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La congresista colombiana Clara Rojas.

Clara Rojas: "Hacer la paz es más difícil que hacer la guerra"

Clara Rojas: "Hacer la paz es más difícil que hacer la guerra"

El diálogo con las FARC en Cuba debe dar resultados para convencer a los escépticos de que la paz es posible.

La congresista colombiana Clara Rojas.
La congresista colombiana Clara Rojas.

Deutsche Welle: Usted misma vivió la tortura de estar secuestrada por las FARC durante 6 años. ¿Con cuáles ojos ve usted los esfuerzos de paz en Colombia?

Clara Rojas: Es un trabajo muy positivo. De hecho trabajé activamente en la campaña que respaldó el proceso de paz, la propuesta con la que Juan Manuel Santos logró su reelección. De los 5 puntos a tratar entre el Gobierno de Colombia y las FARC, van 3 ya muy avanzados. Actualmente se trata el capítulo de las víctimas, que puede conducir a la finalización del conflicto. En la Cámara de Representantes pertenezco a la Comisión de Paz, en donde hacemos seguimiento a la Ley de Víctimas. La Comisión se encarga también de motivar el ambiente en torno al proceso de paz en todo el país.

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Usted es una de las pocas personas, víctimas del secuestro, que han podido regresar con éxito a la escena pública de la política colombiana. ¿Cómo lo ha logrado?

A punta de mucho tesón. Después del cautiverio empecé otra vida. Después de mi liberación he escrito tres libros que dan cuenta de lo que viví en la selva. He sido activista de Derechos Humanos y fui directora de País Libre, una ONG que tematiza el secuestro y la desaparición forzada. Estando en mi trabajo por las víctimas me ofrecieron presentar mi candidatura por el Partido Liberal a la Cámara de Representantes del Congreso. Así que salí a las calles a conseguir los votos, puerta a puerta.

Se ha calificado la presencia del primer grupo de 12 víctimas, de las 60 escogidas por Naciones Unidas y la Universidad Nacional, con el respaldo de la Conferencia Episcopal, como “un hecho histórico”. Este 9 de septiembre está en La Habana el segundo grupo, mayoritariamente compuesto por mujeres, lo que refleja el impacto del conflicto en la sociedad. ¿Cuál es el valor que usted misma, como una de las víctimas del conflicto y como política, le concede a este hecho?

Me parece muy importante. Pero me hubiera gustado que allí hubiera más víctimas de las FARC, que es con el grupo ilegal con el que se está buscando la paz. Es con los victimarios, en este caso las FARC, que se construye el proceso de paz. Pero allí también hay víctimas de los paramilitares, de las bandas criminales del narcotráfico y de las fuerzas del Estado.

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  Tras dos años de conversaciones entre el Gobierno de Colombia y las FARC se dice que “ha llegado la hora de las víctimas del conflicto”. ¿Qué pueden, que deben esperar las víctimas de La Habana?

Espero que las víctimas tengan el mayor reconocimiento, la mayor garantía de que los crímenes no se repitan, la mayor dignificación por su situación. Espero que con esto puedan allanarse los caminos para la búsqueda de la verdad.

¿Y qué puede y debe esperar la sociedad colombiana, en general?

La gran expectativa es que culmine con éxito un proceso de paz en el que haya un acto compromiso de parte de las FARC. Y que finalmente pidan perdón y se comprometan a no repetir sus hechos violentos y participen de la vida civil, como cualquier otro ciudadano. Pero si bien las FARC deben cumplir sus obligaciones, también deben disfrutar de los derechos que tiene una democracia, un Estado de Derecho.

¿Qué tanta justicia para las víctimas cree que pueda lograr la mesa de negociaciones de paz de La Habana?

Ya en Colombia se creó lo que llamamos “Marco jurídico para la paz”, en el que se dan los lineamientos generales de Justicia. Esto permite diseñar leyes transicionales que permiten la readaptación de las personas que abandonen las armas y regresen a la vida civil. Este marco garantiza un mínimo de justicia. Los delitos de lesa humanidad, como el secuestro, no permiten una rebaja de penas.

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Pero las cr íticas y presiones a la iniciativa de paz, impulsada por el presidente Juan Manuel Santos y respaldada por los más diversos partidos políticos y organizaciones civiles, son fuertes: desde que Santos le está entregando el país al supuesto “castro-chavismo” hasta que con un probable acuerdo de paz “se desplazará a los militares para darle cabida a los guerrilleros, sus antiguos captores”. ¿Cuál es su propia postura?

En el juego político los opositores o detractores siempre echan mano de algo que busque debilitar, pero esto no se compadece con la realidad. Yo, personalmente, no veo al presidente Santos entregándole el país al “castro-chavismo” ni desplazando a los militares porque la misma realidad de Colombia no lo permite. Así firmáramos el acuerdo de paz mañana en Colombia hay otras fuerzas desestabilizadoras, como bandas criminales, que hay que combatir. El Estado aún tiene mucho por hacer para estar presente en todos los rincones del país. En aras de la franca discusión, hay que reconocer que tras un proceso de paz el número de efectivos de las Fuerzas Armadas podría reducirse, pero de ninguna manera van ser desplazadas por las FARC. La Fuerza Pública es muy necesaria para ejercer la soberanía en Colombia.

¿Qué le dice usted a quienes en Colombia se oponen a una paz negociada como la que se está gestando?

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Hay críticas que son valederas y es importante que los críticos puedan tramitarlas de una manera respetuosa por los canales normales de la democracia. Me parece también que los críticos debieran dar un compás de espera. Yo misma recibo embates de las FARC y estoy dando el correspondiente tiempo de espera para que vuelvan a la razón.

Las pasadas campañas al Congreso y a la Presidencia de Colombia fueron dominadas, en realidad, por un “sí” a la paz y otro “sí”, pero a continuar la guerra. Este enfrentamiento, que se reflejó en la votación de todo el país, dejó una sociedad dividida casi por la mitad. ¿Qué tanto tiene que hacer aún la mitad de los colombianos para convencer a la otra mitad de que la paz es la única salida?

Hay un trabajo enorme por hacer. En la medida en que las FARC demuestren un mayor compromiso facilitaría más esa gestión. Ojalá las tensiones existentes durante este proceso de paz vayan desapareciendo.

Algunas de las víctimas que ya estuvieron en La Habana han sido atacadas por políticos de “ultra-derecha” que cuestionan su decisión de verse a cara a cara con sus victimarios. Otras reuniones de víctimas en diferentes ciudades de Colombia han sido objeto de intentos de sabotaje. ¿Qué tanto pueden entorpecer estos hechos la búsqueda de la paz?

Es importante que las víctimas que trabajan por su reconocimiento no permitan la división de su lucha. Debemos comprender que todas las víctimas están unidas por un común denominador que es su inmenso dolor. Cada uno expresa sus sentimientos de manera diferente, y esto debe ser respetado.

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¿Qué se necesita aún para apoyar el proceso de paz de La Habana, cuyo éxito no está, de ninguna manera, asegurado?

Lo más importante es que el proceso produzca resultados. Eso es lo esperamos todos los colombianos. Se necesitan resultados lo más pronto posible para que la gente pueda convencerse de que este proceso de paz sí tiene futuro.

Usted fue elegida recientemente al Congreso de Colombia, más exactamente a la Cámara de Representantes, por el Partido Liberal. ¿Qué tanto puede aportar usted en esa función a “hacer las paces“, como usted lo concibe?

Yo hago parte de la Comisión Constitucional en donde tratamos las grandes reformas del Estado propuestas por el Gobierno de Santos. Allí nos corresponde crear los marcos legislativos, no solo para la paz sino para el pos-conflicto. La reforma a la Justicia y al equilibrio de poderes, por ejemplo, son elementos que permiten mostrar que vamos por buen camino. Desde el Legislativo velamos porque las reformas sociales en salud, educación y trabajo se lleven a cabo. Tenemos que velar porque las inversiones lleguen a donde deben ir.

 Las FARC han buscado descalificarla como víctima por no haber querido abandonar a su compañera de fórmula política, Ingrid Betancourt, en el momento del secuestro. ¿Qué significa para usted esa postura de las FARC?

Es desafortunada. Eso es querer tapar el sol con las manos. A las FARC les cuesta aún reconocer que han cometido el crimen del secuestro en su lucha política y buscan justificarlo hablando de “retenciones”. Falta aún que las FARC reconozcan que han secuestrado, que practican el reclutamiento forzado y que maltratan a las mujeres en sus propias filas.

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¿Ganan las FARC cuando intentan sacar del camino a quienes cuestionan sus posturas?

Es posible. Las FARC buscan contrarrestar la participación activa de la sociedad en el proceso de paz. Mi trabajo por las víctimas lo hago por quienes no tienen voz para preguntar por la suerte de sus seres queridos desaparecidos o que aún están secuestrados.

¿Qué lección le ha dejado a usted esa decisión personal el día del secuestro?

Desde ese día ha pasado mucha agua por el río. Siempre estoy buscando pasar la página, pero los actuales ataques de las FARC contra mí persona me vuelven a hacer vivir esa tragedia de la que me quiero librar. Es triste. Pero esa fue una experiencia de vida que, de alguna manera, lo ayuda a uno madurar, a evolucionar como ser humano.

¿Qué efecto puede tener en el exterior un acuerdo de paz en Colombia?

Para los vecinos sería un parte de tranquilidad y para el mundo un mensaje de consolidación de la democracia en Colombia.

Colombia lleva muchas décadas preparada para la guerra. ¿Está preparada para la paz?

Si. Lo que pasa es que aún nos toca entender que hacer la paz es más difícil que hacer la guerra.

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