76 intentos, de acuerdo al registro del independiente Observatorio Venezolano de Conflictividad Social. “Vemos con mucha preocupación el aumento de actos vandálicos en contra de abastos, supermercados, farmacias, transportes, almacenes y galpones. Resultado de la escasez, el desabastecimiento y la impunidad”, dice un informe firmado por Marco Antonio Ponce, coordinador de la ONG.  

El Observatorio, que lleva un registro mensual de manifestaciones públicas, revela que las protestas para exigir el derecho a la alimentación y en rechazo al desabastecimiento son recurrentes desde el segundo semestre de 2014.

“El gobierno nacional no ha conseguido la fórmula para solventar la compleja situación, consecuencia del modelo económico desarrollado en el país, que ha derivado en una grave crisis caracterizada por una marcada dependencia de las importaciones, un debilitamiento progresivo del aparato productivo nacional y altos índices de inflación, a la par del impacto que tiene para la economía venezolana la caída de los precios del petróleo, principal generador de divisas”, dice Ponce.

La crisis venezolana ha atravesado tangencialmente a toda la población. El Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas) calcula que una familia promedio de cinco personas requiere de 7,3 salarios mínimos para lograr completar la compra mensual de los alimentos básicos y el pago de los servicios.

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En la fila que hace Ramón en el supermercado la gente no parece angustiada por tener que esperar para comprar comida, tampoco por tener que acudir al supermercado en un día en específico. “ Esto no debería ser”, protesta tímidamente alguien en la cola, pero en general, en Caracas la rutina de compra se ha hecho usual y las voces discordantes son minoría.

En eso se diferencia la capital del resto del país. La mayoría de los comercios grandes amanecen rodeados con colas a la espera de los camiones de reparto, a ver qué producto está por llegar ese día.

Ramón jura que trabaja en un restaurante como mesonero; que no es “ bachaquero”, el mote con el que fueron bautizados los revendedores que cazan la compra de productos escasos para luego revenderlos en el mercado informal al precio que permite la desesperación del consumidor.

Sin embargo, sabe bien cómo se mueve el negocio en ese sector: “Aquí los ves, vienen en grupos grandes. Alguien los organiza y les paga 1,500 bolívares por día (que equivalen al 20% del salario mínimo mensual venezolano y a poco más de dos dólares a precio del mercado negro). Hacen su cola, compran los productos que existan, cualquiera que esté escaso es bueno. Y luego se los entregan a otros, para que lo vendan en la calle”.

El viernes 7 de agosto se cumplieron dos meses desde que el ministro de alimentación, Carlos Osorio, aseguró que en 60 días se normalizaría el abastecimiento de productos. Los anaqueles no se han llenado todavía y las filas se siguen incrementando.

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Estamos sentados en una bomba de tiempo social. Hoy en el país hay condiciones, se está dando un caldo de cultivo desbordado, con la posibilidad de que se genere una amplísima explosión social”, dice el politólogo Nicmer Evans, chavista confeso pero disidente de la corriente del madurismo. Responsabiliza de la situación a “un sector de la burocracia que es ineficiente” y, como chavista, a “un sector financiero que es especulativo y empresarial cómplice”.

La mayoría del país, dice Evans, está apostando a que las elecciones parlamentarias pautadas para el próximo 6 de diciembre pueden servir como una válvula de escape a la tensión social. “Aunque no vemos ahora ninguna propuesta que se esté presentando como solución a la crisis, y el gobierno no desactiva la bomba”, advierte.

Según datos de la firma Datanálisis, los problemas económicos "en especial, el desabastecimiento y la inflación- desplazaron a la inseguridad como principal preocupación de los venezolanos desde junio de 2014. Esto pese a que, solo ese año, se registraron 24,980 muertes violentas en el país, de acuerdo al Observatorio Venezolano de Violencia.

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