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Pienso

Pienso

Columna de Martín Caparrós sobre la importancia de los cantos en los estadios, muchos originados en Argentina.

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Por Martín Caparrós 

El gobierno no los saca a pasear en sus delegaciones culturales, los suplementos no los ensalzan, no aparecen en las antologías, pero está claro que la literatura argentina que más se ha difundido por el mundo en las últimas décadas son los cantitos de la cancha.

Sus vías son extrañas: se ha sabido incluso de jefes de la barra del Real Madrid que se adiestraron con la Doce, pero la mayoría de esos cantos "pura cepa argentina" circula por caminos más confusos. Se ha oído, incluso, a hinchadas niponas cantándolos con orden y progreso.

Uno de ellos hizo mucho ruido, en Brasil, estos días: se hizo famoso un grito de dos sílabas. Todavía recuerdo las risitas nerviosas con que descubrimos "1969, primer año del bachillerato" que la primera persona del singular del verbo pensar, en latín, se decía puto. Ahora el mundo se reía parecido: como chicos que oyen de pronto cacaculopís.

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Lo cantaban, en los estadios brasileños, los hinchas mexicanos, cada vez que el arquero estaba por sacar desde su área: un clásico de la cancha de Boca "y tantas otras. Pero aquí se armó un escándalo de correción política.

Por fin la Fifa "la Fifa" decidió no castigarlos; ayer, los tricolores se dedicaron a cantarlo sin desmayo. Por 70 minutos el público se divirtió más consigo mismo: el partido era enredado, inocuo. Después se soltó y, entre los 72 y los 85, México hizo sus tres goles, aseguró su pase "pero no cumplió con su meta de evitar a Holanda; Chile quedó para Brasil.

Este Mundial está lleno de partidos así. Alguno de los estadistas que ahora abundan debería censar qué proporción de goles se consigue a partir de los 15 del segundo tiempo: cuando la garra que está ganándole partidos al talento cede a la lógica fatiga de correr como perros. Cuando el agotamiento de los presionadores abre los espacios empiezan las posibilidades de jugar al fútbol. (Aún así, quizá no sea prudente esa propuesta que pide que los hagan jugar un tiempo a solas, encerrados, antes de entrar en el partido.)

Pero la garra gana, por ahora: la caída de España "sobre todo" y los problemas de Italia, Alemania, Brasil, Argentina, legitiman la idea de que correr tiene más premio que hacer correr la bola. En tales partidos, es lógico, hay que gritar latinajos para distraerse.

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