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Neymar

Neymar versus Zúñiga

Neymar versus Zúñiga

En esta columna de Fernando Escobar Giraldo se trata de la pasión futbolera que ha dejado este Mundial.

Neymar
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Por Fernando Escobar Giraldo

Seguí con entusiasmo la llegada de la selección de fútbol de mi país, Colombia, a Bogotá, después de su decorosa actuación en Brasil. En las caras de los jugadores, a pesar del cansancio físico, se reflejaba gran alegría.

Pero no puedo imaginar lo que sentían en sus corazones el jugador Camilo Zúñiga y sus familiares más cercanos. Su vida y la de su hija fueron amenazadas tras el desafortunado roce de una rodilla suya con la espalda de la estrella brasileña Neymar, causándole una lesión que lo dejó por fuera del torneo. Ese instante le arrebató a Camilo toda la felicidad y la cambió por desesperanza, desconcierto, temor.

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Días después del regreso al país, el jugador del Napoli, de Italia, fue a visitar a sus padres en el pequeño pueblo de Chigorodó, Antioquia, y llegó acompañado de 10 policías escoltas. Difícil para él, recorrer en esas condiciones las calles donde aprendió a jugar al fútbol.

He visto el video una decena de veces y las autoridades de la FIFA tienen razón, no hubo intención. Pero eso no fue suficiente para evitar que las amenazas continuaran y con el expediente que tiene Colombia tras el asesinato de Andrés Escobar después de haber hecho un autogol en el Mundial del 94, hay motivos para preocuparse, aunque no se sepa de donde provienen las amenazas ni que tan reales sean.

Es infame, inaudito, doloroso, que el centrocampista de 28 años, sea recordado como el hombre que lesionó a Neymar y no como el gran jugador que aportó su habilidad futbolística para llevar felicidad a todo un país. Es imposible predecir hasta donde y hasta cuando durará su incertidumbre y la de su familia, pero no debieran vivir con ella, es injusto.

El histórico triunfo de Alemania siete por uno contra Brasil, irónicamente se convirtió en una cruz más para Camilo Zúñiga. Un “twittero” publicó la dirección de su casa y su teléfono en Italia y además invitó a que lo asesinen. La cancillería colombiana pidió a su cuerpo consular advertir a las autoridades italianas sobre la situación, pero eso no significa tranquilidad total para el jugador, a quien tampoco valieron su disculpa pública y su reputación de jugador limpio.

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Los deportes, como la religión y la política, despiertan pasiones profundas. Pero el fútbol llega quizás más lejos. Tal vez por su extrema popularidad que lo lleva a todos los rincones, o por el significado que tienen un triunfo o una derrota. El fútbol calienta la sangre y en ocasiones, muchas lamentablemente, hace perder la razón. Es absurdo y una gran falta de ética que periódicos brasileños hayan jugado con las palabras para publicar un titular como el de: “Muerte a Zúñiga”.

Es una tragedia el que, quien era la esperanza brasileña, haya quedado fuera de las canchas como quedó. Pero es igualmente trágico que la prensa brasileña haya pedido la cabeza de nuestro jugador. ¿Hasta dónde hemos llegado, por Dios?    

La ironía va más allá, una veterana enfermera brasileña perdió su empleo por el simple hecho de haber tomado una foto con su celular a Neymar cuando arribó al hospital. Quedó sin el sustento para su familia. 

Son muchas, muchísimas, las injusticias contruidas alrededor del fútbol y Camilo Zúñiga se ha convertido en una de sus víctimas.

La familia de una enfermera está pendiente de un nuevo empleo para ella. Todo Brasil está pendiente de una vértebra de Neymar. Y toda Colombia está pendiente de la vida de Camilo Zúñiga.

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