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La jornada sudaca

La jornada sudaca

Columna del periodista Martín Caparrós. Brasil, Chile, Colombia y Uruguay se transformarán en magia o cruda realidad.

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Por Martín Caparrós

Mañana, en el mundo mundial, es jornada sudaca. El azar "para eso está" fue juguetón y los amontonó, de modo que cuatro equipos latinoamericanos "Brasil, Chile, Colombia, Uruguay" se transformarán en uno en tres pases de magia o cruda realidad. En el Mundial 1.0 todo fue bien para Sudaquia "casi todos sus equipos siguieron adelante" y aparecen estos días las voces que celebran el éxito, que hablan del continente como una especie de unidad orgullosa.

Supongo que lo es; es, también, el lugar donde las rivalidades se exasperan. Si no fuera por las Malvinas, los argentinos jamás pensaríamos en Inglaterra como un enemigo: los nuestros naturales son Brasil, sobre todo, y de un modo casi cariñoso, Uruguay.

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Es recíproco y está cuantificado. Los números dominan el mundo y los números mienten y los números dominan al mundo. El New York Times publicó una encuesta muy sesuda: preguntaron a miles en 19 países cuál ganaría el Mundial y cuál querrían que no ganara. Todos dijeron que Brasil lo ganaría, salvo los argentinos, españoles y norteamericanos, que se eligieron a sí mismos. Pero ningún país cosechó tanto rechazo como Argentina: cuatro de los cinco latinoamericanos encuestados "Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica" prefieren que pierda pronto. “El disgusto parece venir de la historia futbolística argentina y de su pretendida superioridad económica y cultural en la región”, intentó explicar el diario.

Pero, más allá de reyertas y querellas, queda la pregunta del millón: ¿Por qué tres países "o dos países y medio: en Brasil, el fútbol nunca fue más al norte de Río de Janeiro" concentran casi la mitad de los mundiales jugados hasta ahora?

Porque, en principio, por vaya a saber qué raro designio, el fútbol se reinventó en estas tierras. De ese deporte inglés fue apareciendo este juego sudaca: “Aquél es más pesado, lento, fuerte, disciplinado y armónico en la acción conjunta. El nuestro es más liviano, veloz, afiligranado, con menos acción colectiva y más derroche de habilidad personal”, escribió, hace casi 80 años, Chantecler, el gran comentarista de la revista El Gráfico.

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Ahora, cuando la globalización podría haber acabado con esas diferencias, el misterio sigue en pie: ¿por qué nuestros países producen todavía esos futbolistas que todos cotizan y, de vez en cuando, alguno realmente excepcional? ¿Por qué seguimos teniendo ese raro privilegio cuando millones y millones lo intentan sin el mismo resultado? ¿Qué raro privilegio tiene el fútbol sudaca?

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