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El Gobierno de Uribe asesta un

El Gobierno de Uribe asesta un

El Gobierno colombiano le propinó a las FARC uno de los golpes más duros, con el rescate de 15 secuestrados.

Al ataque

BOGOTA,  Colombia - El Gobierno colombiano le propinó a la guerrilla de las FARC uno de los golpes más duros, con el rescate sanos y salvos de quince secuestrados, entre ellos Ingrid Betancourt y tres estadounidenses, las cartas más valiosas que tenían en su poder para una negociación.El Ejército, sin disparar un tiro, y con estrategias casi inocentes, logró infiltrar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y liberar a la ex candidata presidencial, a los tres contratistas estadounidenses y a once suboficiales de la Policía y el Ejército.

El Gobierno del presidente Álvaro Uribe convenció con esta operación a muchos escépticos y detractores de su política de "seguridad democrática" y se anotó un éxito que obligará a las FARC a replantear muchas cosas.

"Una vez más, hacemos un llamado a los nuevos cabecillas de las FARC para que depongan las armas, para que no se hagan matar ni sacrifiquen a sus hombres, para que se desmovilicen", subrayó el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, al dar un parte de victoria.

Las FARC habían recibido golpes demoledores este año, uno de ellos la muerte en marzo pasado de su "número dos", Luis Edgar Devia, alias "Raúl Reyes", en un bombardeo en territorio ecuatoriano en el que fallecieron otras 25 personas.

También en marzo pasado murió, al parecer de causas naturales, su fundador, el legendario Pedro Antonio Marín, conocido como "Manuel Marulanda" o "Tirofijo", la figura que daba cohesión a la guerrilla más antigua del mundo y una de las pocas que sobreviven.

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El hecho de tener cautiva a Betancourt convirtió en asunto internacional el drama de los secuestrados colombianos, que las FARC aspiran a canjear por cerca de medio millar de rebeldes presos.

Algo similar ocurría con los contratistas estadounidenses, Thomas Howes, Keith Stansell y Marc Gonsalves, que servían de comodín a las FARC para exigir que dentro del canje también se liberara a los guerrilleros "Simón Trinidad" y "Sonia", extraditados a EU hace más de dos años por narcotráfico.

"Jaque mate contras las FARC"

El caso de Betancourt proyectó su figura a niveles altísimos, al punto de que miles de ciudades de Europa la declararon ciudadana de honor, además de que su nombre fue propuesto a los premios Nobel, Príncipe de Asturias y Sajarov.

Su suerte fue en su día un asunto de Estado para el anterior presidente francés, Jacques Chirac, y se convirtió en prioridad para el actual mandatario, Nicolas Sarkozy.

"Esto fue un jaque mate a las FARC", declaró el general Mario Montoya, comandante del Ejercito, en alusión a la operación, bautizada precisamente "Jaque", que fue "limpia" en lenguaje táctico, ya que no hubo víctimas ni disparos.

Los guerrilleros fueron engañados hasta sus altas esferas y convencidos por los infiltrados de que los rehenes iban ser llevados a una cita con "Alfonso Cano", el nuevo líder de las FARC, sucesor de "Tirofijo".

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Pero todo fue una treta cinematográfica: al subir al helicóptero militar, pintado de blanco y rojo, los militares se identificaron y los 15 rehenes supieron que su pesadilla, de entre cinco y diez años, había terminado.

La política de Uribe fue reconocida con gallardía incluso por Yolanda Pulecio, madre de Betancourt, que siempre se opuso a un rescate por temor a un desenlace fatal y se convirtió una aguerrida crítica del gobernante colombiano dentro y fuera del país.

La propia Betancourt no tuvo sino palabras de elogio hacia Uribe, que nunca renunció a la posibilidad del rescate, ni en los peores momentos, en medio de una lluvia de críticas.

"Yo quiero expresar al presidente Uribe mi reconocimiento y, claro, a mi amigo Juan Manuel Santos, ministro de Defensa, porque si ellos no hubieran tomado el riesgo que tomaron, nosotros no estaríamos libres y probablemente quién sabe cuántos años más estaríamos en ese calvario", manifestó Betancourt.

Las FARC tienen ahora en su poder a 25 rehenes de unos 60 que formaban al comienzo el grupo de "canjeables" y, según el Gobierno, militares y analistas, no tienen más alternativa que liberarlos ante los hechos, los golpes recibidos y el clamor mundial para que los dejen en libertad y abandonen la lucha armada.

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