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Colombianos miran con desdén el pacto que sellará la paz

Colombianos miran con desdén el pacto que sellará la paz

Muchos bogotanos siguieron su rutina como si nada, en este miércoles único en que su presidente y el jefe de las FARC acordaron firmar la paz en seis meses.

Este miércoles irrepetible, en el que el presidente Santos se vio por pr...
Este miércoles irrepetible, en el que el presidente Santos se vio por primera vez con 'Timochenko' para fijarle un plazo a la firma de la paz, fue para muchos colombianos un día cualquiera.

Por Sinar Alvarado @sinaralvarado desde Bogotá

Este miércoles fue un día único para el proceso de paz en Colombia: por primera vez el presidente Juan Manuel Santos se vio cara a cara con Rodrigo Londoño, alias Timochenko, el jefe de las FARC.

Pero muchos bogotanos siguieron sus rutinas como si nada. Incluso las sedes de algunos partidos lucían desiertas durante la tarde. De veintidós televisores contados en varias manzanas muy cerca del centro de la ciudad, solo uno seguía en directo las noticias que llegaban desde Cuba. Este miércoles irrepetible fue para muchos un día cualquiera.

Desde las cuatro de la tarde empezaron los operativos de información en las emisoras de radio, pero los canales de televisión locales siguieron con su programación casi hasta las cinco, cuando mostraron por fin la llegada de ambas comitivas a la isla: por un lado, el presidente rodeado de funcionarios y asesores; por el otro, los líderes y comandantes de la guerrilla.

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En un restaurante solitario, el televisor transmitía una y otra vez estas escenas, mientras los periodistas reforzaban la importancia del momento con frases rimbombantes. Rodeada de mesas vacías, una libretista terminaba su plato de carne y hablaba con entusiasmo:

"No es casual que hayan elegido este día: hoy se celebra el Yom Kipur; un día en el que es muy importante el perdón. Yo veo esto como colombiana y siento una gran alegría".

Catalina Ruge trataba de entender el desinterés casi unánime que había alrededor:

"Hemos vivido mucha violencia. La gente está acostumbrada y parece que no cree en la paz: no cree que sea posible. Sí, hay mucha incredulidad", acotó.

Muy cerca de su mesa, recostado en la barra, Wilmer Gil descansaba después de limpiar la cocina.

Santos y Timochenko ya se daban la mano, y él, con un trapo en la mano, miraba la pantalla con desprecio.

"Hay mucha hipocresía de ambos lados. Si no hay trabajo para los que estamos acá afuera, ¿cómo les van a dar trabajo a todos esos guerrilleros? Ambos grupos son bandidos: el Gobierno y la guerrilla. Hay mucha corrupción; esos están viendo cómo se benefician entre ellos. Yo no creo en lo que están haciendo", afirmó.

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Este miércoles fue evidente el divorcio.

Por un lado van el gobierno y la guerrilla, en su matrimonio forzado, apostando por un proceso de paz tan necesario como amenazado. Y por el otro, el pueblo colombiano -incluidas las víctimas- tantas veces decepcionado en su búsqueda de una paz duradera.

El presidente Santos habló desde La Habana y prometió dos cosas esenciales: no habrá impunidad, y el acuerdo final se firmará a más tardar en seis meses.

Raúl Sánchez, profesor de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario, evaluó el anuncio con optimismo. Consideró que el acuerdo alrededor de la justicia transicional está bien armado porque goza del respaldo de las leyes colombianas y los tratados internacionales.

"Yo calculo que habrá un 90 por ciento de amnistiados entre las FARC, pero en ese 10 por ciento restantes estarán los ejecutores de crímenes de lesa humanidad que pagarán sus delitos. Las comisiones de la verdad son instancias extra legales, pero sirven, junto a otros mecanismos, para que los culpables comparezcan. La fiscalía colombiana ha investigado y todo eso va a colaborar para que ocurra lo más importante para las víctimas: que se sepa la verdad", explicó.

A las seis y media de la tarde ya todo había ocurrido. Algunas pantallas todavía mostraban a Santos y Timochenko con una leyenda que decía: “La imagen del día”.

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Los dos hombres sonreían y resumían la expectativa que tanto se ha concentrado en torno al proceso que lideran. Los colombianos comunes, al menos los que habitan en la capital del país, supieron ignorar la trascendencia del suceso, quizá hartos de tantas decepciones. Pero ningún gesto es unánime ni definitivo.

En una esquina, mientras esperaba a alguien, un soldado con uniforme y sin armas sonreía con timidez. No quiso hablar de política, pues su trabajo se lo impide.

Él tampoco estaba enterado de la gran noticia, pero escuchó con atención el relato.

Seguramente tendrá su opinión sobre el proceso de paz y el acuerdo recién anunciado, pero en la noche de este miércoles, ante el escenario que se avecina, solo se atrevió a pronunciar una palabra: "Ojalá".

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