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El Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.

No habrá Estado palestino si Netanyahu es reelegido

No habrá Estado palestino si Netanyahu es reelegido

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, prometió que si es reelegido no permitirá la creación de un Estado palestino.

El Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.
El Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, prometió que si es reelegido no permitirá la creación de un Estado palestino como parte de una frenética campaña previa a la votación de este martes.

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Con el objetivo de conseguir el voto de los partidarios de una línea dura contra los palestinos antes de la votación, Netanyahu hizo la declaración en una entrevista publicada el lunes en el cibersitio del periódico Maariv.

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Las encuestas más recientes muestran que Netanyahu, candidato del partido Likud, está en desventaja en intención de voto respecto al centrista Isaac Herzog, de la Unión Sionista, aunque el primer ministro parece tomar impulso. Herzog se muestra optimista y asegura que habrá una "revuelta".

Netanyahu dijo al periódico Maariv que el retiro de su país de los territorios ocupados para crear espacio al Estado palestino permitiría que extremistas islámicos se apoderaran de éstos para atacar a Israel.

"Creo que cualquiera que dé pasos para establecer un estado palestino y evacuar territorios (en alusión a los asentamientos judíos en Cisjordania) abona el terreno a los ataques de los islamistas radicales contra Israel", dijo Netanyahu.

Cuando se le preguntó si eso significaba que en caso de reelegirlo no se crearía un Estado palestino, respondió: "así es".

Los momentos claves del discurso de Netanyahu Univision

Israel se retiró de los territorios ocupados en la Franja de Gaza en 2005. El grupo miliciano Hamás tomó el poder dos años más tarde y aumentó sus ataques contra Israel.

La elección convocada por Netanyahu dos años antes de lo programado es vista como un referendo en torno a su desempeño como gobernante. Aunque puede quedar en primer lugar y llamar a un gobierno de coalición el menguante apoyo hacia él ha sacudido al Likud, que empezó la campaña con pronósticos pesimistas en torno a su permanencia en el gobierno.

El tiempo se agota para Netanyahu

En los últimos días la formación ha llevado a cabo una intensa campaña para movilizar a los votantes, con Netanyahu lanzando advertencias contra un gobierno de izquierdas en entrevistas en los medios y ante decenas de miles de partidarios de línea dura en un mitin en Tel Aviv el domingo por la noche.

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En su último día de campaña el primer ministro visitó Har Homa, un desarrollo judío en el este de Jerusalén que los palestinos y la comunidad internacional consideran un asentamiento ilegal. Los palestinos sostienen que Jerusalén, conquistada por Israel en 1967 durante la Guerra de los Seis días, es su capital.

Los momentos claves del discurso de Netanyahu Univision

"Preservaremos la unidad de Jerusalén en todas sus partes. Seguiremos construyendo y fortificando Jerusalén para que su división no sea posible y se mantenga unida para siempre", dijo. "El triunfo del Likud es lo único que puede asegurar la preservación de un liderazgo nacional y evitará la llegada de un gobierno de izquierda".

Su rival centrista, Isaac Herzog, busca reparar lazos con los palestinos y la comunidad internacional y promete aliviar la situación de la tambaleante clase media del país.

No se espera que ninguna de las partes alcance más de un cuarto de los votos, por lo que después de los comicios se abriría un largo proceso de negociaciones para formar el próximo gobierno de coalición.

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La llave de gobierno podría tenerla el nuevo partido de centro de Moshe Kahlon, que se presenta con un programa fundamentalmente económico y que deja de lado los retos diplomáticos de Israel.

Kahlon exigiría convertirse en ministro de Finanzas en el próximo gobierno y podría inclinar la balanza tanto en favor de Netanyahu como de Herzog. Hijo de inmigrantes libios, Kahlon es popular entre la clase obrera israelí gracias a su conocimiento de Oriente Medio, su educación modesta y su reforma del mercado local de telefonía celular.

Electorado, confundido

En tanto, además de Netanyahu, los políticos israelíes apuraron las últimas horas de la jornada sin reflexión previa a los comicios generales, mientras muchos ciudadanos siguen sin decidir cuál será el partido que se gane su confianza.

Su objetivo, cerrar filas ante sus correspondientes formaciones y convencer al elector indeciso que podría darles la llave del gobierno y que, según algunos sondeos, alcanza el 20% de los votantes.

La amalgama electoral, que supera la treintena de partidos que recorren el espectro desde la izquierda más extrema hasta la derecha más nacionalista, parece disgustar a algunos votantes, que no le encuentran sentido a tanta diversidad.

Así lo apuntaba a Efe Galila Levy, de 63 años y residente de Jerusalén, quien aseguraba tener "problemas para decidir" por este motivo. Sin embargo, votará al partido Shas: "Porque van con la derecha y eso me gusta. Esperemos que hagan cosas buenas a quien se las merecen", explicaba en las calles del centro de Jerusalén junto a un antiguo diputado del Parlamento israelí, Charlie Bitton.

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Por su parte el rabino del distrito centro de Jerusalén, Elsiha Levy, sostenía que en estos momentos habría que buscar la "unidad en el pueblo de Israel".

"Todos los partidos religiosos deberían haber ido juntos, todos deberíamos votar por un mismo partido y que no hubiera división. Hay demasiados partidos y por eso surge la ruptura y las peleas", conviene sin desvelar a qué candidato marcará en su papeleta.

También duda Liran Zoaguri, de 22 años y resuelto a apostar por la izquierda sin saber aún bajo qué forma.

"En las próximas elecciones votaré a un partido de izquierda porque aquí tiene que haber un cambio, aunque no sé a cuál exactamente. Será el laborismo o el centro de Yair Lapid. Creo que Bibi (Netanyahu) ha hipnotizado al pueblo", sostiene.

Mientras tanto los últimos sondeos dan la victoria al Campo Sionista, que obtendría 24 diputados, frente a los 20 o 21 que recibiría el Likud, un margen que, debido precisamente a la atomización del voto en Israel, podría dificultar la creación de un gobierno de centro-izquierda.

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