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Revolución "gourmet" llega al Congreso

Revolución "gourmet" llega al Congreso

La comida "orgánica" llegó a los comedores del Congreso de EU. No más comidas grasientas y poco saludables.

La última vez que las cafeterías del Capitolio fueron noticia fue

cuando, hace ahora cinco años, enfadados por la falta de apoyo de

Francia a la Guerra en Irak y henchidos de fervor patriótico,

prohibieron llamar a las patatas fritas "french fries", es decir

"patatas francesas".

Ahora, vuelven al candelero por razones muy distintas. Lo

"gourmet" se ha impuesto. Pero no todos están de acuerdo.

Se acabaron los quesos procesados, las patatas fritas -francesas

o americanas- grasientas y las hamburguesas congeladas y

prefabricadas.

Lo que se lleva ahora son las ensaladas orgánicas con pollo o

atún al "grill", las tartaletas de fruta fresca y sofisticada, como

frambuesas, kiwis o arándanos y los pescados a la plancha que, hasta

hace unos años, el americano medio no sabía ni que existían.

La diversidad se impone y en las distintas estaciones de venta de

esta nueva comida rápida, se pueden leer carteles como "Taquería" o

"A la plancha", en español.

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Comida de coloresSe sirven comidas de colorines, como tomates amarillos y patatas

púrpura procedentes de los andes peruanos; las galletas y los panes

ya no son simplemente de chocolate o de trigo integral, sino que se

llaman "biscotti" y "focaccia".

Las gelatinas, hasta ahora onmipresentes en el panorana culinario

de EU han pasado a ser "creme caramel", es decir, flan, y "trufa

de chocolate tropical".

Todas estas delicias ahora son el pan nuestro de cada día por

obra y gracia de Nancy Pelosi, la californiana demócrata presidenta

de la Cámara de Representantes que decidió llevar la "revolución

verde" hasta los fogones del Congreso.

La calidad, por supuesto, es mucho mayor. Pero también los

precios. Y hay quejas.

Según recoge el prestigioso diario legislativo "The Politico" en

su edición digital, se ha pasado de una "cafetería de escuela

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secundaria" a restaurantes con pretensiones, pero los sueldos del

personal, que nunca fueron altos, no han cambiado.

Los republicanos, que libran su particular batalla a todos los

niveles contra los demócratas, tienen las espadas en alto y

reclaman..."¡libertad!" para comer lo que les dé la gana.

"No me gusta que Nanny Nancy (Pelosi) me diga lo que debo comer.

Si quiero comer cosas poco saludables, debiera tener esa

posibilidad", asegura una funcionaria de un representante

republicano en declaraciones a "The Politico".

Los bombardeos republicanos van incluso más lejos y se preguntan

si, con tanto yogur orgánico, no habrá alguna empresa -o algún

donante demócrata que, incluso, identifican- que se esté

beneficiando de un cambio tan radical.

Este extremo ha sido negado por Jeff Ventura, un portavoz del

organismo que supervisa el funcionamiento de las cafeterías y que se

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ha apresurado a indicar que la decisión de vender estos alimentos y

no otros tiene que ver "con el precio, la calidad y la satisfacción

del consumidor".

Por tanto, Ventura descartó esta posibilidad por "completamente

absurda".

Todo "ecológico"La revolución, además, trasciende de los puros alimentos. Los

vasos y platos desechables son reciclables porque -lo dicen los

cartelitos- "hay que cuidar el planeta Tierra".

Todo, pues, es ecológico y los contenedores donde se tiran las

basuras lo recuerdan. Cada cosa debe ir en su sitio. No vale hacerlo

de otra manera.

Las opiniones, como siempre, para todos los gustos. Hay quien

está encantado de que en su lugar de trabajo haya tantas opciones

saludables a la hora del almuerzo.

Pero las presiones se han dejado sentir y, para los nostálgicos

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que se resisten al cambio, aún se venden pizzas, sandwiches y

ensaladas cargadas de lechugas "iceberg", tomates "de plástico" y

salsas calóricas convencionales.

Quizá por eso, un funcionario demócrata consultado por Efe y que

pidió no ser identificado, concluyó: "Mira, mejor no hacemos

comentarios todavía".

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