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Guerra de palabras en la ONU

Guerra de palabras en la ONU

En los últimos 50 años muchos se han quejado de la ONU, pero ahora no parecen quejarse mucho cuando la usan para propaganda.

No es inusual escuchar palabras fuertes durante el desfile de discursos en la ONU, pero éste año parte de la retórica significó un triste retorno a la era de la Guerra Fría. La sexagésima segunda asamblea general hizo titulares no sólo por lo que se dijo, sino por lo que brilló por su ausencia.

Por ejemplo, el presidente George W. Bush ignoró virtualmente al líder iraní Mahmoud Ahmadinejad, quien estaba literalmente a unos pasos de él. En vez, al retar a los jefes de estado a "liberar a la gente de la tiranía y la violencia, del hambre y las enfermedades, del analfabetismo y la ignorancia, y de la pobreza y la desesperación", Bush eligió arremeterla contra la dictadura militar de Myanmar, conocido anteriormente como Birmania.

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El presidente norteamericano tuvo también palabras fuertes para su enemigo favorito en la región, Fidel Castro. "En Cuba", dijo, "el largo régimen de un cruel dictador está llegando a su fin", refiriéndose a los males que han mantenido al líder cubano fuera de la vista pública y fuera del poder por más de un año.

Bush hizo un llamado a Naciones Unidas para que apoye una transición democrática en la isla, presionando al gobierno de Cuba para que convoque a elecciones libres.

Delegación molesta

Los comentarios de Bush enfurecieron a la delegación cubana que se retiró del salón durante su discurso y motivó además palabras fuertes de por lo menos uno de sus aliados.

"Bush ha incurrido en una total falta de respeto hablando de Cuba cuando representa un sistema que ha mandado a asesinar al presidente de Cuba, nuestro hermano Fidel Castro, y ha impuesto un duro bloqueo contra la isla", dijo el presidente nicaragüense Daniel Ortega.

Las palabras de Ortega, quien regresó al escenario de Naciones Unidas tras 17 años fuera del poder, se parecieron mucho a las de aquel joven revolucionario que dirigió a los Sandinistas en la guerra civil en contra de los "Contras" apoyados por Estados Unidos.

"Estados Unidos se presenta como la democracia más ejemplar del mundo, cuando realmente es una tiranía y la dictadura más gigantesca y más impresionante que ha existido a lo largo de la historia de la humanidad", dijo el líder nicaragüense.

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Aunque Cuba en realidad no necesitaba ayuda para responder al presidente norteamericano.

Un día después de la presentación de Bush ante la asamblea general, el Ministro de Relaciones Exteriores cubano, Felipe Pérez Roque, aprovechó su turno en el podio para lanzar su contraataque.

Describió la participación del presidente Bush como "escandalosa y grosera".

"Bush es un curioso guerrero que desde la retaguardia manda a matar y morir a los jóvenes de su país a miles de kilómetros de sus costas", dijo. "Bush no tiene ni autoridad moral ni credibilidad para juzgar a ningún otro país".

Como si fuera poco, Pérez Roque acusó a Bush de llegar al poder mediante fraude en la elección presidencial del año 2000.

"Habríamos podido librarnos de su presencia aquí, y en vez de ello escuchar a Albert Gore hablándonos acerca del cambio climático y de los riesgos para nuestra especie", dijo.

Agendas dispares

Mientras Estados Unidos, Cuba y Nicaragua se batieron en duelo con su guerra de palabras, otros jefes de estado de la región hablaron de su propia agenda.

La presidenta chilena Michelle Bachelet, una víctima de la tortura durante la dictadura del general Augusto Pinochet, abogó por mecanismos más efectivos para proteger y promover los derechos humanos en el mundo.

El presidente colombiano Álvaro Uribe, cuya mano dura ha llevado al virtual desmantelamiento de las fuerzas paramilitares en su país, prometió apoyar un esfuerzo humanitario para liberar a rehenes en poder de grupos guerrilleros de izquierda sin "sacrificar la democracia".

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Por su parte, el presidente de Panamá Martín Torrijos aprovecho su discurso para recordar a los presentes que luego de tantos anos de criticar y quejarse de relevancia y efectividad de Naciones Unidas, ya es hora que se tome acción con las reformas necesarias para resolver conflictos.

Torrijos dijo: "Si bien pareciera haber un amplio consenso en torno a la necesidad de fortalecer la Asamblea General y hacer más representativo y transparente el Consejo de Seguridad, llevamos ya demasiado tiempo tratando de decidir cómo hacerlo".

Mientras eso no ocurra, la Asamblea General seguirá siendo para algunos miembros una excusa para venir a Nueva York a vacacionar y utilizar el foro mundial para un ajuste de cuentas verbal con sus adversarios.

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