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El proyecto de mudanza de un museo tan pequeño como famoso de los suburbios de Filadelfia, la Fundación Barnes, crea polémica porque algunos especialistas afirman que peligra el alma del lugar.

Mudanza de los tesoros de la Fundación Barnes crea polémica en Filadelfia

Mudanza de los tesoros de la Fundación Barnes crea polémica en Filadelfia

El proyecto de mudanza de un museo tan pequeño como famoso de los suburbios de Filadelfia, la Fundación Barnes, crea polémica porque algunos especialistas afirman que peligra el alma del lugar.

El proyecto de mudanza de un museo tan pequeño como famoso de los suburb...
El proyecto de mudanza de un museo tan pequeño como famoso de los suburbios de Filadelfia, la Fundación Barnes, crea polémica porque algunos especialistas afirman que peligra el alma del lugar.

FILADELFIA, Pensilvania - El proyecto de mudanza de un museo tan pequeño como famoso de los suburbios de Filadelfia, la Fundación Barnes, crea polémica porque algunos especialistas afirman que peligra el alma del lugar.

El edificio alberga una de las colecciones más bellas del mundo del arte impresionista, post-impresionista y moderno. En total unas mil obras, entre las que figuran una cantidad récord de Renoir -181- y 69 de Cézanne.

Cada una de esas obras maestras ha sido colgada con amor y cuidado por el fundador del museo, Albert Barnes. Este industrial farmacéutico vendió su empresa justo antes de la crisis de 1929, compró la extraordinaria colección cuando los precios estaban por el piso y murió en 1951 sin dejar herederos.

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En su testamento, Albert Barnes -que no tenía buenas relaciones con la élite financiera y política de Filadelfia- pidió que el lugar sea consagrado a la educación de los artistas y no se convierta en lugar abierto al público.

Las galerías son obra de un arquitecto francés, Paul Phillippe Cret. "Este legado es el regalo de un coleccionista visionario", dijo Evelyn Yaari, miembro de la asociación de los amigos de la fundación Barnes. "Al transportar todos estos tesoros al centro de la ciudad, se estará desvirtuando todo", opina.

El proyecto consiste en instalar los cuadros en un nuevo espacio en construcción, cerca del Museo de Bellas Artes y del Museo Rodin, para crear un polo cultural susceptible de atraer a cientos de miles de turistas.

El caso se convirtió en batalla legal, que continúa desde hace una decena de años y fue relatada en un libro ya publicado, en un documental y en los principales diarios del país.

Recientemente, el juez encargado del caso, Stanley Ott, que había autorizado la mudanza hace siete años, no excluyó la reapertura de una investigación.

Los actuales responsables del museo afirman que la mudanza es necesaria a causa de la catastrófica situación financiera de la fundación. Subrayan la importancia turística de una colección estimada en unos 25 mil millones de dólares, que en su emplazamiento actual sólo puede recibir a unos 450 visitantes diarios, siempre y cuando hayan realizado una reserva previa.

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Henri Matisse, cuyo gran mural "La Danza (II)" forma parte de la colección, había calificado al museo como "un lugar sensato para ver arte en Estados Unidos".

El lugar es asombroso y único. Los cuadros están colgados a unos pocos centímetros unos de otros, sin placa explicativa, todo de forma simétrica. No hay orden cronológico ni geográfico, los grandes maestros europeos se codean con artistas chinos cuyo nombre ni siquiera está indicado.

Pequeños objetos -cucharas, serraduras, bisagras metálicas- cuelgan por todas partes y estaban destinadas a servir de referencia a los estudiantes.

"Uno no puede imaginar esta colección como un lugar donde se puede tomar un café y pasar a la tienda de recuerdos", dijo Lance Esplund, crítico de arte del Wall Street Journal que estudió en la fundación en los años 80.

En realidad no se trata de la primera batalla de la institución. Un primer juicio sobre su fiscalidad lo obligó a abrir sus puertas al público poco después de la muerte de Barnes.

También hubo querellas con los vecinos, que en los años 90 se quejaban de la llegada de hordas de turistas en autobuses a la tranquila localidad de Merion, en los suburbios de Filadelfia.

Los responsables del museo prometen que los nuevos cuadros serán colgados exactamente de la misma forma en el nuevo lugar, a 8 kilómetros de distancia.

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"Es difícil ser racional cuando se habla de este lugar", dijo Andrew Stewart, portavoz de la Fundación Barnes.

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