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La mexicana Lía Cámara en su casa de Mérida, México, donde solía recibir las visitas de Fidel Castro.

La novia yucateca de Fidel Castro

La novia yucateca de Fidel Castro

Antes de la revolución cubana y durante su paso por México, el joven Castro entabló una relación con la maestra Lía Cámara, a quien nunca le reveló su verdadero nombre.

La novia mexicana de Fidel Castro Univision

Con la muerte del líder cubano Fidel Castro, mucho se ha hablado esta semana de su vida, su dictadura, los horrores que vivieron aquellos que desafiaron sus ideas, de familias separadas y del futuro en una Cuba sin Fidel. Sin embargo, poco se ha hablado de una historia de amor entre un joven idealista y una maestra mexicana.

En abril de este año viajé a Mérida, en la península de Yucatán, México, para conocer a una mujer a quien los historiadores han llamado “la novia yucateca de Fidel Castro”. Su nombre es Lía Cámara, dirige una escuela de música y aún vive en esa misma casa que con frecuencia visitaba Fidel Castro, hace más de 60 años.

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“Conocí a Fidel como Alejandro González en Valladolid. Yo regresaba de dar clases en Tizimin, un pueblo cercano y viajé con él en el autobús”, recuerda Lía. Ella volvía a su casa en Mérida, al concluir la semana laboral y en una parada del bus él se montó, se le acercó y le pidió permiso para sentarse a su lado. Fue ahí donde comenzaron a hablar…una conversación que duró varias horas. “Me parecía muy humano, un gran humanista. Él lo que quería era regresar para poder ayudar a la gente que carecía de muchas cosas. Cuando uno es joven es idealista, me pareció magnífica su idea”.

Cuenta que hubo una atracción física desde el primer momento y que la amistad floreció. Al llegar a Mérida, él le pidió su número de teléfono y dirección. A partir de entonces, salieron a cenar juntos y vieron una obra de teatro; por supuesto, con su madre de chaperona.

Lía Cámara cuenta a Teresa Rodríguez que, cuando conoció a Castro, él se...
Lía Cámara cuenta a Teresa Rodríguez que, cuando conoció a Castro, él se presentó con el nombre de Alejandro y no de Fidel.

“Nunca nos besamos; cosa rara de un cubano, ¿verdad?”, nos cuenta Lia con una sonrisa y añade que él siempre se portó como un caballero. Sin embargo, le gustaba visitar su casa y hablar de política con su papá. “Aquí platicaba él con mi papá, cuando venía por las tardes a tomar su chocolatico o su café. Y nosotros acá, platicando con él, o más bien él platicando con nosotros”, dice Lía. Algo que obviamente no cambió a lo largo de los años, ya que a Fidel Castro siempre le gustó dominar la conversación, recuerda ella.

Según Lia, sus parientes llegaron a adorar al joven culto e inteligente, quien se convirtió en parte de la familia. Pero con la cercanía, también se revelaron verdades que la impactaron, nos confesó Lía. “ La primera decepción: que no bailaba. Y también nos platicó que era divorciado y que tenía un hijo”. Ella dice que, en esa época, que una mujer soltera se relacionara con un hombre divorciado era mal visto, sin embargo, continuó saliendo con Castro. Hasta que un día, sucedió algo que la inquietó.

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“Nos invitó a ir a Progreso, a todo lo que era la costa de Yucatán y estando en el carro nos dimos cuenta de que tenía como un estuche y mi mamá al abrirlo vio que era un arma”. Lo que no sabía la familia es que por esos días, Fidel Castro era perseguido por espías del gobierno del dictador Fulgencio Batista y la cercanía con los yucatecos le servía para cubrirse y enmascarar sus visitas a lugares estratégicos, mientras planeaba la invasión a Cuba por mar.

“A través del tiempo me doy cuenta de que no sé si nos utilizó o si realmente nos apreciaba”, nos dijo Lía quien recuerda como fue ese último día que él se despidió de ella y su familia en Mérida. “Nos abrazó, nos besó a todos, muy cariñoso con toda la familia y dijo que pronto sabríamos de él”.

Para la sorpresa de todos, poco después, supieron que Alejandro González no era quien aparentaba ser. “De pronto en el periódico sale que habían apresado a Fidel Castro en México y sale la foto de él ”. Lía no lo podía creer. “Mi mamá dijo: ‘Mira cómo nos expusimos al andar con esta persona’ y mi papá dijo: ‘Ese hombre es un idealista que quiere salvar a su patria’. Fue un susto tremendo”.

Pero ya Lía se había enamorado del hombre que según ella era egoísta y solo tenía una pasión: sus ideales. “Yo creo que el amor que no se realiza, que sólo es un ideal queda latente, tan latente que nunca lo vas a olvidar hasta el último día de tu vida”.

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Por eso cuando en el año 60 recibe una invitación para un congreso de maestros en Cuba, ella empacó maletas, esperanzada de volver a verlo. Al llegar a Cuba, Lía fue recibida como dignataria y al terminar el congreso se quedó dos meses más, según ella, para trabajar en proyectos sociales. '“Entregándoles casas a los campesinos y después hacer censos para abrir escuelas”, nos dijo. Prueba de ello es una escuela en Santa Isabel de las Lajas que lleva su nombre.

A pesar de dicho homenaje y la comitiva militar que la acompañó durante su visita a la isla comunista, ella asegura que su historia de amor con Fidel Castro no prosperó. “Se corría el rumor de que había sufrido un atentado y estaba enfermo y por lo tanto no lo vi durante el tiempo que estuve ahí”, explica Lía.

Ella regresó a Mérida, se enamoró y se casó con otro cubano con quien tuvo hijos y hoy tiene nietos. Añade que fue durante esa época que el velo cayó de sus ojos. “Mi suegra sale de Cuba huyendo de todo, la familia empieza a salir y a decir horrores de lo que sucedía en ese país”.

Cinco décadas después se pregunta por qué el joven idealista que conoció no cumplió con sus promesas sociales. “No sé qué fue lo que pasó, pero no fue un pueblo que vivió mejor, no fue un pueblo que prosperó….una decepción tremenda de ver el sufrimiento de tanto cubano”. Le pregunté que si tenía interés en volver a ver a Fidel Castro y curiosamente me contestó: “No me interesa en lo absoluto. Del Fidel que yo conocí, el joven Alejandro, no queda ya nada”.

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En noviembre pasado cuando Raúl Castro estuvo en visita oficial en Mérida, Lía Cámara recibió una invitación para reunirse con él. Según fuentes no oficiales, Raúl Castro era portador de una carta de su hermano para la maestra mexicana. Ella declinó presentarse.

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