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Abandonados a su suerte, 85 ancianos haitianos esperan morir

Abandonados a su suerte, 85 ancianos haitianos esperan morir

Un hombre viejo yace inmóvil cuatro días después del terremoto mientras las ratas hurgan en su pañal, que se desborda.

Sin agua, comida ni medicamentos

PUERTO PRÍNCIPE - Una anciana se arrastra por la tierra y llora porque quiere sus medicamentos. Un hombre viejo yace inmóvil mientras las ratas hurgan en su pañal, que se desborda.

Para ayudar a través de Univision y la Cruz Roja llama al 1-800-842-2200.

Opina sobre la tragedia en HaitíNo hay agua, comida ni remedios para los 85 ancianos que vivían en la dañada Residencia de Ancianos Municipal de Puerto Príncipe, apenas a un kilómetro y medio (una milla) del aeropuerto donde un enorme operativo de asistencia internacional se está organizando.

"Ayúdennos, ayúdennos", rogaba el domingo Mari-Ange Levee, de 69 años, tirada en el suelo con costillas y una pierna fracturadas. Un enjambre de moscas zumbaba sobre otra fractura, abierta, en su cabeza.

Un hombre ya murió tras sobrevivir al sismo y el administrador Jean Emmanuel dice que si la ayuda no llega de inmediato otros también fallecerán.

"Le pido a quien sea que nos traiga lo que sea o si no otros no vivirán hasta esta noche", dijo y señaló a cinco hombres y mujeres que respiraban con dificultad, una señal de que estaban agonizando.

"Las ratas se les están viniendo"

El fallecido era Joseph Julien, un enfermo de diabetes que tenía 70 años, a quien sacaron del asilo parcialmente colapsado pero murió de hambre el jueves.

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Su cuerpo se descompone sobre un colchón, pero casi no se lo distingue de los que yacen a su alrededor, vivos.

Seis residentes murieron en el sismo y ahora quedan 25 hombres y 60 mujeres, acampados afuera de su antiguo hogar. Algunos yacen sobre un colchón. Otros no tienen dónde.

Madeleine Dautriche, de 75 años, dijo que algunos de los ancianos habían juntado dinero para comprar tres paquetes de fideos, que compartieron entre todos el jueves, la última vez que comieron. Como no había agua potable, algunos prefirieron no alimentarse porque la comida se cocinó con agua de la alcantarilla.

Dautriche indicó que muchos ancianos llevaban pañales que no habían sido cambiados desde el día del sismo.

"El problema", dijo, "es que las ratas se les están viniendo".

Buscan refugio en Dios

Ninguna campana sonó en Puerto Príncipe este domingo pero decenas de haitianos acudieron como acostumbran a la misa en la catedral, para encontrar en Dios la esperanza perdida.

Cinco días después de la tragedia, la celebración tuvo lugar en una calle contigua al templo, que quedó totalmente en ruinas tras el sismo. Sólo una fachada se mantiene en pie y en medio del rosetón, una imagen de Dios parece mirar el desastre desde lo alto. Un cadáver en descomposición yacía en la entrada principal.

"Debo transmitir un mensaje de esperanza porque Dios está entre nosotros pese a la tragedia y la vida no ha terminado", explica el padre Henry Marie Landasse mientras se prepara para la celebración.

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Ante la visión del templo, el sacerdote levanta las manos al cielo. "Hay cosas difíciles de entender sin los ojos de la fe", dice.

Rezos con máscaras

Con máscaras en el rostro para protegerse del hedor a putrefacción que invade las calles, sucios, exhaustos y muchos de ellos hambrientos, los fieles le reciben cantando y con rosarios en las manos.

"Hemos perdido mucho. Algunos lo han perdido todo pero Dios está con nosotros", afirma con gesto cansado Aida Paul.

En este país profundamente creyente, donde conviven diferentes prácticas asociadas al cristianismo, el sismo del martes fue entendido como un signo de Dios y vivido por muchos haitianos con una sorprendente resignación.

En las calles, donde miles de haitianos se ven obligados a vivir desde el martes, los cánticos de alabanza a Dios y de agradecimiento por estar vivos duran casi toda la noche.

"No he perdido la esperanza ni mucho menos la fe en Dios porque estoy viva", afirma Ismela François, una anciana que vive frente a la catedral.

"Y he venido a dar gracias porque la mano de Dios salvó a mi familia", agrega.

La túnica blanca del sacerdote choca con el cuadro desolador que lo rodea y su voz se ve opacada a menudo por los helicópteros que sobrevuelan la ciudad.

"Gracias por habernos salvado, y misericordia para las víctimas", comienza la ceremonia.

De rodillas en el suelo, algunas mujeres no pueden reprimir las lágrimas. Entre oración y oración, los fieles conversan en voz baja de las últimas noticias que tienen sobre el sismo, sobre personas que finalmente fueron encontradas muertas, sobre otras de las cuales no saben nada y sobre la repartición de ayuda humanitaria.

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"Todo el mundo aquí tiene una desgracia para contar. Hemos perdido amigos, familiares y todo lo que teníamos", explica Pauline, una madre de familia que reza con máscara y guantes, asustada por las posibles infecciones que puede atrapar en la ciudad.

Con la mirada puesta en los helicópteros de la ONU que sobrevuelan el lugar de la misa, algunos no pueden reprimir la rabia.

"Dicen que el aeropuerto está lleno de médicos, de comida y de agua. Pero nosotros no hemos visto casi nada. ¿Por qué no traen ya esa ayuda a la ciudad?", se pregunta Simeon Toussaint.

Saqueadores linchados

En medio de las privaciones, algunos recurrieron a los saqueos, lo que enfureció a quienes custodiaban sus pocas pertenencias.

Dos presuntos saqueadores yacían en una calle en el barrio de Delmas, ambos golpeados y con sus cabezas atadas juntas. Varias personas de la enfurecida multitud que los rodeaba dijeron que fueron atacados por los indignados lugareños y otros dijeron que los autores del ataque eran policías.

Uno yacía completamente inmóvil, con extensas manchas de sangre seca en las trenzas. El otro sangraba profundamente tirado en el suelo y ocasionalmente sufría convulsiones en una pierna.

Horas después, una periodista de AP vio que ambos habían muerto. Sea cual fuere la causa de su muerte -linchamiento o violencia policial-, todos los presentes concordaron que eran delincuentes que habían escapado de una prisión destruida.

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Nadie sabe cuántos murieron

El secretario general de Naciones Unidas Ban Ki-moon, que partió hacia Haití, calificó al terremoto como "una de las crisis más serias en varias décadas".

"Los daños, la destrucción y la pérdida de vidas simplemente son abrumadoras", dijo.

Nadie sabe cuánta gente murió por el sismo. El gobierno de Haití ya recuperó unos 20 mil cadáveres, sin contar los que recogieron otras organizaciones o los deudos, dijo el primer ministro Jean-Max Bellerive.

La Organización Panamericana de Salud dice que entre 50 mil y 100 mil personas murieron. Bellerive dijo que 100 mil "parecería ser el mínimo".

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