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Artista genera arte con deshec

Artista genera arte con deshec

Una artista y activista genera obras de arte con los objetos que han dejado inmigrantes que murieron en su intento por entrar a EU.

Madres anónimas

Miles de mujeres, hombres y niños cruzan el desierto en busca de una vida mejor en Estados Unidos pero, año tras año, muchos mueren en el intento y de manera anónima.

Desde hace un tiempo, una artista y activista en Arizona, junto a un grupo de colegas, rescata lo que estos inmigrantes han dejado en su camino fatal –abrigos, calzado, bolsas- y lo transforma en esculturas y obras de arte que ahora forman parte del mismo desierto que los vio morir. Con esta labor, dice Valarie James, la muerte recobra vida en memoria de tantos seres sin nombre.

Valarie James sabe muy bien la relación entre el arte y el sufrimiento. El uso de la expresión artística como terapia le permitió durante mucho tiempo conectar de manera profunda con gente de mil raleas, en diversas partes del globo, desde Inglaterra hasta Alaska, pasando por Puerto Rico.

Y esto le abrió la mente y el espíritu al mundo de los más débiles, aquellos que carecen de poder. En los años ochenta, James, quien tiene 53 años, participó activamente, como artista solidaria, en el Movimiento Santuario en la costa oeste de Estados Unidos, brindando asistencia a los refugiados que escapaban la represión de gobiernos militares en Centro América, solventada con dólares de EU.

No es de extrañar entonces que esta mujer descubriera hace cinco años y medio lo que a su juicio es hoy su lugar en el mundo; un pequeño rincón en el desierto de Arizona, a pocos kilómetros de la frontera con México, donde cientos de inmigrantes perecen en su intento por llegar al Norte.

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“El momento que marcó mi vida aquí en el desierto, al que considero mi casa, fue en julio de 2004, cuando una madre murió en brazos de su hijo, a pocas millas de la casa donde vivo. Ambos estaban a media milla de la ruta pavimentada cuando ella colapsó”, dijo James a Univision Online, durante una reciente entrevista telefónica.

“Su hijo –siguió- prendió una señal de fuego pero para cuando las autoridades respondieron, ella ya estaba muerta. La breve historia en el diario local no incluía un nombre para esta mujer. Por eso, la pregunta mía fue ¿cómo mantenemos viva su historia?”

James vive en una casa en las afueras de Amado, una pequeña comunidad ubicada a unas 35 millas de la frontera, a la vera de la carretera interestatal 19 que une el cruce fronterizo de Nogales con Tucson.

Su hogar –que comparte con sus tres perros- incluye un atelier (estudio), donde trabaja con algunos colegas. Allí, los desechos que James recoge a diario en sus caminatas por el desierto parecen recobrar el aliento y se convierten en diversas obras de arte, como esculturas y vasijas.

Lo hermoso de lo trágico

“Rescatamos la hermosura de lo trágico, y le damos un rostro, un nombre”, explicó la artista. Zapatos, bolsas, telas y ropa de todo tipo son algunos de los elementos básicos con los que arma las obras, verdaderos testimonios de quienes supieron portarlos.

Las telas, por ejemplo, son sumergidas en una solución encáustica hecha con resinas naturales y cera, para facilitar el sellado. Una serie de esculturas realizadas con este procedimiento, denominada “Las Madres”, se erige en el desierto, precisamente no lejos de su patio trasero, en el campo del Pima Community College, en Tucson.

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Debido al proceso de descomposición de los materiales, acelerado por el clima extremo del desierto, los rostros de estas mujeres han comenzado a “llorar” en los últimos meses. “Ver a estas madres revivir de esa manera, fue algo mágico. Ellas estaban articulando los sentimientos de nuestra comunidad”, relata la artista quien explica que si bien las obras permanecerán en el lugar, están viendo qué hacer con ellas en el futuro.

En sus habituales caminatas por el desierto, al atardecer, James –quien se gana la vida como maestra de arte- también recoge botellas de plástico, tarjetas de identificación (que lleva al Consulado Mexicano para la posible identificación de personas desaparecidas), bolsas de arpillera y “jeans”, cuyos agujeros y desgarros muestran las cicatrices del “peregrinar del inmigrante”, como les llama la artista.

Frontera militarizada

En los últimos meses, la presencia de la Patrulla Fronteriza se ha hecho más relevante en la zona donde vive. Tanto –dice James-, que el silencio del desierto se ve interrumpido regularmente por las comunicaciones entre las patrullas, que emanan de las inmensas bocinas instaladas en el retén de Inmigración, a pocos metros de su vivienda.

Explicó además que este fenómeno de “militarización” se ve agravado por la colocación de tres gigantescas torres de luces, como las que se utilizan en los grandes estadios, que iluminan todo, incluido su patio. Pese a estas medidas, y si bien se ha visto un descenso en el número de quienes intentan cruzar el desierto, “la gente sigue viniendo”, añadió. Y las muertes continúan ocurriendo.

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Senda espiritual

Según la Coalición de Derechos Humanos de Arizona, en lo que va de este año se han recuperado 76 cadáveres en el desierto, muchos de ellos, sin nombre. El calor y la deshidratación son demasiado para sobrevivir. Se estima que en los últimos diez años, fueron hallados cerca de 4 mil muertos en la frontera entre Estados Unidos y México.

El gobierno de EU, por su parte, maneja las siguientes cifras: Entre 1998 y 2004, han muerto 1,954 personas mientras intentaban ingresar a Estados Unidos. De acuerdo a sus estadísticas, durante el año fiscal que terminó en septiembre de 2004, hubo 460 muertes, número que sobrepasó el medio millar al año siguiente.

Trascendencia

El trabajo artístico y solidario de James ha trascendido Amado y sus alrededores. Maribel Alvarez es una antropóloga cubana que trabaja como investigadora en la Universidad de Arizona con sede en Tucson. ¿Su función? Documentar e interpretar el desierto de Sonora. Y lo hace, en parte, con el aporte de Valarie James.

“Lo primero que me atrajo de su labor, es que se trata de un trabajo orgánico. Vive en el lugar, lo respira, es parte de la cotidianeidad”, resaltó, consultada por Univision Online.

“Valarie comenzó con esa proximidad antropológica, casi arqueológica, y recoge los elementos, los clasifica, los organiza y nos ha podido mostrar las dimensiones de la fe de los inmigrantes –las estampitas de vírgenes- y de lo popular, como los bordados y los manteles”.

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Pese a los halagos y el reconocimiento, James no se ve a sí misma como una heroína, o nada parecido. Al contrario, lo suyo es bien sencillo.

“Camino en una senda espiritual, siento el pulso de la tierra, de la vida y la muerte, tan de cerca. Todo es básico, elemental. Y en medio del dolor, de la tragedia, hallo la belleza en estos inmigrantes que murieron, estas mujeres, que sin tener voz, anónimas, me hablan, nos hablan. Y es allí donde edifico mi alma, en lo simple, y aprendo de esta gente que si bien no tenía nada, todo lo perdió”.

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