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Comunidad coreana teme represalias

Comunidad coreana teme represalias

"Todos los coreanos nos sentimos doblemente conmocionados, desde el primer día tras enterarnos de lo ocurrido".

"Todos los coreanos nos sentimos doblemente conmocionados, el primer día tras enterarnos de lo ocurrido, el segundo cuando salió a la luz que era de nacionalidad coreana", dijo a Efe Eun Sook Won, una coreana que lleva 21 años asentada en Estados Unidos y que trabaja en una tienda de bocadillos en Washington.

Temerosos de sufrir un trato parecido al que recibieron las personas de origen árabe tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, los coreanos no quieren que la imagen de su nacionalidad quede estigmatizada por el recuerdo de un joven solitario que se convirtió en un despiadado asesino de masas.

"Cuando en los medios de comunicación comenzó a decirse que el sospechoso era asiático, rezamos 'por favor que no sea coreano'", aseguró Eun.

Los miedos de esta comunidad se acentúan en ciudades de Estados Unidos como Los Ángeles, donde viven cerca de medio millón de descendientes de coreanos.

En esa ciudad californiana la comunidad coreana mantiene vivo el recuerdo de los disturbios que en 1922 destrozaron más de 2,000 negocios coreanos y puso de manifiesto las fracturas entre los coreanos y el resto de grupos minoritarios de la ciudad.

"No se puede culpar a toda la comunidad coreana de algo que ha hecho un sólo individuo, lamentablemente podía haberlo hecho cualquiera, y lo importante en este caso no es que fuera de Corea, sino que era un enfermo mental", dijo Lee, una coreana que trabaja hace más de díez años en Washington y que no quiso dar su nombre de pila.

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Según un estudio reciente citado en el diario The New York Times, los asiáticos-americanos tienen menos posibilidades que otros grupos étnicos de necesitar tratamiento ante posibles enfermedades mentales.

Sin embargo, las personas de origen asiático pero nacidas en Estados Unidos y aquellas que emigraron siendo niños, como es el caso de Cho, presentaban tasas más altas que los que emigraron a edad adulta, de desórdenes mentales, especialmente de depresión, según el estudio.

El informe, que fue financiado por el Instituto Nacional de Salud Mental, utilizó 2,095 asiáticos de distintas procedencias.

"Se trataba de un chico enfermo, es una pena que todo esto haya pasado", añadió Lee.

"Tenemos que tratar de evitar que vuelvan a ocurrir tragedias como esta y educar a nuestros hijos a pensar bien, no se trata sólo de llevarlos a buenos centros educativos", añadió Eun, cuyo hijo se graduó en la Universidad Politécnica de Virginia.

Millones de coreanos

Cerca de dos millones de personas de origen coreano viven en Estados Unidos, donde la emigración procedente de este país asiático creció enormemente con la adopción de millones de huérfanos de la Guerra de Corea.

La comunidad coreana se muestra conmocionada y terriblemente triste. Se siente culpable, sin quererlo, por compartir nacionalidad con el autor de la tragedia más sangrienta de la historia de Estados Unidos perpetrada por una sola persona.

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"Tenemos miedo de que todos piensen que los coreanos somos mala gente, somos como todos los demás y estamos realmente tristes por lo ocurrido", explicó Eun.

Cada año miles de surcoreanos llegan a Estados Unidos para mejorar su formación y sus idiomas. Para ellos y sus familias, el éxito en territorio norteamericano es un motivo de gran orgullo.

Cerca de 93,000 surcoreanos cursan sus estudios en universidades estadounidenses, de los cuales 460 estudian en la Universidad Politécnica de Virginia.

Los jóvenes estudiantes de Corea del Sur conforman una de las comunidades más numerosas de estudiantes extranjeros en el país.

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