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Javier y David, los maravillosos gemelos de Cao y Ela

Mis pequeños maestros

Mis pequeños maestros

Dijeron que el oso polar no toma agua, porque arriba el agua es salada, que toman el líquido necesario de la sangre de sus presas

Javier y David, los maravillosos gemelos de Cao y Ela
Javier y David, los maravillosos gemelos de Cao y Ela

También me enseñaron que en el polo norte no hay

pingüinos y en el sur no hay osos polares. Tampoco sabía. ¡Y que los

osos polares son los carnívoros terrestres más grandes del planeta! Yo

juraba que era el león, o el tigre. Pero no, es cierto que el oso es

más grande. Y además, me explicaron que el oso polar no toma agua,

porque allá arriba el agua es salada, que se trata mayoritariamente de

mar congelado, y que por eso se ven obligados a obtener el líquido

necesario de la sangre de sus presas. Incrédulo busqué en Wikipedia y

la enciclopedia virtual les dio la razón.

Mis hijos dicen esas cosas sin altanerías, como lo más normal del

mundo. Pero yo, que me creía un hombre medianamente culto, descubro que

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soy un ignorante. No sabía, por ejemplo, que los elefantes de África

tienen las orejas grandes y los de Asia chiquitas. Fuimos al zoológico

y ellos señalaban "¡Mira, un elefante africano! ¡Mira, ese otro es

asiático!" y yo, sobradamente burlón, les pregunté ¿Y ustedes cómo

saben eso, les pidieron el pasaporte? Y ellos, con infinita paciencia

me explicaron la diferencia.

Esta semana de vacaciones he aprendido más. Por ejemplo, que muchas de

las aves de la época de los dinosaurios eran en realidad reptiles

voladores y que el pato Donald vive en un barco. Nunca me había

percatado. Que la ballena azul es el animal mayor de la tierra y que

Mickey Mouse tiene una vara de pescar como la mía en su casa de Disney

World. Estuvimos allí y lo comprobé con mis incrédulos ojos.

Hoy por la mañana uno de mis hijos me preguntó cuantos pies yo tenía y

le contesté que dos, como era obvio. Pero para ellos no hay nada obvio,

me aclaró que él quería saber cuántos pies yo tenía de altura, entonces

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le respondí orgulloso que seis. Me miró de arriba abajo y me dijo:

"tienes el mismo tamaño que los pingüinos del cretáceo".

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