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Obama, presidenciales y el voto blanco

Obama, presidenciales y el voto blanco

La victoria de Clinton en W. Virginia mostró la incapacidad de su rival para atraer al votante obrero blanco.

Esos votantes serán junto con los jóvenes, los hispanos y los

habitantes de las zonas rurales y las pequeñas ciudades

estadounidenses decisivos en las elecciones generales del 4 de

noviembre, según el diario The Wall Street Journal.

"Estoy ganando el voto de los católicos, de los hispanos, de los

trabajadores y de los votantes de más edad, la clase de personas que

el senador (republicano John) McCain luchará para atraer en las

elecciones generales", recordó la senadora esta semana.

Y al igual que ocurrió en Ohio y Pennsylvania, Clinton volvió a

ganar por goleada entre la clase trabajadora blanca.

Los sondeos a pie de urna muestran que casi dos terceras partes

de los votantes en W. Virginia fueron clase obrera blanca,

grupo que engloba los trabajadores que carecen de estudios

universitarios.

Alrededor de un 75 por ciento de esos votantes dio su apoyo a

la senadora demócrata por Nueva York, uno de sus mejores resultados

con ese grupo demográfico de todas las primarias hasta la fecha.

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Se trata de una paradoja que no deja de sorprender, dado que es

Obama y no Clinton el que proviene de una familia modesta de clase

media y quien, aun así, no logra conectar con esa esquiva clase

media trabajadora.

Los asesores de la senadora por Nueva York aseguran que su

fortaleza en ese frente y su habilidad para ganar estados más

grandes y claves como Florida, Ohio, Texas o Pennsylvania la

convierten en la candidata con más posibilidades de triunfar en las

urnas en noviembre.

Resulta difícil, con todo, que esos argumentos logren alterar una

realidad que se presenta adversa para Clinton, quien ha ganado en

menos estados, tiene menos votos populares y menos delegados que

Obama, y afronta, además, estrecheces económicas.

El senador afroamericano está a unos 150 delegados de conseguir

la nominación, algo que podría ocurrir en las próximas tres semanas

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si los "superdelegados" (personalidades y funcionarios electos del

Partido Demócrata) siguen dándole su apoyo.

Pero Hillary no tira la toalla y aseguró que está "más decidida

que nunca" a seguir en la campaña ante su convicción de que es la

mejor candidata para liderar al país.

"La Casa Blanca se gana en los estados indefinidos", que se

caracterizan por cambiar su patrón de voto en las distintas

elecciones, afirmó Clinton, para añadir que es ella la que gana en

esos estados clave.

La ex primera dama volverá a librar una nueva batalla de su

difícil guerra la próxima semana en Kentucky y Oregon y, según

prometió el martes, competirá también en las últimas tres primarias que se

disputarán en Dakota del Sur, Montana y Puerto Rico.

"Está claro que los expertos que han declarado que esta carrera

ha llegado al final están equivocados", dijo para insistir a

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continuación en que "los votantes de West Virginia se han

expresado de forma tajante y quieren que esta lucha continúe".

Obama, mientras tanto, tiene la vista puesta ya en las elecciones

generales de noviembre.

"Esta es nuestra oportunidad de construir una nueva mayoría de

demócratas e independientes y republicanos quienes saben que ya no

aguantamos cuatro años más de George W. Bush", dijo en un acto

electoral en Missouri, un estado que promete ser reñido en noviembre.

"Este es nuestro momento de superar las divisiones y

distracciones que caracterizan la política de Washington", añadió el

hombre que aspira a convertirse en el primer presidente afroamericano de

Estados Unidos.

Los sondeos a pie de urna en West Virginia demuestran que,

para su desdicha, el color de su piel puede jugar en su contra. Así,

uno de cada cinco votantes dijo hoy que las consideraciones raciales

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jugaron un papel en su decisión. Ocho de cada diez de esos votantes

apoyó a Clinton.

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