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Business are business

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El fútbol en EEUU no despega: por ahora la única estrategia que funcionó fue convertirlo en un deporte de mujeres.

Por Martín Caparrós

Cristiano sigue fallando en este juego de espejos y pantallas; alrededor, chicos y chicas, hombres y mujeres se ocupan más de sus cervezas, sus sonrisas. En los bares más cool de Manhattan la atención al fútbol es flotante: gente que come, bebe, se seduce, habla del tiempo o del último disco libro serie patinazo de Obama. De tanto en tanto miran alguna de las ocho teles, gritan algo, vuelven a sus actividades. En este pub del Village "sus doce variedades de cerveza tirada, banquetas altas, mesas grandes para reunir desconocidos", pocos siguen con atención cómo Cristiano no consigue ser lo que se cree. Tim, rubio joven con barba casi hipster, me explica serio por qué el fútbol no mucho:

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"No me gusta que la suerte pesa demasiado. Hace poco leí que en fútbol los mejores equipos, los que tienen más puntos que los otros, pierden con los peores mucho más a menudo que en basket o que en baseball. Alcanza con un gol mal cobrado, un tiro que rebota y entra; en cambio en los otros, como se hacen muchos puntos, la cosa termina por ser más racional, más justa.

El fútbol, pese a todo, parece penetrar en los Estados Unidos: los dibujitos de Google dedicados al Mundial, la cobertura especial del New York Times, las pantallas en todos los rincones, un equipo a punto de pasar de ronda. Es una buena noticia para el negocio del fútbol "aunque sea repetida. El fútbol lleva 40 años a punto de despegar definitivamente en USA: desde el ’75, cuando el Cosmos se compró al fantasma de Pelé, con envión en el ’94, cuando organizaron el Mundial de la efedrina.

Pero no despega: por ahora la única estrategia que funcionó fue convertirlo en un deporte de mujeres que no compitiera por los hombres con el basket, el baseball o el fútbol local. Los grandes jerarcas mundiales tienen claro que el fútbol necesita este mercado: de los cuatro países más poblados, Estados Unidos es el único que viajó a Brasil. Ni China ni India ni Indonesia: unos 3,000 millones de insensibles a la supuesta pasión mundial del mundo.

Son duros. La India resiste al fútbol con un bate de cricket en la mano: en un país de 1,300 millones de personas, seis miraron la final de Sudáfrica. La selección china está 103 en el ranking de la Fifa, entre Irak y Guinea Ecuatorial. Han comprado muchos jugadores "normalmente, ladris que van a rebañar millones con sus últimos piques" pero no producen: su Asociación tiene 7,000 federados menores de 18. Allí, el fútbol sirve para que millones apuesten miles de millones a los partidos europeos por la tele "y los escándalos lo ahogan.

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Así que, anoche, muchos se alegraron de que Cristiano siguiera fracasando y USA casi se quedara con su lugar en la segunda ronda. Es bueno para el negocio: es probable que él, más que nadie, sepa comprenderlo.

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