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Denuncian ante la CIDH los padecimientos de los empleados en las industrias de la carne

Denuncian ante la CIDH los padecimientos de los empleados en las industrias de la carne

La Corte Interamericana recibió denuncias de la explotación de los trabajadores que procesan aves y cerdo.

La industria avícola y de la carne "explota sistemáticamente" a quienes trabajan en las líneas de procesamiento, y una nueva regulación que estudia el Gobierno de EEUU podría empeorar los "grandes riesgos" para la salud y la vida de esos empleados, según denuncias presentadas ante la CIDH.

Juan y Teresa Martínez, dos extrabajadores de fábricas de despiece y empaquetado de pollos y cerdo en Nebraska, acudieron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en Washington para denunciar los daños que la velocidad de la línea de procesamiento ha causado a su salud.

"Hago una petición encarecida al Gobierno federal, en nombre de mis compañeros que siguen trabajando en esto, para que haya una regulación para la línea, puesto que eso está acabando con la salud de los trabajadores", señaló Juan Martínez, que con 41 años tuvo que dejar de trabajar debido a lesiones crónicas en sus manos y espalda.

"Uno se siente miserable, se siente una basura, cuando te desechan porque ya te explotaron al cien por cien", se lamentó Martínez, de origen mexicano, que atravesó cuatro cirugías y teme ahora no volver a encontrar nunca un trabajo tras haber perdido "toda la fuerza en las manos".

Esas lesiones se deben a "masivas líneas de despiece, que pueden procesar hasta 10,000 aves por hora", lo que obliga a sus empleados a hacer "entre 20,000 y 100,000 movimientos por turno", lo que puede provocar daños "crónicos" en su sistema musculo-esqueletal, según denunció ayer en la audiencia el Southern Poverty Law Center (SPLC).

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“Los derechos humanos de los trabajadores avícolas y de la carne en EEUU están siendo violados de manera rutinaria en las plantas donde los empleados sufren lesiones incapacitantes debido a las velocidades excesivas de trabajo permitidas por el Gobierno federal”, denunció la SPLC

"La explotación es sistemática, y la velocidad es tan imparable que muchos trabajadores se ven forzados a orinarse encima, porque se les niegan las pausas para ir al servicio", aseguró Tom Fritzsche, representante de SPLC. Su testimonio se puede ver aquí.

Esa organización está especialmente preocupada por una nueva regulación que el Departamento de Agricultura "prevé finalizar en abril de este año" y que "reformaría por completo el sistema de inspección sanitaria del procesamiento de pollos", explicó.

"Parte de esa propuesta permitiría a las compañías aumentar las velocidades de la línea (de procesamiento) a 175 aves por minuto. Nos preocupa que eso provoque que las tasas de lesión que ya son extremadamente altas sigan siendo altas e incluso puedan aumentar", indicó a la agencia de noticias Efe Fritzsche tras la audiencia.

"Este aumento en la velocidad es sólo una manera de ayudar a la industria a ganar más dinero procesando a mayor ritmo, y creemos que va a presentar grandes riesgos para los trabajadores", agregó.

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“EEUU, por negligencia, permite que estas industrias infrinjan un daño incapacitante a miles de sus empleados", sostiene la entidad. Sus conclusiones se basan en un estudio realizado en Alabama.

El Gobierno federal estuvo representado en la audiencia por cinco funcionarios de distintas agencias, pero evitó dar explicaciones sobre esa regulación debido a que "está en proceso de estudio", en palabras del representante alterno de EEUU. ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Lawrence Gambino.

"Estados Unidos no puede debatir sobre este asunto debido a la naturaleza deliberativa del proceso regulador", alegó Gambino.

No obstante, Rachel Edelstein, de la oficina del servicio de inspección alimentaria en el Departamento de Agricultura, precisó que el cambio de regulación se planteó en 2012 "para mejorar los estándares sanitarios de los productos" y prometió que eso "no pondrá en riesgo la seguridad de los trabajadores" de la línea. Los trabajadores no piensan lo mismo.

En la audiencia también habló la afroamericana Lee Duff, cuyo hijo Ron murió en 2012 al quedar atrapado en una máquina de la planta procesadora en la que trabajaba en Missisippi, donde "no había un sistema para apagar las máquinas en casos de emergencia".

"Mi hijo se vio forzado a trabajar en una planta de pollos sin la seguridad suficiente y como consecuencia murió. Murió porque alguien no lo consideraba tan importante como a un ave", denunció Duff.

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Además, testificó Gwen Clements, despedida de una planta procesadora de la marca Perdue en Kentucky supuestamente por quejarse a la compañía de sus problemas de salud, tras ser diagnosticada con "síndrome del túnel carpiano".

Esa enfermedad es una neuropatía frecuente entre trabajadores de las plantas procesadoras, entre los que además hay muchos inmigrantes que en ocasiones desconocen sus derechos, según admitió en la audiencia Andrew Levinson, representante de la Agencia federal de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA, por su sigla en inglés).

El secretario Ejecutivo de la CIDH, Emilio Álvarez Icaza, pidió más información al Estado por opinar que "parece que no es suficiente lo que se está haciendo ante las denuncias" expresadas en la audiencia.

Por su parte, el brasileño Paulo Vannuchi, uno de los siete miembros de la Comisión, garantizó que se dará seguimiento al tema y expresó su "interés inicial de hacer una posible visita a una planta" de procesamiento de aves o carne en EEUU.

Como parte de una coalición de 15 organizaciones civiles y de derechos humanos, la SPLC pidió que una reglamentación a la Administración Ocupacional de Seguridad y Salud de EEUU, así como al Departamento de Agricultura, que establezca una velocidad estándar de trabajo claro y realista que proteja a los trabajadores. “Todavía no hemos recibido una respuesta”, dijo Fritzsche ante la CIDH.

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