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Una mujer reservada y compleja

Una mujer reservada y compleja

La esposa de John McCain y potencial candidata a ser Primera Dama es una mujer reservada y compleja.

Rica heredera

WASHINGTON, DC - Cindy McCain, la rica heredera de Arizona de sonrisa inescrutable que se paseaba en un Mercedes dorado durante sus años universitarios, es una mujer reservada y compleja, empresaria por obligación y filántropa por devoción.La esposa del candidato presidencial republicano, John McCain, que habló de su vida y milagros antes de la intervención de su marido en la Convención Republicana de Minesota -y que de ganar las eleccions de noviembre podría convertirse en Primera Dama de la nación-, nació el 20 de mayo de 1954 en Phoenix, Arizona.

Cindy Lou Hensley fue la única hija del segundo matrimonio de James Hensley y Marguerite Smith, que ya tenían hijos de uniones previas.

Su padre, artillero durante la II Guerra Mundial, creó un pequeño negocio de licores, Hensley & Co., que se convertiría en uno de los mayores distribuidores de cerveza del país.

Cindy creció en la abundancia y dice ser "hija única", a pesar de tener dos medio hermanas.

Una de ellas, Kathleen Hensley Portalski, fruto del primer matrimonio de James Hensley, asegura estar "ofendida" con la insistencia de Cindy en que es hija única.

"Me hace sentir como si yo no fuera persona", afirmó este mes en una entrevista con la Radio Pública Nacional (NPR).

Como hija única

Polémicas familiares a un lado, sí es cierto que Cindy creció con la atención típica de cualquier hijo único, se convirtió en la heredera exclusiva del imperio erigido por su padre y se calcula que su fortuna supera los $100 millones.

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James Hensley la preparó para que asumiera las riendas del negocio familiar, aunque a ella le interesaba la educación de niños con minusvalías.

La heredera de los Hensley tiene un máster en educación especial por la Universidad del Sur de California y trabajó en un barrio pobre de Phoenix con niños con síndrome de Down.

En la primavera de 1979, viajó con sus padres a Hawai, donde conoció a John McCain.

Ambos mintieron sobre su edad: McCain, que tenía 41 años, dijo tener 37 y Cindy, de 24, aseguró tener 27.

El suyo fue, según dicen, amor a primera vista. El único problema es que McCain estaba casado, aunque su relación no funcionaba bien.

Matrimonio con McCain

Menos de un año después, Cindy y John McCain contrajeron nupcias.

McCain hizo de Arizona su tierra adoptiva e inició una carrera política sustentada por la fortuna y los contactos de su suegro.

En 1982 logró un escaño al Congreso y los McCain se trasladaron a Washington, una ciudad a la que Cindy no se acostumbró.

Cuando en 1984, tras varios abortos espontáneos, descubrió que estaba otra vez embarazada, los médicos le recomendaron reposo y Cindy encontró la excusa perfecta para regresar a Arizona.

Fue así como asumió las riendas de un hogar al que el cabeza de familia llegaba sólo los fines de semana y en el que se criaron siete hijos: tres del primer matrimonio de McCain, tres fruto de la unión entre Cindy y John, y una adoptada en Bangladesh.

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Cindy compaginó sus tareas de madre con las de empresaria y con la filantropía que desarrolló tras comprobar las condiciones infrahumanas de los hospitales locales en un viaje a Micronesia.

Entonces fundó "American Voluntary Medical Team", un grupo dedicado a enviar medicinas y material médico al Tercer Mundo.

Adicta a los opiáceos

La asociación se disolvería posteriormente tras uno de los episodios más aciagos en la vida de Cindy: su adicción a varios analgésicos opiáceos, que incluso llegó a robar de la citada organización, y que tomaba para calmar el dolor causado por varias operaciones de espalda.

Cindy admitió su problema una noche de 1992, después de que su madre, alarmada por su pérdida de peso y su mal aspecto, le preguntara que qué le pasaba.

Su marido no supo nada hasta un año después, cuando se abrió una investigación para averiguar por qué habían desaparecido medicamentos de la organización caritativa.

La caricatura que publicó entonces un periódico local, que la presentó como una drogadicta, y las críticas a su marido durante la campaña presidencial del 2000, que la hicieron llorar en público, la llevaron a desarrollar un impenetrable muro de protección que le ha dado fama de distante.

Sus intervenciones en la campaña suelen empezar con la frase "seré breve".

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Después se sienta o se queda de pie cerca de su marido, con una estudiada media sonrisa y sus intensos ojos azules fijados en un punto indefinible del espacio.

Cindy, que sobrevivió a un derrame cerebral en el 2004, aspira a convertirse en una primera dama al estilo de Diana de Gales.

"Con suerte, será una experiencia positiva", dijo recientemente la esposa de McCain, una mujer amante de los collares de perlas de varias vueltas, a la que sus partidarios califican de refinada, sus críticos de estirada y que, a sus 54 años, tiene todavía un aire juvenil gracias en parte a su estilizada figura.

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