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Una mujer acerca a un bebé a una fuente de agua en Washington DC

Cuatro madres en el país sin baja de maternidad pagada

Cuatro madres en el país sin baja de maternidad pagada

Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo que no cuenta por ley con una baja por maternidad pagada.

Una mujer acerca a un bebé a una fuente de agua en Washington DC
Una mujer acerca a un bebé a una fuente de agua en Washington DC

Por Víctor Sancho, desde Washington DC

A las pocas semanas de empezar en un nuevo trabajo en un organismo multinacional, Erika Espinoza anunciaba a sus familiares y amigos que estaba embarazada de la que sería su primera hija. Las dudas empezaron a circular por la cabeza de esta ecuatoriana criada en Estados Unidos: ¿qué pasaría con su trabajo, sería capaz de soportar la nueva carga económica después de dar a luz?

Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo que no cuenta por ley con una baja por maternidad pagada. Tan solo lo acompañan Liberia, Surinam, Papúa Nueva Guinea y algunas islas del Índico como Tonga, Nauru y Palau.

La legislación sobre bajas maternales se remonta a 1993, cuando un recién elegido Bill Clinton firmó la Family and Medical Leave Act (FMLA), que garantiza 12 semanas de baja maternal. Ni contempla remuneración, ni incluye a todos los empleados: deben trabajar a tiempo completo en empresas con más de 50 empleados y haber estado en el puesto durante un año como mínimo.

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La dificultad que conlleva estar tres meses sin sueldo a cargo de un recién nacido, sumado a la incertidumbre de qué pasará de regreso al puesto laboral, obliga a madres como Erika a plantearse qué hacer después de dar a luz.

Solo el 12% de los trabajadores del país tienen acceso a una baja laboral pagada, según el Departamento de Trabajo. La decisión de que las madres (y padres) tengan algún tipo de remuneración para poder estar con sus recién nacidos depende en exclusiva de las empresas. En la práctica, cerca de 43 millones de personas no gozan del beneficio de tener días destinados a enfermedad sin que repercuta en el sueldo.

Sobre el papel, la ley considera el embarazo como una “discapacidad” y por tanto entra en la categoría de enfermedad. Las madres se enfrentan al difícil dilema entre proseguir con su carrera profesional completa poco tiempo después de dar a luz o dejar de lado las aspiraciones laborales y quedarse en casa, dedicadas a “ser madre”.

No solo es una decisión afectiva, también (y casi primordialmente) es una cuestión económica.

ERIKA: Doce semanas sin paga

“Al principio pensé en volver antes, a las seis semanas, para asegurar la paga y el puesto de trabajo”, recuerda Erika. El padre de su hija acababa de empezar una aventura empresarial, los ahorros no eran suficientes y ella hacía relativamente poco tiempo que había empezado en su trabajo.

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Al final, Espinoza regresó a su puesto tras las doce semanas reglamentarias sin paga. Pero no todas las mujeres que dan a luz en Estados Unidos cumplen este calendario.

Según un análisis de Abt Associates para el Departamento de Trabajo, basado en casi 3000 entrevistas realizadas en 2012, el 23% de las mujeres trabajadoras vuelve a sus labores profesionales en las dos primeras semanas después de dar a luz.

Hace unas semanas, Netflix anunció que otorgará a sus 2,500 empleados una baja maternal y paternal durante un año con paga completa y reinserción en horario flexible. Lo hace conscientemente, para “retener y captar talento”.

Otras empresas tecnológicas como Facebook (16 semanas pagadas) y Google (20 semanas) también se habían apuntado a la racionalización de las bajas maternales para sus empleadas, y grandes compañías como Bank of America o General Electric pagan las doce semanas que rige en la ley.

ELIZABETH: La baja pagada como inversión

Elizabeth Nicoletti, madre de dos hijos, aplaude decisiones como las de estas empresas: “Son inteligentes por no ver la baja maternal como un gasto perdido, sino como una inversión para conseguir una fuerza de trabajo más sana, feliz y productiva”.

Su marido, Joseph Sheehy, está en la misma línea. Como director legislativo de una representante demócrata en el Congreso, por ley sólo podría haber disfrutado de las 12 semanas reglamentarias sin paga, pero su jefa le permitió disfrutar de los primeros meses de vida de los dos hijos sin trabajar.

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“La baja paternal es importante porque me permite estar con mi hijo mientras apoyo la carrera profesional de mi mujer”, argumenta.

En los últimos años ha habido intentos de cambiar esto, y sacar a Estados Unidos de la lista de los países sin baja maternal pagada. No han dado sus frutos.

La más activa ha sido la senadora demócrata por Nueva York Kirsten Gillibrand, que en 2013 introdujo en el Congreso la propuesta de Family Act que recogía la baja por maternidad y paternidad pagada de tres meses con el 66% del salario.

Los beneficios que aportaría esta ley están muy lejos de las medidas que se llevan a cabo en los países nórdicos de Europa, pioneros en este tipo de leyes de protección social y de la familia: Suecia, el caso más generoso, otorga 70 semanas de baja maternal pagada, mientras que en Dinamarca son 52.

La propuesta de Gillibrand no se debatió en ninguna de las cámaras, y al final del periodo legislativo murió abandonada en un cajón.

“Actualmente somos el único país avanzado de la Tierra que no garantiza una baja pagada por enfermedad o maternidad a sus trabajadores. Piensen sobre esto”, dijo el presidente Barack Obama, en su último Discurso sobre el Estado de la Unión, a los congresistas norteamericanos, a los que pidió que le presentaran una ley para solucionar un problema que “fuerza a muchos padres a tomar la desgarradora decisión” entre su salario y un hijo recién nacido o enfermo en casa.

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La senadora Gillibrand recogió el guante y en marzo de 2015, recién abierta la nueva sesión en el Congreso, volvió a introducir la misma ley, reforzada por las palabras del presidente Obama. Empezó además una gira por su estado, Nueva York, para concienciar a la población, y a menudo recuerda el éxito que han tenido los estados que han aplicado medidas similares.

“Como país tenemos que evolucionar de pensar en la baja paternal como un privilegio y verla como un derecho”, sostiene Elizabeth.

Algunos estados creen lo mismo que ella, y han tomado la delantera para garantizar a sus ciudadanos ese derecho.

El primero fue California, quien en 2004 estableció un sistema público de subsidios para poder pagar las bajas maternales de los trabajadores de todo el estado, ya sean funcionarios o de empresas privadas. Aplicando un impuesto del 0.2% a todas las rentas, menos de un dólar al día de media, se consigue pagar a madres y padres hasta el 55% del sueldo (con un máximo de 526 dólares semanales) durante las primeras seis semanas después del parto.

Hasta 2014, 1.9 millones de californianos se han beneficiado de la medida, y las empresas, al principio reticentes a la medida, están más que satisfechas: en una encuesta a más de 250 empresarios, más del 90% ese muestran contentas o muy contentas con los resultados.

El buen hacer de California contagió a Nueva Jersey, que en 2009 aplicó una medida parecida (6 semanas pagando dos tercios del salario hasta un máximo de 595 dólares semanales) que ha favorecido a 160,000 personas.

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Cuatro años después, en 2013, se unió Rhode Island, y se espera que los estados, especialmente los de gobiernos más progresistas, sigan esta senda, aprovechando el fondo de casi 2,000 millones de dólares que la administración Obama quiere destinar para potenciar estas políticas.

PAMELA: 10 días pagados

Medidas como las de California o Nueva Jersey permiten a los padres poder elegir libremente y no por obligación si se quiere seguir con la carrera o dedicarse en exclusiva a los hijos. Decisión que en un momento tuvo que tomar Pamela, quien todavía no cree el sistema existente en Estados Unidos a pesar de que lo vivió hace ya seis años, tras el nacimiento de su hija.

Pamela llegó de Perú para estudiar, alentada y entusiasmada por las opciones profesionales y de carrera que prometían los Estados Unidos. Los salarios eran altos y el ritmo de trabajo fortísimo, pero sin ningún tipo de obligación personal todo compensaba.

“Pero cuando piensas en una familia, todo cambia,” explica. Trabajar 10 horas al día sin descanso, sin apenas vacaciones y con alta presión es un ritmo que no conjuga con tener hijos.

La empresa de Pamela le dio 10 días de baja maternal pagada, que unió a los tres meses sin paga que rige la ley. Sin embargo, a los dos meses, la hija ya tuvo que ir a la guardería mientras los padres volvían a su rutina de 10 horas diarias y la presión por conseguir resultados.

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La nueva vida duró tan solo dos semanas, el tiempo necesario para que Pamela presentara la carta de renuncia para poder estar al cuidado del bebé.

“Realmente no sé cómo lo hacen las mujeres profesionales, no sé cómo pueden manejar este tema con tanta presión y sin casi baja maternal,” se pregunta. La reflexión continúa: “Parece que hay una presión de la sociedad para que no se tengan hijos, que sólo cuente la productividad y se sobreentienda que la mujer es la que tiene que estar al cargo de los hijos.”

Hasta que Pamela tuvo una hija, su marido no creía en los permisos por paternidad. De hecho, en su caso, sólo dedicó al cuidado de su primogénita los días de vacaciones que le correspondía, sin reclamar ni solicitar días extra.

“No lo veía necesario,” recuerda Pamela, quien culpa a los gobiernos de fomentar una sociedad dedicada al desarrollo empresarial en el que el hombre es el sustento familiar por definición.

Y según ella, en esta cultura, el embarazo de una mujer perjudica el crecimiento de la economía, especialmente en empresas con pocos empleados.

STEPHANIE: El reto de ser madre primeriza

Stephanie, recién estrenando los 30, todavía no se preocupa por el hijo que vendrá a finales de año. Usará los tres meses sin paga, tiempo en el que el padre podrá flexibilizar su horario en la universidad para estar con el nuevo miembro de la familia. Todavía quedan algunos meses de embarazo y no se han planteado el coste económico que supondrá ser uno más, pero ya saben que tendrán que hacer algunos ajustes.

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Al principio, por lo menos, podrán ahorrarse los 350 dólares semanales que cuesta la guardería más cercana a su casa. “¡Puedes dejar los niños desde las seis semanas de nacimiento!,” exclama.

Stephanie, de origen europeo, se sorprende de la situación que viven las madres profesionales en Estados Unidos. Sólo entiende esta situación por la falta de “una masa crítica que haga presión” para que haya cambios en el sistema. 

“Quizá las minorías del país, que son las que más lo necesitan, tienen menos voz y fuerza en el país” argumenta.

Las madres que necesitan los ingresos tienen que hacer esfuerzos sobrehumanos para sobrellevar la situación, y están demasiado ocupadas como para reclamar cambios en el sistema, y lo único que pueden hacer es acumular los días de vacaciones y de baja por enfermedad para tener más tiempo en los primeros meses de sus hijos.

Según dice, si el gobierno no ha actuado, al igual que hizo con la reforma del sistema sanitario, es porque no se han hecho proyecciones económicas a futuro, porque todavía se ve como un coste económico prescindible en lugar de un derecho.

Stephanie cuenta que una amiga suya, que trabajaba en el Departamento de Comercio, decidió renunciar a su carrera profesional y abandonar el país rumbo a Europa, para poder disfrutar de los beneficios que allí se dan a las madres.

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De momento ella no se lo plantea.

Y también: Mujeres y hombres, ¿quién trabaja más horas?

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