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La cara amarga del mundial

La cara amarga del mundial

Dolorosamente el fútbol, que sirve para unir a los pueblos es también una de las mafias más grandes.

Dolorosamente el fútbol, que sirve para unir a los pueblos es también un...
Dolorosamente el fútbol, que sirve para unir a los pueblos es también una de las mafias más grandes.

Por Fernando Escobar Giraldo

Tengo que reconocer que me apasiona el fútbol. Junto con muchas otras cosas buenas, me lo inculcó mi padre desde muy pequeño.

Esto no tiene nada de extraño, pues es la historia de millones y millones de personas en el mundo entero. Y por eso estoy entre los que por estos días nos enloquecemos frente a una pantalla de televisión viendo los partidos del torneo mundial. Pero eso no puede alejarme de una cruel realidad que el periodista tiene la obligación de investigar, analizar y mostrar. Quiero llamarle, usando la consabida frase: “La cara amarga mundial”. Y como verán, en realidad es la otra cara, una muy dolorosa.

Si su jefe le pidiese a uno de los miles de periodistas en Brasil presentar historias sobre “la otra cara del mundial”, quizás investigue la vida privada de los futbolistas, o muestre las protestas en las calles de las ciudades brasileñas, o imágenes de como disfrutan las playas de Copacabana aquellos para quienes este deporte no es atractivo. O, si es más agresivo, tal vez se atreva a investigar sobre como eventos deportivos como este, son utilizados para la explotación sexual de hombres y mujeres.

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No dudo que hay quienes se partan la mente calculando los costos verdaderos de un campeonato mundial de fútbol, los que no se aprecian a simple vista porque están calculados en horas de trabajo no realizados en el mundo, en estudiantes escapados de las escuelas, en oficinas donde se deja de trabajar, en negocios cerrados, en consumo de licor y muchísimas maneras más.

Pero lo triste del caso es que llega a tal extremo esa pasión, que ni siquiera es noticia el hecho de que el fútbol también deja huérfanos, viudas y a mucha gente inocente en los cementerios. Haga usted un recorrido por internet, y verá como el apego incontrolado al fútbol, ha cobrado tantas vidas a lo largo de la historia, que se podrían comparar con las de una guerra.

Y este mundial no es la excepción.

Es quizás aburrido para los aficionados al fútbol, que alguien se ponga a hablar de estos temas en pleno campeonato. Pero hay que hacerlo, tenemos que reflexionar. Si quienes lo consideran aburrido llegaran a convertirse en víctimas, la cosa sería distinta para ellos. Tan solo en Bogotá, la noche en que los colombianos celebraron su triunfo sobre Grecia, hubo 9 muertos y más de 30 heridos durante los festejos; la policía calculó que atendió unas 3.000 riñas. En un pequeño pueblo de Honduras, una pelea entre aficionados que veían un partido, cobró 3 vidas y dejó un herido. En China, país que ni siquiera participa en el mundial, se ha informado de 3 personas muertas viendo los partidos. En Nigeria, un terrorista puso una bomba en un lugar público donde se congregaban aficionados para ver los juegos, lo que obligó al gobierno a prohibir ese tipo de encuentros colectivos. Quizás Brasil no ha querido contarle al mundo acerca de posibles víctimas fatales durante las numerosas protestas repelidas. Y cuando escribo e

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sta nota, ignoramos hasta donde el tequila caliente los ánimos tras el brillante juego de México frente a Brasil.

Estos son tan solo ejemplos. Los daños son muchos más. Dolorosamente el fútbol, que sirve para unir a los pueblos, para reunir en paz a enemigos, para divertirnos y escapar a tantos males, es también una de las mafias más grandes, como se ha denunciado hasta la saciedad. Los buenos que imagino quedan en la FIFA, los gobiernos, Naciones Unidas, debieran estudiar cómo hacer frente a la violencia que se genera alrededor del deporte y buscar mecanismos para evitarla o, por lo menos, para disminuirla. Y que en vez de que mueran aficionados, mueran definitivamente las mafias que tanto daño le hacen al deporte.

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