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La vida no siempre da segundas oportunidades

La vida no siempre da segundas oportunidades

Visité a Carlos Vargas porque, a pesar de estar paralizado del cuello para abajo, estaban pintando un mural basado en una de sus acuarelas.

La fascinación con las pistolas probó ser una afición peligrosa

Por: Luis Megid, corresponsal del Noticiero Univision

A veces la vida no da una segunda oportunidad. Conocí a Carlos Vargas hace siete años en el sexto piso del hospital de San Francisco donde vivía. Lo visité porque, a pesar de estar paralizado del cuello para abajo, estaban pintando un mural basado en una de sus acuarelas.

Vargas tenía entonces 24 años y pagaba el precio de una decisión equivocada. Cuando tenía 17, y ya había labrado un largo historial con la policía, un agente de la juvenil lo acompañó al aeropuerto de Houston desde donde iba a ser deportado.

El último consejo que le dieron en Estados Unidos fue que no volviera, que se quedara en Guanajuato con su familia y que se enfocara en un nuevo comienzo trabajando y estudiando.

Vargas no quiso escuchar y un año más tarde regresó a las calles de San Francisco, a una vida de pandillas que eventualmente lo pondría frente a las balas que lo cambiarían para siempre.

No hizo caso

La fascinación con las pistolas, me dijo que tenía varias, probó ser una afición peligrosa. Eran fáciles de conseguir en el 2000 cuando lo hirieron, y son fáciles de conseguir en el 2013 cuando volví a entrevistarlo para hablar sobre el costo de la violencia. No hay duda de que el precio que el pagó ha sido extremadamente alto.
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