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Desencuentro de Armando Castro

Desencuentro de Armando Castro

La aventura "americana" de un nicaragüense de reencontrarse con su familia la frustró por una patrulla fronteriza.

Odisea

FALFURRIAS, Texas ( Artículo publicado originalmente el 17 de marzo de 1989) - La aventura "americana" de Armando Castro y sus dos hijos y la ilusión de reencontrarse con su esposa Lubia, después de seis meses, se desvanecieron al llegar al último puesto de revisión de la Patrulla Fronteriza, 160 kilómetros al norte del Río Bravo.

Ayúdanos a encontrarlos

En el trayecto quedaron las desventuras, desvelos y hambres de un mes en su odisea como ilegales y más de 3 mil dólares en pago a "coyotes" y sobornos a autoridades de varios países.

Los pequeños Ciro, de 5 años, y Armando, de 3, habían almorzado su último plato de arroz con frijoles en el campo de refugiados para ilegales "Casa Romero" de Brownsville el mediodía del miércoles.

Inmediatamente después, con una pequeña bolsa de ropa en la mano, emprendieron el inconcluso viaje a Austin, Texas, donde los espera su mamá desde octubre pasado.

Castro, un tornero de 32 años que dejó en Managua su taller mecánico y al resto de su familia, había salido de la capital nicaragüense el 16 de febrero pasado, tras contratar un "coyote" por 2 mil 700 dólares para que lo llevara a Brownsville, ciudad norteamericana que hace frontera con Matamoros, Tamaulipas.

Plan y sobornos

El ilegal nicaragüense y su esposa comenzaron a planear su viaje hace dos años y desde entonces ahorraron todo el dinero posible para poder realizarlo.

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Lubia salió de Managua a principios de octubre pasado, acompañada de otros nicaragüenses, luego de obtener su pasaporte y la visa de salida mediante diversos sobornos.

De Honduras a Austin, donde ahora vive con algunos familiares lejanos, todo fue ilegal, incluyendo los cruces en la frontera de Guatemala a México y después a Estados Unidos.

Corrió con tal suerte que, pocos días después de llegar a la "Casa Romero", consiguió dinero y papeles suficientes para seguir el viaje hasta Austin sin ser detenida por las autoridades migratorias.

Armando pretendía encontrar a Lubia esta madrugada, pero ahora nadie sabe cuándo se volverá a mover.

Desde el inicio del año, la Patrulla de Fronteras norteamericana y el Serrvicio de Inmigración y Naturalización (SIN) reforzaron su vigilancia en la zona fronteriza de Brownsville, ante la creciente llegada de ilegales centroamericanos, en su mayoría nicaragüenses que alegan tener derecho a asilo político.

Hacia Austin

En las casas de refugio, tanto en la "Romero" de Brownsville como en la "Juan Diego" de Matamoros, se mantiene una población constante de 200 y 70 ilegales respectivamente, quienes sueñan con iniciar una nueva vida en Estados Unidos.

De acuerdo con los nuevos procedimientos del SIN, mediante los cuales se eliminaron diversos papeleos y se simplificaron los interrogatorios, los ilegales son procesados cada vez más rápido y generalmente deportados.

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Virginia Kice, vocero del SIN en Brownsville, dijo a la AFP que desde el 21 de febrero, cuando entraron en vigor nuevos procedimientos, sólo han sido aceptadas 37 solicitudes de permanencia de casi 500 a las que se dieron trámite.

Según los jueces de inmigración, los beneficiarios tienen derecho al asilo político o a la residencia, al comprobar persecución política en su país o tener nexos familiares directos y legales en Estados Unidos.

Con los 300 dólares que Castro había recogido en la oficina postal de Brownsville, la mañana del miércoles pagó los 99 dólares de los pasajes de él y sus hijos hasta Austin y abordó un autobús a las 15:15 horas locales junto con otros indocumentados.

Pasó sin problemas por MacAllen, Edimburg, San Miguel Linn y El Encino, donde apareció por la carretera una patrulla de la Policía Fronteriza y siguió el autobús hasta Falfurriaf.

En la parada anterior, dos ilegales habían bajado y de inmediato fueron detenidos por los agentes, quienes continuaron su vigilancia detrás del autobús 166 de la Valley Transit Company.

Fin del viaje

Pocos kilómetros adelante, el camión se detuvo en el enorme puesto de vigilancia de la Patrulla Fronteriza en Falfurrias, el último en el camino hacia el norte. De inmediato varios agentes lo rodearon y comenzaron una minuciosa inspección a los pasajeros y su equipaje.

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Armando bajó con sus dos pequeños en sus brazos y fue introducido en la oficina donde comenzó un interrogatorio en privado.

Su próximo destino seguramente será el campo de proceso de ilegales de Puerto Isabel, 40 kilómetros al este de Brownsville, donde hasta el lunes había más de 2 mil 200 ilegales detenidos.

Armando esperará ahí varios días o semanas hasta tener una audiencia con el juez de inmigración, quien entonces decidirá si procede o no a una solicitud de asilo político.

Al terminar la revisión del autobús, el supervisor de la Patrulla Fronteriza preguntó a sus subordinados: "¿qué tenemos ahí?", a lo que uno de los agentes respondió: "poca cosa: un hombre con dos niños".

Y el autobús continuó su viaje hacia Austin.

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