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En el penal de Honduras, donde ocurrió el incendio, las autoridades investigan lo que provocó el desastre.

'Escuchamos los gritos de los que se quemaban'

'Escuchamos los gritos de los que se quemaban'

Uno de los presos que salvó la vida explicó que tuvieron que "escuchar gritos de la gente que estaba quemándose", mientras enseñaba sus dedos fracturados.

En el penal de Honduras, donde ocurrió el incendio, las autoridades inve...
En el penal de Honduras, donde ocurrió el incendio, las autoridades investigan lo que provocó el desastre.

'Tuvimos que romper el tejado como pudimos'

Cientos de familiares se han agolpado al amanecer en las puertas de la Granja Penal de Comayagua, ubicada en la región central de Honduras, con la esperanza de encontrar a los suyos entre los supervivientes del incendio que se ha cobrado al menos 350 vidas.

"Mi hermano Roberto Mejía estaba en el módulo seis. Me han dicho que los de la seis están todos muertos", ha afirmado a la agencia Afp bajo el efecto de la conmoción Glenda Mejía.

A su lado Carlos Ramírez también espera noticias de su hermano Elwin, detenido por asesinato y quien también estaba en el módulo seis. "No me han dicho nada", ha lamentado.

Los testimonios más impresionantes son los de algunos supervivientes de la tragedia.

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Uno de los presos que salvó la vida explicó que tuvieron que "escuchar gritos de la gente que estaba quemándose", mientras enseñaba sus dedos fracturados en el intento de escapar del fuego.

"Tuvimos que romper el tejado como pudimos", añadió.

La tensión que han vivido los familiares de los fallecidos ha llegado a desatar conatos de violencia y ha obligado a los agentes del orden a disparar y lanzar bombas lacrimógenas.

Cadáveres en las celdas

Numerosas personas rompieron cercas y el portón de la entrada principal de la prisión y entraron, pero sin llegar hasta las celdas donde están los cadáveres.

Los familiares se oponen a que sus muertos sean enviados a Tegucigalpa para la autopsia.

La situación de violencia ha sido controlada, mientras el secretario de Seguridad, acompañado de otras autoridades y la representante de un organismo de derechos humanos, intentaba explicar a los familiares desde el interior de la prisión el procedimiento legal que se debe seguir.

"Yo entiendo el dolor de las familias pero hay que cumplir con lo que dice la ley".

Reos morían agarrando los barrotes de sus celdas

Postrado en una camilla Víctor Sevilla narró horrorizado cómo salvó su vida la madrugada del miércoles al huir, por los techos, del gigantesco incendio en el penal de Comayagua, donde al menos 350 reos murieron, muchos abrazados a los barrotes de las celdas.

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Aterrados por las llamas, los reos --según testimonios-- debieron además sortear los disparos al aire de los guardias que al parecer en un primer momento creyeron que se trataba de un intento de fuga de esta prisión del centro de Honduras.

"Fue muy triste, me desperté con el griterío de los compañeros que estaban ya rompiendo el techo de madera y zinc. Salimos y saltamos. Tuvimos que lanzarnos por un muro, los otros estaban muriendo entre las llamas", dijo Sevilla a la AFP en el hospital de Comayagua, 90 km al norte de Tegucigalpa.

"Un reo encargado de enfermería rompió tres candados y pudo salvar a un montón de gente", relató Sevilla, de 23 años y condenado a 12 años por homicidio, quien escapó de su celda y de la muerte sólo pagando el precio de una fractura de tobillo.

Relatan el infierno que vivieron

Al hospital Santa Teresa fue llevada una treintena de sobrevivientes del voraz incendio que consumió casi la mitad de la granja-penal -los reos se dedicaban al cultivo de hortalizas y a la cría de animales- por causas que son investigadas por las autoridades.

Los reclusos que se salvaron del siniestro relataron escenas dantescas de presos que quedaron calcinados abrazados a los barrotes, sin poder romper los candados de las celdas. "Murieron prendidos en fuego, fue un infierno", narró uno de los supervivientes, no identificado.

Fabricio Contreras, de 34 años, fue uno de los primeros presos en lograr salir y narró cómo los custodios del penal "dispararon al aire porque pensaban que se trataba de una fuga"

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"Estaba durmiendo cuando me desperté por los gritos de mis compañeros, de repente miré las llamas que se levantaban, la gente quería salir por el portón, pero nadie nos abría, levantamos entre todos las láminas del techo y saltamos por el techo, y saltamos un muro", contó.

"Fue horrible como pedían auxilio de las otras celdas porque se estaban quemando", añadió Contreras, atendido por una lesión en su pierna derecha y leves quemaduras.

Desesperación y caos

Eberth López, de 29, preso por homicidio, cuenta que fue despertado por un compañero: "Miramos las lenguas de fuego. Todos gritaban pidiendo auxilio, no nos abrían los portones, las llaves no aparecían", contó a la AFP, aún bajo conmoción.

En las afueras del hospital, en cuya entrada fue colocada una lista con los reclusos internados en el lugar, decenas de personas buscaban desesperadas a sus parientes.

"Mi hijo se asfixió allí. Los guardias no les abrieron la puerta para que murieran quemados. Si hubieran abierto la puerta se hubieran salvado. Había una gran balacera cuando los reos desesperados querían salir", relató Leónidas Medina, de 69 años.

El presidente de Honduras, Porfirio Lobo, anunció este miércoles la separación temporal de las autoridades penitenciarias para garantizar una investigación eficaz de las causas del incendio, que calificó de "lamentable e inaceptable tragedia".

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