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Mundial 2.0

Mundial 2.0

Balance del periodista Martín Caparrós sobre la Copa del Mundo de Brasil: sorpresas, mordida y lo que se viene.

Por Martín Caparrós

Ya nos habíamos aprendido casi todas las letras. Sabíamos que Colombia estaba en la C, Corea en la H, Costa Rica en la B "y de pronto nada de eso sirve para nada. Metáfora mala del saber contemporáneo: aprender cosas que quedarán caducas en unos pocos años. ¿Quién usa, ahora, el Messenger o un grabador de cinta o la democracia de delegación?

Todo eso se acabó; mañana empieza el Mundial 2.0, el verdadero. Del 1.0 solo importaban las sorpresas; lo suyo, lo normal, son sus confirmaciones. En cambio en el 2.0 todo es posible "o casi todo" y eso es lo que lo hace salvaje, irresistible. El Mundial es una sobredosis. Una amante exigente, una locura de verano: no es poco y es casi demasiado. Es una suerte, dijo alguno, que lo gocemos y suframos cada cuatro años; más sería, quizás, insoportable.

La sorpresa, en este caso, fue el fracaso de las tres ligas más ricas del mundo: tal vez reconsideren en algo su estructura de importadores compulsivos. Las confirmaciones, que todos los otros que debían pasar pasaron. Pero sin alardes: tras 48 partidos no hay candidatos claros, o no más que al principio.

Ni Brasil ni Argentina ni Alemania parecieron intratables. Holanda y Francia impresionaron por momentos y tuvieron baches importantes. Colombia circuló tranquila con equipos que no la exigieron; Costa Rica, sobreexigida, pasó por el estrecho tempestuoso; Chile camina hacia la trampa brasilera, el peso de las instituciones; Uruguay perdió a su héroe en nombre de sus propias tradiciones.

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Creo que nada se recordará "del 1.0" más que esa mordida. Hay personas que hacen más que lo que deben: son los que se destacan, son los que se hunden. Hay personas que llevan el mandato que reciben "el mandato social" más allá de sus límites, hasta el abismo o el ridículo: personas que se despilfarran.

Dominique Strauss-Kahn iba a a ser presidente de Francia pero era un hombre al que siempre dijeron que los hombres de verdad se cogen cuantas más mujeres "y no pudo parar de hacerlo y perdió todo. Luis Suárez escuchó tantas veces que la garra charrúa, que la celeste se debe defender con uñas y con dientes "y mordió de verdad y perdió casi todo.

Siempre me fascinó la tragedia de esos personajes: los que no pueden controlar sus instintos, los que hacen algo innecesario que los pierde, que saben que no deben pero igual. La mordida de Suárez fue un triunfo de la pulsión por sobre la razón. En estos tiempos de razón comerciante, de interés y control, nada puede resultarnos más ajeno, más perturbador: más memorable.

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