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Henry Cejudo

Mexicano, por el oro olimpico

Mexicano, por el oro olimpico

El luchador de ascendencia mexicana, Henry Cejudo, clasificó como miembro de la delegación de Estados Unidos a los Juegos Olímpicos de 2008.

Henry Cejudo
Henry Cejudo

El sueño apenas comienza

FAIR LAWN, Nueva Jersey - Un sueño constante, una disciplina inquebrantable y una meta que crece cada vez más, han llevado al luchador Henry Cejudo a clasificarse como miembro de la delegación de Estados Unidos que irá a los Juegos Olímpicos a China. El joven de 21 años será el único miembro en el equipo de Lucha de ascendencia hispana.

Cejudo, quien nació en Los Ángeles y es hijo de una mexicana que entró como indocumentada a Estados Unidos, no es un extraño al éxito: Ya fue medallista de plata en el mundial juvenil de lucha en 2006, y desde entonces forma parte del equipo olímpico de Estados Unidos.

"Desde niño a Henry le gustaron las peleas y las artes marciales. Con su hermano Ángel jugaba mucho a ser 'el campeón' y luego ambos empezaron en la lucha", su madre Nelly Rico, quien ha sido la cabeza  de su familia y ha dado todo por sus hijos.

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Cejudo nunca contó con el apoyo de su padre, quien pasó un tiempo en prisión, y la familia nunca supo cuándo salió libre. Sólo hasta hace unos meses conocieron que éste había muerto.

El luchador afirma que todo lo que es se lo debe a su mamá, quien para sacar la familia adelante, asegura que, trabajaba 19 horas al día en una carpintería.

Mientras Rico trabajaba lijando y puliendo muebles para mantener a sus hijos, el joven Cejudo soñaba con la victoria.

"Cuando empezó le dije: 'Mire ese niño como llora, si tú quieres este deporte no puedes llorar como él porque esto es para hombres' ", recordó la madre quien ya reside legalmente en el país y ha visto crecer a un hijo muy determinado con lo que quiere.

Ilusión olímpica

El 2008 empezó con la ilusión olímpica y su objetivo era estar en las máximas  condiciones físicas para participar en las justas deportivas más importantes del planeta.

Por eso, en cada sesión de entrenamiento de seis horas al día, Cejudo no tenía otro pensamiento que no fuera el poder participar en las Olimpiadas en China. Su pase definitivo lo logró el pasado 14 de junio en Las Vegas al vencer al medallista de plata en los olímpicos de Grecia, Steven Abas.

El triunfo, que celebró junto a sus seis hermanos y su madre. "Fue una emoción grande. La verdad es que no podía verlo, me pone muy nerviosa cuando está compitiendo, pero que bendición todos los logros que ha tenido", afirmó Rico, en entrevista telefónica desde Colorado Springs.

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Cejudo es el luchador más liviano del equipo estadounidense, con 121 libras (55 kilos) de peso oficial y 5 pies, dos pulgadas (1.60 metros) de estatura y sabe que su rapidez y potencia serán sus armas para traer la esperada presea a casa.

El único hispano

En las máximas justas deportivas del planeta, Cejudo será el único de ascendencia hispana en el equipo de lucha en el estilo de lucha libre de la delegación estadounidense.

Junto a él, estarán cinco competidores más en masculino y cuatro en femenino. En el estilo de lucha grecorromana el equipo está conformado por seis hombres.

Entre sus compañeros ya tiene un sobrenombre, "Chaparro", el cual intentan pronunciar en inglés. Otras veces le dicen "El bebé" por su edad y peso.

Pero para el "Chaparro", "El bebé", o "Henry", el sueño apenas comienza: "Quiero ser campeón mundial, el número uno en el mundo, quiero salir a agarrar el oro en los Olímpicos", un deseo que asegura "no lo deja dormir" y que consume su mente mientras se prepara para la competencia en China.

Su largo camino hacia China

No es la primera vez que Cejudo está concentrado como equipo nacional. Hace varios años, la Federación de Lucha lo invitó a ser parte del equipo nacional y desde entonces su residencia es el Centro Olímpico de Estados Unidos, en Colorado Springs.

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"Eso me ha abierto muchas puertas. Los patrocinadores y las compañías quieren que estés con ellos, les gusta tener tu imagen allí. Hay posibilidades de negocio", afirmó el joven luchador.

Sin embargo, a la hora de estar en el colchón no piensa en nada. "No tienes tiempo, sólo te metes a luchar", añadió.

Y con esa concepción de ser el mejor llegará a China donde sabe que el ruso, el cubano, el iraní son "los meros meros a vencer".

"Me gustaría que la final fuera contra el ruso, porque fue campeón mundial el año pasado y así poder demostrar que Estados Unidos sí puede", enfatizó al destacar que "el ruso" es B. Kudukhov, a quien ha enfrentando en cinco oportunidades y sólo ha podido vencerle en una ocasión.

Para eso trabaja con su entrenador. En este tiempo, ha dedicado a perfeccionar su técnica y a practicar más los ganchos.

Cejudo, quien empezó a luchar desde los 12 años de edad, sabe que para llegar a la final deberá ganar cuatro combates de seis minutos y tener energía para colgarse el oro en un quinto encuentro.

Al igual que lo hicieron en Las Vegas, sus hermanos Bárbara, Norberto, Gloria, Jorge, Ángel y Cristina esperan estar con él China.

"Yo también quiero ir, pero me falta arreglar algo de la visa, espero tener el tiempo", afirmó Rico emocionada por su hijo y con una voz de ánimo para él: "gánales mijo".

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"A ella me gustaría verla allá", expresó el joven.

Un patrocinio para la familia

Para costear los gastos de los familiares, la Federación de Lucha de Estados Unidos organizó el programa  "Fuel the Dream" , con el cual recaudan fondos para ayudar a que los deportistas estén con sus seres queridos en China.

Como parte del programa los luchadores pasaron hace poco por Nueva York para presentarse ante los medios y promover el programa Fuel the Dream antes de volver al Centro Olímpico para terminar su preparación.

Allí Cejudo tendrá su última batalla: bajar a las 121 libras (55 kilos) para no quedar eliminado en la báscula. "Te secas tanto que ni lágrimas te salen", dijo bromeando con ese buen humor que lo caracteriza.

Mientras el joven concedía entrevistas en Nueva York, a la memoria de Rico volvía una anécdota de cuando los cartílagos de los oídos de su hijo empezaron a deformarse a causa de los derrames por golpes recibidos en el entrenamiento, conocidos en la jerga de los luchadores como coliflores por su similitud al vegetal.

Ella pensó que su hijo se podía quedar sordo, pero sus temores fueron despejados por los médicos y por su combatiente: "Los que tenemos los oídos así somos los buenos".

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