publicidad
Carlos Barrios, uno de los 33 mineros rescatados, regresa a la mina donde estuvo atrapado 69 días.

Lecciones desde una mina de oro chilena

Lecciones desde una mina de oro chilena

Lecciones desde una mina de oro chilena

Carlos Barrios, uno de los 33 mineros rescatados, regresa a la mina dond...
Carlos Barrios, uno de los 33 mineros rescatados, regresa a la mina donde estuvo atrapado 69 días.

Tragedia con un final feliz

No es fácil que ocurran tragedias con un final feliz. El accidente en una mina chilena de oro y cobre que dejó atrapados a 33 hombres a media milla de profundidad durante 69 largos días y la subsiguiente misión de rescate no sólo tuvo un final feliz sino que también nos dejó muchas lecciones de vida, fuerza, paciencia, unidad, perseverancia, supervivencia, solidaridad y sobre todo de fe.

Cuando ocurrió el accidente en la mina San José en el desierto de Atacama el 5 de agosto, nadie más que los chilenos le prestaron atención. Sin embargo, tan pronto se conoció que los mineros estaban vivos 17 días después, comenzaron a aparecer en el radar de los medios noticiosos. La curiosidad era cómo los socorristas podrían cavar 2.300 pies de roca para liberar a los mineros y cómo sobrevivirían durante el proceso.

publicidad

El gobierno chileno y los expertos de la explotación minera comenzaron inmediatamente el esfuerzo de rescate cuidadosamente orquestado. La comunicación fue establecida con los mineros a través de un estrecho agujero de 6 pulgadas que se convirtió literalmente en su cuerda de salvamento. Una pequeña cámara fue bajada al eje de la mina y los hombres podían hablar con sus familias, enviar y recibir cartas, recibir medicamentos, alimentos, material recreativo, artículos de higiene, ropa limpia y una iluminación especial.

Las familias de los hombres levantaron un refugio que fue llamado “Campamento esperanza.” Y hasta él llegaron, procedentes de todo el mundo, mensajes de apoyo, buenos deseos y solidaridad de extranjeros que oraban por su supervivencia. Los mineros y sus familias no estaban solos. El que podría ser un proceso que tomaría hasta 4 meses fue ejecutado milagrosamente en 7 semanas.

Mientras narré los esfuerzos de rescate como parte de la cobertura continua de Univisión, pensé mucho en cómo cada uno de estos hombres, que viven una vida simple y trabajan en condiciones precarias para sostener a sus familias, bien hubieran pasado por la vida desapercibidos, pero de repente los ojos del mundo estaban sobre ellos.

Una vez que fue tomada la decisión de en que orden serían traídos a la superficie en la cápsula Fénix, nos referimos a ellos por sus números. Minero 1, minero 2, minero 3, minero 4, hasta el último, el 33. Pero ellos eran mucho más que simples números. Hablábamos de seres humanos, cuya historia de vida era de repente del dominio público. Aprendimos de sus amores, de sus miedos, de sus gustos y aversiones, de sus luchas y a veces de sus sentimientos más internos.

publicidad

Millones de personas se pegaron a sus televisores o computadoras para observar como uno a uno fueron traídos con éxito hasta la superficie. Salieron de la oscuridad a la luz y se convirtieron de inmediato en héroes.

Pero si pudieron permanecer vivos todo ese tiempo en las entrañas de la tierra, fue debido a sus habilidades organizativas, al instinto de supervivencia, a su fuerza, al valor y al espíritu. Cada uno de estos hombres, en edades entre 19 y 63 años, realizó una tarea que contribuyó a su supervivencia.

Luis Urzúa asumió inmediatamente el papel de líder y racionó la comida y el agua durante las primeras dos semanas de cautiverio involuntario. Florencio Avalos y Mario Sepúlveda documentaron sus rutinas diarias. Yonni Barrios, con el escaso conocimiento de medicina que tenía teniendo una madre diabética, se hizo cargo de todos los exámenes médicos.

Víctor Zamora añadió un poco de alivio con su humor y José Manuel Henríquez leyó la biblia y habló a sus compañeros mineros sobre cómo mantener la fe.

Hay imágenes de esas tensas 22 horas y 1/2 que tomó rescatar a los mineros que permanecerán en nuestras mentes durante mucho tiempo. Contrario a lo que se anticipaba, los mineros no emergieron frágiles ni débiles tras soportar tan dura prueba. Emergieron sonriendo, luciendo sanos, con energía y dando gracias por tener una segunda oportunidad en la vida.

publicidad

Para mí, las imágenes más memorables son los abrazos y los besos, en ese momento muy especial en que un minero veía a su esposa, hijos o madre, a su padre o hermanos, por primera vez. Nunca olvidaré la cara del niño que explotó en lágrimas cuando su padre apareció en la superficie, o la niña que aguardaba ansiosa y que corrió para abrazar a su papá.

Chile tiene mucho de que sentirse orgulloso. Como dijo el presidente chileno Sebastián Piñera, su país ahora no sólo se conoce en todo el mundo sino que también se le respeta. En esa noche gloriosa del milagro chileno, él acuñó una frase: “Lo hicimos a la chilena. Lo hicimos bien”.

publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad