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Crece la desesperación en Chile tras el potente terremoto del sábado

Crece la desesperación en Chile tras el potente terremoto del sábado

Tres días después del devastador terremoto que azotó el centro-sur de Chile, la desesperación y el enojo crecen.

"Barrió con todo"

SANTIAGO - Tres días después del devastador terremoto que azotó el centro-sur de Chile la desesperación  entre los miles de sobrevivientes crece, y también las preguntas. ¿Por qué el gobierno no avisó del maremoto? ¿Por qué tarda tanto la ayuda? ¿Por qué nadie nos ha venido a socorrer?, se preguntaban la madrugada del lunes pobladores de Pelluhue, un balneario ubicado en el borde costero de la región del Maule, el epicentro del seísmo.

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"Mi familia no murió durante el terremoto, fallecieron ahogados 40 minutos después, cuando el mar se tragó la tierra", dijo otra pobladora, llorando, a un reportero de la Televisión Nacional de Chile (TVN).

Y en medio del dolor de una de las peores tragedias ocurridas en Chile en los últimos 50 años, también asoman escenas de heroísmo y de vandalismo, mientras los equipos de rescate continúan escarbando entre montañas de escombros en busca de personas con vida y también cadáveres que engrosan la lista de fallecidos, cuya cifra el lunes se elevó a más de 740.

"Hay una destrucción muy grande en el litoral", dijo otra pobladora. "No sabemos cuántos muertos hay, pero son muchos. La ola después del terremoto era gigantesca y barrió con todo, todo... Se llevó el trabajo de años", añadió.

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Sigue temblando

Las horas pasan, lentas, y las réplicas no terminan. Hasta las 10 a.m. del lunes 13 temblores de entre 4.8 y 5.2 grados en la escala de Richter han estremecido el centro de Chile. Desde las 3:34 horas del sábado, cuando la tierra enloqueció, se han registrado más de 250 movimientos telúricos y cada uno de ellos va desmoronando las construcciones que quedaron en pié pero con graves daños estructurales.

El gobierno estimó en 1.5 millones de casas y residencias las afectadas por el seísmo, y que un tercio de ellas quedaron inhabitables y el resto deben ser inspeccionadas por las autoridades competentes.

Pero los sobrevivientes no quieren cifras, quieren agua potable, comida, abrigo, un techo, médicos, medicinas, unidades de rescate...  "Desde que ocurrió el terremoto nadie ha venido hasta acá, solo ustedes los periodistas", contó una mujer en Pellehue, donde los daños con dantescos. "Tenemos frío y necesitamos muchas cosas, pero ninguna autoridad ha llegado hasta acá".

Mala respuesta

Reclamos similares se comenzaron a escuchar desde la mañana del domingo en dos de las seis regiones afectadas por el terremoto, Concepción y Maule, ubicadas a unos 500 km de Santiago. El gobierno no respondió a las primeras quejas y de desató una ola de saqueos en farmacias, supermercados y estaciones de gasolina.

Para detener el descontento social, la presidenta Michelle Bachelet decretó el estado de catástrofe y envió 10 mil tropas del ejército a patrullar calles y coordinar la ayuda.

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En el amanecer de este lunes algunos medios reportaron que a pesar de la medida y el toque de queda, los saqueos continuaron, aunque en menor escala, pero que las ayudas, sobre todo en el litoral, era escasa y los sobrevivientes continuaban buscando a familiares desaparecidos sin ningún tipo de ayuda oficial ni equipos especiales para remover las toneladas de escombros que dejó, primero el terremoto y después el maremoto.

Ola de 20 metros

"Como de 20 metros fue la ola", dijo un hombre llorando. "Nunca había visto esto en mi vida".

Poco después del terremoto, el sábado, Bachelet descartó la posibilidad de un tsunami y señaló que se esperaban "olas de gran tamaño", pero no un tsumani.

El lunes las imágenes de la televisión corroboran el error presidencial. Pueblos, caletas de pescadores y balnearios fueron arrasados por completo y sólo sobrevivieron los más viejos, aquellos que vivieron el maremoto de 1960, de 9.5 grados en la escala de Richter, y que presintieron que después del largo y potente sismo vendría el tsunami, y con él la muerte.

"Apenas dejó de temblar corrimos hacia los cerros. Fue un terremoto muy fuerte como para no creer que vendría el maremoto. Así fue en Valdivia", dijo otro poblador.

Valdivia y Chillán fueron las dos ciudades más afectadas durante el maremoto de 1960, calificado por científicos como el mayor terremoto en la historia del mundo.

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Milagros de vida

Las horas transcurren y también las historias. El Concepción, Alberto Rozas contó que la noche del terremoto él y su hija buscaron refugio en el baño de su apartamento ubicado en el piso 13 de un edificio de departamentos.

El edificio se desplomó. Rozas abrazó a su hija y esperó, hasta que vio a través de la destartalada ventana del apartamento y "había luz, la luz de la luna llena".

Rozas y su hija, Fernanda, treparon y salieron de los escombros con apenas cortaduras, raspones y moretones.

"El terremoto y la caída fue todo una sola cosa, horrible", dijo Rozas el domingo. "Yo la abrazaba y ella nunca me dejó".

Llanto amargo

Pero en el litoral del centro sur no se escuchan este tipo de historias. Se oye llanto, lamento, hambre, necesidad, frío, miedo... "Nadie, nadie ha venido a ver qué pasó aquí, a ayudarnos a encontrar a nuestros familiares", dijo otra pobladora de Pelluhue. "No tenemos agua, luz, nada, nada. No sabemos qué pasó en otras partes. Estamos totalmente incomunicados".

Lejos del devastado balneario, en Río de Janeiro, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que, aunque Chile es un país más rico y está más preparado para hacer frente a un terremoto, Brasil será tan solidario con el país andino como lo fue con Haití.

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"Vamos a hacer todo lo que está a nuestro alcance para ser solidarios con Chile, como estamos siendo solidarios con Haití", dijo el gobernante brasileño en su programa semanal de radio.

Lula aseguró que la ayuda de Brasil depende de las necesidades de ese país y de la conversación que tendrá con la presidenta chilena, Michelle Bachelet, con la que aún no ha podido hablar por problemas en las líneas.

Depende de Bachelet

"Obviamente que todo va a depender de la conversación con la presidenta en los próximos días, pero vamos a enviar nuestros equipos para discutir lo que necesitan", añadió.

"Pueden estar seguros de que de nuevo Brasil será solidario con el pueblo chileno y con cualquier otro pueblo que sufra una catástrofe", afirmó Lula.

"Chile tiene la ventaja de ser un país más estructurado. Es un país que, históricamente, vive con terremotos, por lo que tiene una defensa civil más preparada. Es un país más rico y con construcciones más sólidas, pero, en lo que sea necesario, seremos solidarios", agregó.

Otra realidad

Pero los comentarios del mandatario brasileño son distintos a los clamores de cientos de miles de chilenos que siguen atrapados entre los escombros del maremoto. ¿Por qué el gobierno no avisó del tsunami? ¿Por qué tarda tanto la ayuda? ¿Por qué nadie nos ha venido a socorrer?, interrogan a los pocos periodistas que han llegado a la zona.

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"Veo los mismos problemas que ocurrieron en Haití poco después del terremoto del 12 de enero", dijo Carlos Saldibia, un periodista independiente que vive en Santiago y cubrió la tragedia de Puerto Príncipe. "Allá hubo mucha desorganización, como se mira acá. La ayuda estaba, pero acumulada en el aeropuerto y la gente muriéndose de hambre y necesidades".

En Ginebra, Suiza, grupos internacionales de asistencia humanitaria indicaron que están enviando fondos y equipos de expertos para ayudar a las tareas de recuperación en Chile tras el terremoto del sábado, pero advirtieron que las operaciones son muy diferentes de las encaradas en Haití, pues es el gobierno chileno el que conduce las operaciones.

Necesitan dinero

La Cruz Roja dijo que hay voluntarios brindando primeros auxilios en las zonas devastadas por el sismo de magnitud 8,8 y que está solicitando donaciones de dinero dentro de Chile para ayudar a los más de dos millones de afectados.

La organización liberó $280,000 de sus propios fondos y enviará a expertos en asistencia para ayudar en la recuperación.

Sin embargo, la Cruz Roja y agencias de Naciones Unidas enfatizaron que el gobierno chileno es quien conduce las operaciones.

La Organización Mundial de la Salud dijo el lunes que espera que la presidenta chilena, Michelle Bachelet, señale dónde deberían ir los grupos extranjeros de ayuda.

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Según la OMS, hay 500,000 viviendas dañadas y los que corren más riesgos son los residentes indígenas.

"Estamos desesperados, ya no podemos más", dijo un anciano de Pelluhue. "Necesitamos comida, agua y que nos ayuden a encontrar a los familiares y amigos desaparecidos".

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