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Sí se pudo

Sí se pudo

Columna del periodista Martín Caparrós sobre el partido México-Brasil y la actuación del arquero Memo Ochoa.

México acaba de encontrar un nuevo paladín. No es buen signo enamorarse...
México acaba de encontrar un nuevo paladín. No es buen signo enamorarse de un arquero.

Por Martín Caparrós

La página web de su exequipo, Ajaccio, abre con una foto suya y el deseo de sus compañeros: Tutt’Aiacciu incù tè forza, Memo. Memo es Guillermo Ochoa, el arquero de México, y sus amigos corsos supusieron que precisaba ese aliento: en la liga francesa fue el arquero más goleado, 72 en 38 partidos, y su club descendió. Esta tarde, en cambio, fue el héroe decisivo. México acaba de encontrar un nuevo paladín. No es buen signo enamorarse de un arquero.

Siempre me deprimió un poco el concepto sí-se-puede. Suena como una confesión de inferioridad: los que cantan dicen que poder "hacer tal cosa, ganar tal partido" es solo un deseo, la voluntad de oponerse a la idea aceptada de que no podrán. Si fuera claro que pueden no lo gritarían como en un desafío. Y aquí, a mi alrededor, docenas de mexicanos lo gritan y lo guardan y lo vuelven a gritar: temen, históricamente temen cada ataque de Brasil, creen que no podrán, recuperan confianza con cada atajada magistral del corso Ochoa.

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(Los argentinos, con perdón, nunca gritamos sí se puede: lo damos por descontado, nos parece evidente que podemos. Después, en general, descubrimos que no; suele ser tarde.)

En la tele, el local se enmaraña. Marcelo, Neymar y Oscar son de los pocos brasileros de este equipo; el resto quizá sea brasileño. Brasil aprieta un rato; después vuelve a perderse en su propio laberinto, sin organización, sin plan, al arrebato. Es un equipo ciclotímico, desaparece mucho, y cuando desaparece parece perfectamente vulnerable: no impone miedo ni respeto.

Mientras, México juega al fútbol sí-se-puede: corren, corren y, suponiendo que no sabrán cómo entrar en el área, sus jugadores patean cada pelota desde afuera. (Un estudio reciente sobre miles de casos mostró que solo el 2 por ciento de los tiros de lejos se convierten en goles. Si el fútbol fuera un ejercicio racional, nadie más patearía de más de 20 metros; grasiadió no lo es.) México juega, en fin, aquello que Valdano habría llamado fútbol de derecha: la honesta agitación de quienes saben que no saben suficiente, que tienen que ganarse el pan con el sudor de sus sobacos "y las palmas de Memo. Y así, por fin, encuentran lo buscado. El empate es un triunfo sin triunfo y alrededor fluye tequila, las cervezas, la emoción de lo esperado inesperado. Los gritos se concretan:

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"¡Sí se puede!

Dicen.

"¡Sí se puede!

Y la sorpresa los sobrecoge: sí, pudieron.

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