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Los 33 mineros atrapados en una mina de oro y cobre en Chile reciben alimentos , medicinas y ropas por dos sondas de apenas 7 pulgadas de diámetro.

Esperanza de vida a 700 metros bajo tierra

Esperanza de vida a 700 metros bajo tierra

Mineros atrapados a 700 metros de profundidad en una mina en Chile le dan ánimo a sus familiares y se aferran a la fe.

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Los 33 mineros atrapados en una mina de oro y cobre en Chile reciben alimentos , medicinas y ropas por dos sondas de apenas 7 pulgadas de diámetro.

Mineros dan ánimo a familiares

De buen ánimo pero “preocupados” por el estado de sus familiares, los 33 mineros atrapados en el interior de una mina de oro y cobre en el norte de Chile desde hace 25 días recibieron la noticia del comienzo de las excavaciones que realizará una máquina para enviar una nueva sonda de unos 60 centímetros de diámetro por donde serán sacados en el curso de tres a cuatro meses.

Los trabajos dilataron un par de horas el lunes mientras llegaba al lugar una pieza que fue traída desde Alemania y que recién el lunes arribó a Santiago, la capital, para luego ser trasladada a Copiapó, situada 50 kilómetros de la mina.

“A las 7 a.m. ya estaba instalada la máquina para iniciar las faenas”, dijo a Univision.com Miguel Fortt, uno de los ingenieros a cargo de las tareas de rescate. “Hicimos los últimos ajustes para optimizar el sistema. Una vez revisados todos los componentes, comenzamos la perforación definitiva hasta el lugar donde se encuentran los 33 trabajadores”.

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Fortt reiteró que el tiempo estimado hasta llegar al sitio donde se encuentran los mineros será de tres a cuatro meses, y que durante esas semanas los 33 sobrevivientes estarán recibiendo asistencia para soportar la espera y alistarse para ser rescatados.

“La perforación tendrá una extracción vertical hacia arriba. Primero perforaremos con un diámetro de 38 centímetros y luego cambiaremos a 70. Estamos haciendo las cosas con mayor certeza para no perder tiempo. Estamos sacrificando la velocidad de acceso a los mineros, pero lo estamos haciendo seguro”, agregó.

“Nuestros errores tienen que ser los mínimos. Vamos a hacer todo lo humanamente posible para acortar los tiempos”, insistió.

Rezos y angustias

Los familiares de los mineros atrapados están concientes que el rescate será lento y acompañan con rezos y una alta dosis de paciencia.

Sandro Rojas Carrizo tiene un hermano, dos primos y un sobrino a 700 metros bajo tierra en la mina San José. “Han sido días durísimos. Los primeros 17 fueron terriblemente angustiosos, pero ahora ya estamos un poco más tranquilos por el hecho de saber que están bien. Se están alimentando, les están bajando ropa, zapatos, colchones. Están vivos”, dijo.

Al describir los primeros 17 días después del derrumbe en el interior de la mina, Rojas contó que “fueron angustiosos e impacientes. Era terrible vivir esa experiencia. El hecho de no saber nada, de no ubicarlos… Al principio no había un punto exacto de dónde podían estar. No había un objetivo claro, no había planos. Fue como jugar a un achunte (apuntarle a ciegas) y eso fue traumático. Hubo varios sondajes y no se llegada a ellos”.

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“Por lo que se estaba diciendo, lo que se estaba haciendo, por lo que se estaba trabajando, era obvio que se estaba trabajando al como le digo yo, achuntarle. Los sondajes se desviaban. Pero vino gente de CODELCO (Corporación Nacional del Cobre) y ellos revisaron los planos. Le digo que todo ha sido bien transparente desde el primer día”, añadió.

Hablaron por teléfono

El domingo, en el día 24 del derrumbe, algunos de los mineros atrapados pudieron hablar unos segundos con familiares a través de un teléfono celular enviado por una de las dos sondas que ayudan a mantener sanos y salvos a los 33 mineros.

“Mi cuñada habló con mi hermano”, dijo Rojas. “Le dijo que estaba bien, que estuvieran tranquilos, que él los quería mucho y que siguieran rezando. Yo pienso que Dios fue el pilar fundamental. Todo el mundo se aferro a Dios y Él escuchó las oraciones y los tiene a todos sanos”.

Rojas narró que durante los tres primeros días después del derrumbe, ocurrido el 5 de agosto, en el interior de la mina no se veía nada y que la polvareda fue inmensa, de acuerdo a relatos contados por los propios mineros en cartas enviadas a familiares en los últimos días por medio de una de las sondas. “Ellos entonces se pusieron en las manos de Dios. El sabrá que va a hacer con nosotros. Eso contaron en una carta”.

No dudan del rescate

La creencia religiosa también es un argumento que mueve el trabajo de los médicos que atienden a los 33 mineros. “Tengo mucha fe de que los sacaremos”, dijo Alberto Iturra, psicólogo a cargo del rescate. Y explicó que en estos momentos se está generando una etapa de “normalización” acercándose a una faena minera de largo aliento, no sólo para el personal que participa en las tareas de rescate, sino también para los mineros atrapados a unos 700 metros de profundidad.
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“Todo ha ido de menos a más y ellos notan esto y se han ido impregnando de lo positivo. Paso a paso vamos solucionando las cosas. Los mineros tienen aire, agua, comida. Durante los 17 días incomunicados mantuvieron siempre horas de sueño controladas por sus relojes. Hicieron turnos. Unos dormían mientras otros hacían guardia. Ellos sintieron los trabajos de rescate y nunca se sintieron solos”, explicó.

En cuanto a la comunicación con los mineros, Iturra precisó que cuentan con dos sondas de entre tres y cuatro pulgadas de diámetro por donde se envían alimentos, medicinas, agua, zapatos, ropa y colchones para dormir. “Hay más de 90 psicólogos y especialistas conectados a Internet que colaboran con ideas, tecnología y consejos para enviar todo esto por las sondas. Es un trabajo en equipo”.

También destacó la grandeza, dijo, “de un grupo extraordinario (los mineros) que mantienen su jerarquía, su liderazgo y se asigna tareas claramente establecidas. Todos ellos conocen los procedimientos de rescate y evacuación. Por eso se salvaron sin un rasguño, porque en el momento de la emergencia todos hicieron lo que tenían que hacer. Son gente muy profesional. Esto no fue una casualidad de que sobrevivieran. Siguieron procedimientos. Son gente sana, no son enfermos, son personas tremendamente competentes”.

"Ellos nos sorprendieron"

Carmen Baeza, esposa de Juan Illanes Palma, uno de los 33 atrapados, conoce del coraje de los mineros que mencionó Iturra. “Ellos nos sorprendieron con el mensaje que nos enviaron. Están preocupados por nosotros. Nos han sorprendido”.
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“Cuando supimos la noticia que estaban vivos y todos juntos, fue una alegría tremenda. Ellos fueron los que nos sorprendieron a nosotros. Es un milagro de la tierra. Y ahora la alegría es mucha, porque hemos tenido contacto con ellos, hemos visto sus imágenes y la fuerza que tienen”.

A la pregunta si había hablado con su esposo, Baeza dijo que el domingo pudo comunicarse durante un minuto por medio de un teléfono celular. “Dijo que estaba contento. Le di fuerza y que estuvieran siempre así, todos juntos”. En cuanto al escaso tiempo de conferencia, dijo que “después vendrán otros minutos para otras cosas. Ahora era momento para darle ánimo”.

Bélgica Gómez, hermana de Mario Gómez, el minero que escribió la primera nota indicando que estaban vivos, contó que los 33 sobrevivientes “están preocupados si estamos comiendo. Imagínese. Ellos preocupados por nosotros”.

“Están todos muy bien. Sicológicamente bien. Mario está un poco resfriado. Pero ya le están dando medicinas. Para nosotras es una tremenda emoción saber que Mario escribió la primera carta y que ésta le dio la vuelta al mundo”.

País de terremotos

El clima de esperanza que se vive en la mina San José se ve a ratos interrumpido por las preocupaciones diarias de Fortt. “Este sitio está ubicado en el desierto de Atacama, que está atravesado a lo largo por el falla geológica de Atacama. En los últimos días sentimos sismos de hasta 5.5 grados en la escala de Richter y no hubo daños laterales. Confiamos en que el megabloque que se desprendió esté firme, que se asiente hasta que los saquemos a la superficie. Pero son preocupaciones normales”.

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El pasado 27 de febrero el centro sur de Chile fue sacudido por un terremoto de 8.5 grados en la escala de Richter que causó un maremoto que impactó más de 600 kilómetros de litoral.

El potente terremoto causó cientos de réplicas en un país ubicado en uno de los extremos del denominado Cordón de Fuego del Pacífico, una de las zonas geológicas más activas del planeta.

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